| VIDEOTEXTO por Pep Bussoms |
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Como siempre, aquella tarde habíamos quedado en encontrarnos en el Punto de Información, el PI, junto a los comedores del Campus Norte. Como siempre, yo llegaba tarde. Como siempre, ellos también llegaban tarde. Lamentablemente, como yo era el más puntual de los impuntuales, tocaba fastidiarse y quedarse otra vez haciendo guardia delante del pino, esperando que mis compañeros aparecieran de un momento a otro, y deseando que no tardasen demasiado tiempo en hacerlo. Como siempre. La silueta de la jeringa de Foster, dominaba el poco paisaje visible desde el sótano del aulario 'A4'. Como si fuera un dios de hierro y cristal, omnipresente; como si fuera uno de aquellos cazadores de los safaris africanos, posando para la foto, sonriendo soberbio, pisando con una bota la barriga de su víctima tendida en el suelo. Pisando el cuerpo muerto y vencido de la Sierra de Collserola. No se veía a nadie dentro del 'PI'. "Habrán salido a tomar un café", pensé. "A las cinco y diez", me habían dicho mis compañeros. ...Y pronto daría la media. "Algún día - me entretenía pensando -, les pasaré factura a todos aquellos que me han hecho perder media vida esperándoles". Cinco minutos más o menos no importa, no; pero cinco, más cinco, más cinco... Esto es como la 'Técnica del Salami' de aquel cajero de banco que redondeando las cifras decimales de las cuentas de ahorro (de los demás, claro), se hizo con una pequeña fortuna. No te das cuenta y poco a poco cuatro imbéciles te roban la vida. Si todo el mundo me devolviera el tiempo que me ha hecho esperar... ¡qué vacaciones!. Quizás hasta podría empezar aquel cursillo de piano para el que nunca he sabido encontrar suficiente tiempo libre... Hacía mucho frío. Demasiado frío. Me había dejado los guantes en casa y los dedos comenzaban a dolerme ya, de no sentirlos. Me soplaba las manos y daba saltitos para quitármelo de encima; como si eso sirviera de algo. "Si al menos - pensé mirando a través de los cristales -, estuviera abierto el 'PI', podría esperar dentro y no pasaría tanto frío". Y no fue hasta entonces que me di cuenta de que el 'PI' no tenía porqué estar cerrado... Empujé la puerta para asegurarme. Pero no; estaba cerrada y bien cerrada. Había un 'no sé qué' de misterioso en todo aquello. Dentro, la luz estaba encendida. Los papeles, sobre el mostrador, estaban un poco desordenados. Una 'Gaceta Universitaria' descansaba sobre la mesa del encargado abierta por la página de actualidad, y un cigarrillo encendido se consumía abandonado sobre un cenicero lleno de colillas. Todo indicaba una salida precipitada. "Tal vez - pensé un poco maliciosamente -, el pobre chico ha tenido una urgencia fisiológica y ha tenido que salir corriendo...". Pasaron cinco minutos más. O diez. Mis compañeros sin aparecer, y yo que me ponía cada vez más nervioso. Nunca me ha gustado eso de perder el tiempo esperando; y menos en una situación tan incómoda. De buena gana habría entrado en el bar para tomar un cafecito bien caliente, pero inexplicablemente también parecía estar cerrado; ...o eso es lo que pensé al no ver a nadie sentado dentro. Comenzaba a renegar: "No se si he hecho bien en enredarme con estos tíos para hacer la práctica. No son muy serios. ¡Aunque...! no sé de qué me quejo si ya lo sabía de otros años. Pero los tenía tan a mano que me dio pereza buscar otro grupo de estudio. Uno se va haciendo mayor y parece que con los años se vuelve día a día más agrio y más misántropo, y huye de conocer caras nuevas. Tal vez sea todo este exceso de prácticas y más prácticas...". Caminaba de un lado al otro moviéndome para intentar quitarme el frío del cuerpo, ...y los nervios; y en una de estas, mirando dentro del 'PI' desde el otro lado, vi el teléfono descolgado sobre la mesa, medio oculto por las hojas del diario. ¿Qué hacía el teléfono descolgado? Aquello echaba por tierra mi teoría de la huida fisiológica. ¿O no?. "Quizás lo haya dejado así por si llaman, que no descubran que no está - pensé - , ¿es que no les dejan salir ni para