Palabras de despedida a los alumnos de segundo de bachillerato.


 

 

Estamos aquí juntos para celebrar:
que hayáis llegado al final de una etapa, que hayáis conseguido aquello que os habiais propuesto, que por vuestro propio esfuerzo y mérito tengáis la posibilidad de abrir nuevas puertas e iniciar nuevas etapas.

Estamos aquí juntos para celebrar:
que hayamos compartido, alumnos y profesores, un fragmento de nuestras vidas; para celebrar, más que haber llegado hasta aquí, el poder guardar en nuestro recuerdo y en nuestros corazones la experiencia vital que recorrimos juntos. Como en la Itaca de Ulises, encontrando la importancia de este final de carrera, más que en un título para agregar a vuestro currículum, en el viaje, lleno de circunstancias agradables y desagradables, aburridas y divertidas, odiosas y magníficas, pero siempre..., siempre..., circunstancias vividas que, en mucho, nos han convertido en lo que hoy somos de verdad.

Estamos aquí juntos para celebrar:
todo lo que hemos enseñado y aprendido. Y hoy, especialmente deseo celebrar todo lo que vosotros, alumnos entusiastas y desencantados, disciplinados y rebeldes, buena gente, aplicados y escépticos o indiferentes, todo lo que vosotros, repito, nos enseñasteis a nosotros, profesores empeñados en enseñar, sin darnos demasiado cuenta de todo lo que aprendemos en este empeño.
Como la dialéctica de Heráclito, como el frío que necesita del calor, la juventud de la vejez, la vida de la muerte, celebramos el haberos tenido como alumnos, porque con ello nos disteis la posibilidad de ser y aprender a ser profesores, sin nunca conseguirlo totalmente.

Estamos aquí juntos para celebrar:
vuestro futuro, que es nuestro presente.
Si me pidierais un consejo para ese futuro, algo para llevaros en estos posibles viajes que comenzareis a partir de ahora, no podría deciros cosas muy diferentes a las que algunas veces ya hemos hablado en clase. No temáis, no es mi intención volver a aburriros con una clase de filosofía más. Sólo me vienen a la mente dos ideas que deseo recordaros:

La libertad, como sabéis, es algo a lo que los humanos no podemos renunciar. Pero también es algo que nunca tenemos del todo y que siempre podemos ampliar. Alguna vez dijimos que las personas, más que libres para tener lo que queremos, somos libres para luchar por lo que no podemos tener. Esta es la primera recomendación que os hago: no dejéis de luchar por conseguir aquello que deseáis, seréis mucho más libres deseándolo que habiéndolo conseguido.

Seguramente habéis oído hablar del oráculo de Delfos, donde moraba aquella adivina, que bajo los efectos de vaya a saber que vapores, era capaz de desentrañar los misterios del futuro. Pero lo hacía de manera tan confusa, que las personas siempre salían contentas y convencidas de que les había acertado con sus profecías y adivinanzas. Posiblemente era esa misma confusión la que permitía que cada individuo lo interpretara a su manera; es decir, buscara descifrar los enigmas utilizando sus propios pensamientos. La clave estaba en el cartel que había arriba de la puerta del oráculo y que, posiblemente, muy pocos le prestaban atención. El cartel decía: “conócete a ti mismo”.

Relacionado con todo esto, aquí va mi segunda recomendación: es bueno querer cambiar, intentar ser mejor, pareceros a alguien que creéis que es mejor que vosotros; pero lo que es infinitamente más bueno y sabio, y también más difícil de realizar, es ser vosotros mismos. Y sin embargo, es algo muy fácil de comprender: ser vosotros mismos es ser sencillamente honestos, no mentiros nunca, daros cuenta de lo que valéis, ser legales.
Estamos aquí para celebrar que seáis como sois: no cambiéis nunca, a pesar de que no dejéis de hacerlo.

Por último deciros que aunque conservéis con vosotros muchos recuerdos, - de hecho estas celebraciones tienen esa finalidad: conservar recuerdos - pensad que el Instituto seguirá estando aquí, que aquí seguiremos estando muchos profesores y profesoras que tuvisteis a lo largo de estos años; que no os buscaremos, ni os controlaremos, ni os pondremos ningún examen más, pero que aquí estaremos; y que, cada vez que subáis al tren y veáis desde lejos estas ventanas, penséis que aquí seguiremos estando, dispuestos a recibiros siempre.

31 de maig de 2005.