Desasosiego

A fin de cuentas
Nada
Hanoi
Cortinas color burdeos
Rebeca
La japonesita de cara de porcelana
Noche de espuma
Angkor
Inquietud
Dejadme la soledad del campo
¡Feliz navidad!

Y ahora que sé
Hoy conseguí ser veraz
Largo espacio de olas
Versos para un día de reyes
Mi despedida
Y envejecer
Que se confirme, sí
Aun así
Quisiera
Despertando en el azul de los templos dormidos
Cuando los grillos
Pubis de oro
Préstame tu cuerpo y vete

Una miloja bien vale un poema
Sólo son versos
Junto al río
De mi soledad y la vuestra
E
n cualquier modo, gracias

“Con besos que me da pena dártelos”
Sopla el viento
Tiempo de cerezas
Tu inquietud
Una mañana de abril
Yo paisaje
A la vera de mi casa
Leche amarga
No quise té, no quiero
Amigo Alberto
Un sol perplejo
Hoy
Un gato muerto

Bajo un roble
Apagar el deseo
Esta intensidad con que me vivo
Cuando tú no estás
Versos de un caminante
¿Cómo demediarte?
Porque es necesario estar vivo
¿Boceto para un cuadro?
Conjetura
Como un eco
No ha de importar mi anhelo
Lluvia de ausencia
El monstruo de hierro
Baobabs camino de Dakar
Su gracia infinita
Crónica senegalesa en verso
“Vete tú, hay cazadores Lo siento"
¿Todo esto por amor a tus hijos?

India 1984
El largo regreso a casa

Víspera de reyes
Me como un plátano amarillo
Cometas de colores
Unas cometas
Chaé, chaé
Un telegrama
Viajar
Miramar beach
En la playa
Tres
días faltan

Hacia Bombay
Tarde de espera
Contemplo la alborada
¿Dónde escribiré mis versos?
Amanecer en Calcuta
Camino de casa
Se acabó el sueño
Vuestra voz me suena lejos
Mi voz castellana
Volver a los versos
Entre la noche y el alba

 

 

 

 

 

 

 

A fin de cuentas

 

 

 

 

 

 

NADA

 

De la necesidad de quedarse vacío
tan sólo entre las manos el agua que bebes
el plato de arroz que te sustentará hoy mismo;
de la necesidad de romper
con el hilo engañoso de los papeles acumulados,
del pasado renuente que carga sobre nuestros hombros
el peso de un sueño imposible.
Hoy volví a la carga,
boté a la basura el testimonio
de mis años más queridos de escuela.
No quedó nada,
me sentí liberado.
Liberado,
a solas conmigo mismo
y hermanado con este campo lleno
de la abundancia inesperada de una lluvia magnífica
que ha alfombrado el paisaje como para una fiesta.
Nada,
de la nada
y del todo de la exuberante naturaleza;

 

caer en la nada para acercarse al todo,
a la música que nos espera vibrando en el aire
como una canción de cuna.
Sí, apenas nada,
los colores del viento,
el rumor del amanecer rozando nuestro cuerpo cansado;

apenas nada,
nada,
el arrullo cálido de los libros y la música,
en paz con Dios y los hombres.

Nada,
aunque un velo de desencanto
pase como una brisa rozando nuestra retina.
Nada,
asido al mundo por el imperceptible hilo
de los ojos que amo,
de los valles donde duermo
de las olas que mecen mi ánimo.

24/05/2004

 

 

 

 

 

 

 

HANOI

La calle suscita versos de calor húmedo
envueltos en sonidos de claxons
y fragor de motocicletas;
la sonrisa espléndida del camarero y un vaso
preceden a unos largos sorbos de whisky
con los que envolveré el ocaso
y la noche de este multitudinario
rincón de Vietnam de hoy,
día de agosto húmedo
en medio de este viaje solitario.

Hanoi, 10/08/2004

 

 

 

 

 

 

 

CORTINAS COLOR BURDEOS

 

La mañana que entraba por el balcón
parecía como pintada por los colores
de algún otro tiempo,
dulzura de encuentros
y de álamos llevando
en el extremo de hojas el aleteo
de algún recuerdo.

El aire, cargado con el peso de la ciudad,
despierta, entra por el balcón,
se desliza entre las altas cortinas color burdeos,
me trae el enjambre de la calle
el temblor de un deseo.

Sobre la ancha cama blanca,
grácil como la japonesita de un sueño,
oscila el farolillo de mi ánimo entero.
Pálpito entre las manos
de un tictac muy pequeño
que juega a hacer música
con los desperezos de la calle
en que hoy me despierto.

El ventilador espía desde su atalaya,
me observa, mira mis caricias
y el hilo húmedo
que ellas van dejando por mi cuerpo,
reguero de ternura temprana
al otro lado del sueño.

Mientras, sobre las jambas iluminadas
de mi ventana,
atraviesa un trozo de tiempo
bañado de mañana asiática,
voces y bicicletas que despabilan la calle
al otro lado de la cortina color burdeos.

Hanoi, 11/08/2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REBECA

 

 

Brota de la lluvia
y los cristales empañados
de una habitación desolada,
Rebeca se llama.

Cuerpos blancos
llenos de lluvia y heno,
entraba y salía de ellos,
melancolía,
lluvia pertinaz, silencio.
Indolencia de tarde,
lechosa desnudez
como un sueño
poblando la media luz
excitada de mi cuerpo.
Tempranos sueños
donde era posible
encontrar entre las manos sedientas
la tierra ardiente
de un cuerpo nuevo,
estremecido silencio el nuestro
con las manos llenas
de temblor y anhelo.

