Starry Night (Trademark)

por bertRAND 

 

Recuerdos...

Recuerdo cuando no existían anuncios en el cielo y podían verse las estrellas a simple vista, las constelaciones de verdad, y no las que forman los nombres, marcas y logotipos de las grandes corporaciones, esas que rápidamente la gente bautizó como “consternaciones”.

Recuerdo que todo empezó con la estación espacial internacional, cuando se convirtió en la joya del cielo nocturno, el cuerpo más brillante tras la Luna, atrayendo la atención de todos por igual a lo largo y ancho de gran parte del planeta.

Recuerdo también las multitudinarias manifestaciones y concentraciones en contra de la flagrante violación. De nada valieron. Queríamos defender el derecho de todos a poder disfrutar de un cielo limpio y libre de publicidad. Las grandes multinacionales apelaron al derecho de libertad de expresión y a los precedentes de la propia estación espacial internacional, de la estación espacial hindú Brahma, de la red de captación solar china Yat-Yau claramente visible desde cualquier punto del planeta, de los cientos de satélites que surcaban el oscuro firmamento, puntos brillantes que navegaban por los cielos.

Se aferraron a cualquier excusa, a la contaminación lumínica de las ciudades, a los aviones que cruzan los cielos dibujando estelas debido a la condensación de sus chorros de aire caliente. Las grandes compañías gastaron miles de millones en abogados, en medios de comunicación, en publicidad, en campañas de concienciación, caras sonrientes que nos iluminaban desde el cielo.

Era cuestión de tiempo.

Como siempre, todas las causas pierden fuerza con el tiempo. Pronto las grandes firmas fueron capaces de enviar y poner en órbita estructuras que reflejaban la luz y comenzaron a surgir formas. Primero fue Nike, con sus famosos siete puntos dibujando su cornudo logotipo, luego Toyota e IBM, que “inventó” las brillantes líneas de color en el cielo, cambiando rítmica e hipnóticamente. A continuación Microsoft logró coreografiar los dibujos en el cielo, poniendo movimiento a la aberrante exposición de superficialidad humana, y así hasta el dia de hoy, en que ya no existen noches oscuras sino pálidas noches de un oscuro azul sucio.

Estos que vivimos son días en que la mayoría de personas sensatas disfrutan enormemente con cada luna llena, una bendición capaz de eclipsar en gran parte a los gigantes de luz del cielo. Ya son muchos los niños que nunca han visto con sus propios ojos la luz de las distantes estrellas, los que nunca han sentido el vértigo del espacio cuajado de brillantes puntos titilantes en una clara noche de verano.

Por fortuna la bajeza humana tiene un límite y el Tribunal Internacional de Comercio rechazó la propuesta de poner en órbita un artilugio llamado “Eclipsador”, que pretendía crear eclipses artificiales de Luna que afectarían a grandes zonas estratégicas de aglomeración urbana en todo el planeta.

Sin embargo ya no hay firmamento. La astronomía es ahora una cara ciencia que solo puede llevarse a cabo desde los observatorios de la Luna. Sí, una vez mas el egoísmo y el sinsentido se han impuesto a la razón y la convivencia. Por un puñado de oro. La perversidad de los publicistas no tiene límites. Ahora una de las empresas que se promociona desde el cielo anuncia viajes orbitales a precio económico como una atracción más, donde el afortunado cliente podrá “asombrarse con la magnífica vista de las estrellas sobre el oscuro fondo del vertiginoso espacio vacío. Todo el Universo al alcance de su mano...”, etcétera. Yo recuerdo esa fabulosa sensación. Lo que dice esta empresa es verdad; lo que vende realmente merece la pena. Y no puedo concebir cómo pudieron engañarnos para arrebatárnoslo. Ahora es un negocio más, un lujo accesible sólo para una pequeña parte de la población, los que pueden pagar por ello.

A veces pienso que viajo al pasado y que puedo cambiar las cosas, que todo es diferente y que tan solo tengo que irme por la noche a las afueras de mi ciudad y mirar al cielo, y que se ven las estrellas. Que puedo estar todo el tiempo que quiera admirando el infinito, y no es una imagen en una pantalla.

Ojalá pudiera volver a ser joven y avisar a todos, decirles que miren al cielo por la noche, que ya nunca mira nadie.

Ojalá pudiera volver a la época en que todo comenzó. Si lo hubiéramos sabido entonces, nada de esto hubiera pasado.