hacer un pipí?". Pinchado por la curiosidad decidí echar un vistazo más atento al 'PI', tratando de fijarme un poco más en todos los detalles posibles... "A ver si es que le ha dado un patatús y se ha quedado espatarrado detrás de la mesa, donde no se le puede ver desde fuera... No tú. ¡No fastidiemos!". Me imaginé un par de zapatos negros de becario a la brasa apuntando hacia el techo, asomando por un lado de la mesa. Pero por suerte no descubrí nada parecido. "Bien, ...bien - respiré más tranquilo - , ...por uno que sabe hacer su trabajo". El tiempo pasaba, y poco a poco el frío se hacía sitio filtrándose entre mis huesos, a la vez que me sentía invadir por una somnolencia, nada desagradable, que invitaba a quedarse inmóvil y acurrucadito en un rincón. No pude reprimir un buen bostezo... La única señal de actividad provenía de la pantalla de videotexto del 'PI'. El terminal parpadeaba escribiendo y borrando un mensaje de error. Escribiendo y borrando..., escribiendo y borrando..., y dale. Y siempre lo mismo. Al pie de la pantalla, azul, aparecía una línea roja que guiñaba el ojo un par de veces 'clic', clic', y se borraba enseguida. Y así, una vez y otra. Llevaba ya media hora plantado y esperando bajo aquel frío injusto y anulador. O quizás más. Tenía la inquietante sensación de ser la única persona en el mundo. Nadie había subido ni bajado por las escaleras en todo aquel tiempo..., tampoco recordaba haber visto a nadie en todo el día..., no estaba muy seguro..., no podía estar seguro..., mis pensamientos se hacían lentos y confusos... de hecho, no recordaba nada. Estirando el cuello para mirar sin tener que esforzarme en moverme del sitio, trataba de adivinar algún pequeño movimiento entre las mesas del bar que delatase la presencia de algún otro colgado como yo; pero todo estaba absolutamente vacío y callado: A la gente se la había tragado la tierra. Únicamente unas bolsas, chaquetas y apuntes desperdigados aquí y allá, que reafirmaban mi teoría de una huida precipitada. Pero... ¿Por qué?. ¿A dónde?. En las obras de al lado, tampoco se veía a nadie. Las paredes, medio desnudas, levantaban silenciosas sus intimidades, amenazando con crecer y taparlo todo. Hasta el azul del cielo. Tenía la cabeza y los sentidos atontados por el frío; y el solo hecho de pensar, me costaba un gran esfuerzo de concentración. Dentro del 'PI', el cigarrillo ardía y ardía sin terminar de consumirse nunca. Parecía como si el tiempo se hubiera perdido dentro de una iteración sin salida. No pasaba; corría y corría repitiendo siempre el mismo instante. Una cadena imparable de minutos y más minutos, con un único segundo repetido siempre sesenta veces: "La Eternidad".
Me sentía mal, la cabeza se me iba y el contorno de los objetos desaparecía disuelto dentro de una confusa telaraña gris. Mi consciencia se hundía en el vacío, rodeado por un ambiente de aire irrespirable, frío y apestoso, que me absorbía la energía del espíritu, y me quitaba las ganas de moverme y hacer cosas. De verdad, parecía perdido en medio de un purgatorio docente sin final. Era una pesadilla en la dimensión desconocida de un espacio vectorial de cuerpo Cuando todo parecía ya perdido, cuando mi voluntad moría abandonada en manos de los sueños de los dioses, una lucecita verde se encendió en mi bus de control . ¿Podría ser... ? ¡Sí! ¿Por qué no?. ¡Aún había una esperanza!... Aquel terminal de videotexto le guiñaba el ojo a alguien... ¡Me guiñaba el ojo a mí!. Era mi atención la que pedía con tanta insistencia. ¿Sería posible?. ¡Sí! ¡Sí! Aquel terminal daría por fin una respuesta a todas mis preguntas... Reuniendo las últimas fuerzas, renovadas por el deseo de encontrar una explicación sensata para aquel final absurdo, mi final, me acerqué a los cristales tanto como me permitió mi nariz, hasta que pude leer el contenido del mensaje. El cual, entre místico i trágico, sentenciaba con conconcon... convicción... ..nnnnn... exexexexisssst existencialisss ...taaaaaa: :::: ........ ........¿!?%&*!$@...... @@@@ ........ @@ .. .........#
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