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La Práctica
por
Pep Bussoms


El final de diez semanas interminables comienza justo al picar la tecla [ENTER] de mi PC. El LED verde de la unidad 'A:' se enciende por quintillonésima vez LED y los cabezales vacilan adelante y atrás, registrando sobre el disquette los últimos retoques de mi práctica de TP/EI.

¡Por fin! Anoche aún dudaba de llegar a tiempo para la entrega. Pero no tenía otra opción: "O la entregas, o no te examinas chaval", hoy terminaba el último plazo. Una vez más, otra noche en vela frente al CRT picando como loco sobre el sufrido teclado. Pero es igual, a estas alturas uno ya se ha acostumbrado a pasar horas y más horas dedicado a la caza del 'bug' y a echar mano del socorrido parche de última hora para salvar la cara.

¡Ya está! Los cabezales dejan de bailar, el LED se apaga y la unidad se detiene dejando la habitación en silencio. Con los párpados caídos hasta las rodillas por el sueño, le retuerzo la nariz a la unidad de disco y le saco de la boca un disquette de 5.25" de color (que hortera) naranja-fosforito. Embobado, dormido, lo observo durante un rato quedándome en 'stand by' hasta que por fin reacciono y acierto a meterlo en su funda.

¡Bueeeno!... ¡Se acabó!... Con un poco de suerte aun podré echar una cabezadita. Miro el reloj, pero como siempre, solo hay tiempo para un rápido lavado de gato y otra taza de café antes de salir a toda pastilla para el curro. ¡Pues no señor! ¡No hay café! ¡Agua y ajo!. ¿No te fastidia? Tendré que tomarlo otra vez en el bar de los sudacas donde además de caro, sabe a pies!. ¡Eghs!.

Agarro mis trastos, cojo la puerta y... ¿He hecho la última copia de seguridad? ¡Oh no!... ¡Maldita sea! ¡Ya no hay tiempo!... ¡Es igual, por una vez no va a pasar nada!. Salgo al rellano y meto la llave en la cerradura dispuesto a marchar de una vez... ¡Mentira! ¿A quién pretendo engañar? Siempre que digo "no va a pasar nada" pasa algo; y además por Ley de Murphy seguro que hoy toca.

Una inspiración profunda y un par de toneladas de resignación para entrar en casa y encender de nuevo el ordenador. Una vez más le toco las narices a la unidad y le meto el disquette en la boca. La cierro, y pico: [DISKCOPY A: B:] [ENTER]. "Cuando tenga pasta me compraré un disco duro", pienso, mientras la unidad se pone a girar. Esto es como el cuento de Michael Ende: Cuando crees que estás, nunca estás. Siempre hay que hacer algo más. "The Neverending Story". ¡Venga capulla, acaba ya!...

De pronto, la unidad empieza a vibrar y a agitarse como loca: "KRRRRRRRRR". Los cabezales saltan con violencia de extremo a extremo, haciendo un ruido más que preocupante: "CRAC, CRAC, CRAC..., CRAC, CRAC, CRAC..., CRAC, CRAC, CRAC...". Sudores fríos descienden por mis sienes y la sangre deja de llegarme al corazón. Lívido, comienzo a temer lo peor. Espero espantado a que la unidad se detenga de un momento a otro dejando ir un mensaje de error, pero el infernal concierto de ruidos no termina, y yo, no me atrevo a dar un paso en falso.

El habitual suave deslizarse del disco en su funda, "ZZZZZZZZZZ" se ha convertido en un horroroso "GJJJJJJJJJJJ" que me pone la piel de gallina. Todos los pensamientos cruzan a la vez por mi cabeza y trato de evaluar sobre la marcha los posibles daños causados por mis acciones y omisiones, queriendo hacerlo todo y sin llegar a hacer nada; al tiempo que maldigo en paralelo el instante en que no eché la llave a la puerta y salí para el trabajo. ¿Qué es lo menos malo en estos casos?: ¿Abrir la unidad sin más, o reinicializar la máquina?. ¿Esperar y no hacer nada, o encomendarse a San Canuto, patrón de porretas e ignorantes?.

Dominado por el pánico ante la amenaza de ver otra vez tropecientuplicados los créditos de una asignatura, acerco mi mano hacia la unidad con intención de sacar el disquette en un movimiento veloz y decidido; pero una visión alucinante me paraliza. ¡Socorro! ¡Sé que no me van a creer cuando lo cuente en el departamento!. ¡Será mejor que diga que no pude terminarla a tiempo, porque la verdad no me la van a creer!:

Mis ojos se detienen incrédulos sobre la unidad de disco, que me observa con mirada maliciosa y me sonríe con cara de satisfecha picardía, mientras mastica a dos carrillos el disquette con mi práctica de TP dentro.

"¡CRUNCH, CRUNCH, CRUNCH, CRUNCH, CRUNCH!". Marcando con glotonería los segundos que pasan interminables frente a mi estupor; hasta que con un seco "¡PTUFF!" escupe el amasijo retorcido de lo que poco antes fuera la cubierta del disquette, que rueda dando saltitos por la mesa hasta caer inmóvil sobre mi regazo.

Silencio..., y por fin un "GLUBS", seguido de un sonoro "¡BROT!" que anuncia el inicio de una digestión difícil.