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Imagínate una
mañana soleada en el mar, estás en el centro de
buceo y la temperatura es de 24 grados.
Ya has entrado en
los vestuarios y te has puesto el traje de
neopreno, y a tu lado hay otro montón de
buceadores preparados también. El barco está a
sólo unos pocos metros y vas andando.
Cuando llegáis ya
os han llevado los equipos, así que tú sólo
tienes que sacar el tuyo del carrito o de la
furgoneta y colocarlo en el barco.
En un momento
estáis todos listos y los motores se ponen en
marcha: salimos en dirección al punto de
inmersión elegido.
Durante el
recorrido, que dura algo menos de un cuarto de
hora, te va dando el sol, pero con la brisa
marina sólo sientes una agradable sensación de
calor en la piel, y el Dive Master os da unas
explicaciones sobre el buceo de hoy, lo que váis
a ver, cómo va a ser el recorrido, cuánto tiempo
va a durar la inmersión...
Por fin llegamos
al punto elegido, así que te colocas el equipo
como te han enseñado, haces las comprobaciones
necesarias, eliges compañero o compañera de
inmersión, o te asignan uno de tu mismo nivel, y
saltáis al agua juntos.
En unos instantes
salta también el Dive Master que va a guiar el
recorrido y todos os sumergís.
El contacto con el
agua te refresca sin llegar a hacerte sentir
frio gracias al traje de neopreno, y empezáis a
bucear.
No hay fuerza de
gravedad que te arrastre hacia el fondo porque
tú controlas la flotabilidad hinchando el
chaleco con un botón que le insufla aire desde
la misma botella de la que respiras.
¡¡¡Y POR FIN
EMPIEZAS A VOLAR!!!
El paisaje es
espectacular, con montones de esponjas tapizando
la pared de roca, peces de distintas especies
nadan observándote; les pareces un ser curioso
que nunca habían visto, así que te miran pero no
se acercan demasiado.
Mas abajo, pegado
al fondo, hay una estrella de mar de color
naranja, y unos metros más allá se empieza a
dibujar la silueta de un barco hundido a unos 16
metros.
El Dive Master os
guia hacia él y al llegar a la proa véis que en
una grieta del casco vive una morena. Os mira también
desde la seguridad de su refugio. No saca más
que la cabeza, pero te observa como
preguntándose qué es ese animal tan raro.
Empezáis a
recorrerlo con esa sensación única que produce
volar por sus cubiertas en vez de ir andando
como lo harías si no estuvieras buceando. En una
ellas hay un banco de sargos, con sus rayas
negras verticales que los caracterizan, y toda
la superficie está colonizada por pólipos, algas
de formas caprichosas y otros animales
bentónicos.
Tras recorrer el
barco volvéis por el mismo camino y por fin,
antes de subir, el Dive Master os señala un
cabracho que está reposando sobre una roca del
fondo.
El buceo ha durado
una hora y cuando comenzáis el ascenso véis
cuatro medusas que se dejan llevar por la ligera
corriente marina que las arrastra, son medusas
luminiscentes y están suspendidas en el agua
como tú mismo. Una te roza con uno de sus
tentáculos sin que te des cuenta, pero como
llevas el neopreno no pasa nada.
A los cuatro
metros de profundidad hacéis todos una pequeña
parada para liberar nitrógeno y tres minutos más
tarde ya estás ascendiendo otra vez al barco.
La inmersión se ha
acabado y todo el mundo empieza a comentar lo
que ha visto.
Cuando llegáis
otra vez al puerto volvéis al centro de buceo y
os váis todos juntos a tomar un refresco en
espera de la siguiente inmersión.
Al llegar por la
mañana sólo conocías a tus amigos, o incluso a
nadie si fuiste en solitario, pero ahora estáis
todos unidos por la aventura que acabáis de
vivir y cada uno cuenta con ilusión todo lo que
ha visto y sentido.
...
Esto es un día
típico de buceo.
Bucear no es sólo
un deporte, bucear es la aventura de explorar y
descubrir, cada inmersión guarda sorpresas
escondidas que te harán sentir emociones
difíciles de explicar. En cada jornada conocerás
gente nueva que vive tu misma pasión, y algunos
de ellos se convertirán en nuevos amigos con los
que volver a quedar para otro fin de semana.
Y cuando te
quieras dar cuenta, el buceo se habrá convertido
en lo más maravilloso que has hecho jamás y tú
también tendrás la sensación de no saber cómo
explicar tanta maravilla... Y entonces será
cuando decidirás que tus próximas vacaciones las
dedicarás a uno de esos destinos de buceo cuyos
fondos marinos y su fauna cortan la respiración.
Esto es SER
BUCEADOR.
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