De un aguacero tropical
nace hoy su nombre,

 

 

 

espesa lluvia de Asturias,
atrapada memoria húmeda
al otro lado del tiempo
del cuerpo blanco,
del cuerpo nuevo
luminoso, lejano, evanescente, bello,
borrachera de mujer yo siento.

12/08/2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JAPONESITA DE CARA DE PORCELANA

Como mecedora de casa
arriba y abajo
las islas pasan,
suave, como una cuna
el barco sube y baja
¿yo?¿luz de agosto? ¿mar?
vaivén de islas, no más.

La japonesita de cara de porcelana
se durmió sobre la hamaca.
El tiempo pasa,
la lluvia tropical encrespa las olas y
esparce un cubo de ceniza
sobre el cielo azul
mientras riza
con su mano ventosa
la crespa cabellera
de un océano gris perla.

 

 

El pasaje mira la torrentera
la tarde rota
el poderoso fragor del agua loca,
cortina de viento y agua
desplomada sobre el mar
más acá de las grandes rocas.

Halong Bay, 13/08//2004

 

 

 

NOCHE DE ESPUMA

Pacer en el tránsito
de noche y cueva,
mecer de olas
blancura escondida
encendiendo en la arena
el calor de la hoguera.

Noche de viaje y espuma
calor y viento
del negro del campo dormido
de viajero en vela.

Noche de espuma
y muslos blancos,
noche de espera.

Acre sudor de esta tierra
de arroz y menudas mujeres
de ojos rasgados,
tierra de motocicletas
y de olvidada guerra.

Saigón, 16/08/2004

 

 

 

 

 

 

ANGKOR

Troncos
entre cuyos dedos
Angkor duerme su sueño húmedo,
entre cuyas manos
estrangula el tiempo
a los dioses,
a sus pedestales de piedra,
en canal exudando abiertos
la efímera eternidad
que administra la muerte
con nuestros restos.

Rueda por los valles
de las montañas viejas
el rumor de una vanidad
que no encuentra siquiera
el eco de su voz
entre los guijarros viejos,
un Indo que socava la tierra
y que convierte en desierto
los Olimpos y Walayas
de todos los tiempos.

 

Reptan la verdioscura mampostería
de los templos
grandes serpientes de fábula
que abren en canal los sillares
y siembran de caos y misterio la selva.
La
vanidad de los hombres,
sus dioses todos,
duermen hoy como niños bajo la tierra
a la espera de hombre o mujer
que quieran mecer su olvidada grandeza.

Siam Ried (Camboya), 21/08/2004

 

 

INQUIETUD

 

Levantó conmigo esta mañana,
fluye, discurre serpenteando
por los tejidos de mi cuerpo
como un campo visitado por hilos de lluvia
que buscara la cercanía del declive
donde volcar la humedad de una resaca
que se fue trenzando ayer mismo
en el breve espacio que media entre la siesta
y un crepúsculo que llenaba de caramelo
el aire tibio de la ciudad.

La parcela está llena de sombra y ruidos de pájaros
y me encuentro como tantas veces
con el alma bañada
por la intensa insignificancia del todo,
y sobre la que se alzan,
endebles y sin aire en el hueco de las cañas,
el vuelo de unas pocas cometas,
no obstante espléndidas, llenas de vida,
que están ahí alimentando mi reflexión y mi esperanza,
acaso redimiendo mi soledad y mi tristeza
ceñida hoy como densa niebla sobre mi cuerpo.

Ayer estuve viendo cuerpos,
hermosos cuerpos.
Esto también me llena de tristeza e infinito,
de la ilimitada distancia entre nosotros mismos,
entre el deseo que la belleza, infinita también ella, inalcanzable,
pone en mi sangre
y el imposible camino que recorren mis dedos
cuando rozan tu carne
llena de misterio y palpitación,
de promesa de eternidad
que se escurre hoy como aire apresado por un puño
por el hueco de la mañana.

18/09/2004

 

 

 

 

 

 

 

 

DEJADME LA SOLEDAD DEL CAMPO

El tiempo rumoroso
cascabeleando entre las piedras
habrá de traerme la paz del olvido.

Elevo una oración en medio del campo oloroso
abierto en canal, oscuro, anhelante
presto a recibir el agua que convertirá en verde ladera
la tierra primitiva,
y pido paz y olvido:
que el rencor no seque mis lágrimas
ni ahogue la sencilla alegría
de mi existencia.
No quiero amor ni engaño,
dejadme la soledad del campo
el rumor del arroyo
el cielo estrellado de las cumbres.

La noche era hermosa
los arados habían hendido la húmeda costra de las laderas
y en el aire flotaba
el olor de la tierra desnuda recién desvestida;
Y yo caminaba embozado
con los ojos llenos de noche y ruido,
mientras mi casa, a lo lejos, brillaba como un planeta
en medio de la oscuridad.

 

 

 

Debería dar gracia a los dioses
por traer el contacto suave de la noche a mis mejillas,
que es cierto que pasaron muchos meses
antes de que pudiera sentir el pálpito
de la tierra que circunda mi casa,
anhelante como estaba del falso fulgor
de un anhelo equivocado,
mentira como vino derramado
en el impoluto mantel blanco
de alguna falsa celebración.
Dar gracias por estar vivo
y poder respirar el aire de la noche,
gracias por este cansancio que me atora,
que hace pesada mi mirada y aligera mis sentidos

11/12/2004