Han pasado diez años desde que Alberto Albericio Conchán muriera, un octubre de 1993 que parece todavía más lejano de lo que realmente es. Socio de Honor de esta página web que se estructuró en torno a su figura antes de expandirse por otros derroteros más variopintos, a algunos nos intriga la acogida que le hubiera dispensado a Internet una persona tan inquieta como Alberto. Porque su casi segura reticencia inicial se hubiera derretido viendo, mismamente, este sitio que es una genuina colección de “Puñeticas” que tanto le gustaban. Las dificultades que hubiera encontrado, acentuadas por una edad avanzada como le habría tocado, serían superadas ante el caudal de posibilidades de información y comunicación que ofrece la Red. De momento vamos llenando de contenidos la sección de Alberto Albericio Conchán, hasta que no nos quepan más.

Han pasado diez años repletos de acontecimientos, llenos de cosas, diez años intensos sin darnos cuenta, y los que nos quedarán, diez años o quizá mil. Pero con el recuerdo de Alberto Albericio Conchán, que se hace más intenso al pasear por la calle que le dedicaron los sordos de Zaragoza, y que se convierte con el frescor del invierno que apunta en un recuerdo esperanzador, tenemos que proponernos conseguir condensar el tiempo y juntar diez años en un solo día para aprovechar lo que nos va quedando de vida. Que ese día intenso sea hoy.