Queridos Pablo y Susana:
¡Hola! ¿Qué tal? Esperamos que estéis bien.
Nosotros seguimos aquí, mecidos por la suave corriente oceánica de camino a América. Imaginaos qué alegría al enterarnos de que ya había nacido vuestro pequeño. Ha sido una noticia completamente inesperada.
Y digo "inesperada" porque se suponía que no íbamos a saber nada más de vosotros hasta llegar a Nueva York; pero... ¡no adivinaréis lo que ocurrió!: ¿Os acordáis de la Sra. Thorndyke, nuestra casera en Bedford, cuando éramos estudiantes?. Sí, seguro que sí (aquella chismosa infatigable que era tan entusiasta de la bisutería barata). Pues bien, resulta que estábamos paseando por la cubierta de popa cuando de improviso nos tropezamos con ella. ¡Está exactamente igual!. Fue ella la que nos puso al corriente sobre lo de vuestro bebé, después de someternos a su interminable informe de cotilleos habitual, por supuesto. (Me pregunto cómo lo hace para enterarse de todo).
¡Por cierto! ¿Qué ha sido? ¿Niño o niña?. Al final no pudimos averiguarlo porque tuvo que interrumpir su monólogo al llegar a este punto. Algo le había ocurrido al casco del barco y se nos pidió a todos los pasajeros que nos agrupásemos en distintas cubiertas según el número de nuestros camarotes; así que tuvimos que marcharnos. Nos la volvimos a encontrar un poco más tarde, pero parecía estar demasiado ocupada boqueando y chapoteando alrededor como para molestarse en parar un momento y hacernos el menor caso. (Tendremos que esperar y averiguarlo de vuestros propios labios un día de estos).
De verdad que lo siento, pero tengo que comunicaros una mala noticia: Probablemente habréis oído o habréis leído algo en los periódicos acerca del terrible naufragio de un transatlántico en estas últimas semanas. Lamento tener que informaros de que con toda certeza la Sra. Thorndyke no fue uno de los supervivientes. Como nadadora nunca fue muy sobresaliente, y toda la chatarra que acostumbraba a llevar encima no le ayudó a mantenerse a flote.
Esto nos lleva al motivo de esta carta, el cual es a la vez, felicitaros por vuestro pequeño recién nacido, y pediros disculpas porque tal como van las cosas me temo que no podremos asistir al bautizo. Estoy seguro de que sabréis entender nuestra situación y nos excusaréis.
Por cierto, si por casualidad tenéis un barco de rescate, o algo parecido, a mano ¿seríais tan amables de enviárnoslo, por favor?. ¡Os lo agradeceríamos tanto!. No sabéis lo aburrido que puede llegar a ser esto después de tres semanas en un bote salvavidas.
De todos modos nuestra situación no parece ser crítica por el momento. Tenemos algunas raciones de comida de emergencia y suficientes litros de agua para arreglarnos; así que no hay ninguna urgencia. Sin embargo, se nos están agotando muy rápidamente las reservas de té.
Bien, ahora tenemos que despedirnos. Por favor, no os olvidéis de enviarnos un par de líneas tan pronto como recibáis esta botella para confirmarnos que os ha llegado.
Con mucho cariño:
Ernesto y Mónica
P.D. ¿Os importaría pagar vosotros los sellos que faltan?.
|