STRADIVARIUS presenta La Pazzia Senile y La Saviezza Giovenile, de Banchieri (1568-1634) en versión de Marco Longhini y Delitiae Musicae

La comedia madrigalesca o el largo camino desde los madrigales italianos al nacimiento de la ópera

           Las primitivas frottole o canciones seculares italianas al estilo de Marco Cara y Bartolomeo Tromboncino fueron evolucionando progresivamente a lo largo del siglo XVI, incorporando en aras de la expresividad recursos estilísticos más elaborados y complejos. De esta forma se llegó a la culminación de la perfección en los madrigales de Monteverdi, Marenzio o Gesualdo, donde abundan los elementos descriptivos, los cromatismos extremos y el efectismo declamatorio necesario para plasmar fielmente cada sentimiento. Pero los músicos, ansiosos siempre de experimentar nuevas formas representativas de clara vocación dramática, cada vez más próximas al género operístico, dieron un paso hacia delante que se transformaría pronto en un callejón sin salida y cuya hegemonía duraría tan solo unos años. Se trata de la comedia madrigalesca, especie de eslabón perdido entre el madrigal y la ópera bufa. Son composiciones, normalmente no escenificadas, que superponen varias formas musicales en una sola obra: bellísimos madrigales, canciones populares procedentes de los cantos carnavalescos, villanelas, mascaradas y danzas, con textos satíricos y caricaturescos escritos en italiano, en lenguaje rústico, en ocasiones incluso obsceno. Las piezas van ensartándose como abalorios en el hilo conductor de una historia cómica glosada por un narrador, generalmente inspirada en argumentos de autores clásicos como Plauto heredados por la commedia dell’arte e inmortalizados posteriormente por autores como Goldoni. Son en sí mismas alegorías de la vida real, con momentos más serios o serenos, con las tragedias cotidianas y donde siempre hay un lugar para la risa.

           Podemos encontrar precedentes de este género en las obras de Alessandro Striggio Il cicalamento della donne all bucato (La charla de las mujeres en el lavadero, 1567) o Il gioco de primiera (1569), vinculables a las chansons francesas de Janequin. Tras estos prototipos encontramos la Triaca Musicale de Croce y las obras de Vecchi (Selva di varia ricreatione, Mascherati piacevoli et ridicolose, Le veglie di Siena, Convito Musicale y, sobre todo, L’Amfiparnaso).

           El último de los compositores que dedicaron sus esfuerzos creativos a la comedia madrigalesca antes de que Italia se transformara en la cuna de la ópera propiamente dicha fue Adriano Banchieri, con obras como Il zabaione musicale inventione boscareccia (El licor musical, invento silvestre), Barca di Venezia per Padova (viaje de pescadores, amantes, vendedores ambulantes, descritos con habilidad mediante el canto polifónico), Il festino nella sera di Giovedi Grasso (El festín de la noche del jueves de carnaval) y por supuesto las que aparecen en el disco que se reseña en estas líneas, La pazzia senile(locura senil) y La savieza giovenile (sabiduría juvenil).

           En el argumento de ambas se describen las peripecias de un viejo enamorado de una jovencita que a su vez tiene un amante de su edad, los arreglos de un matrimonio de conveniencias, las burlas hacia el viejo y el final de la situación para los jóvenes amantes. Se trata, como vemos, de un sutil retrato sociológico de la época, concebido para la diversión de las clases aristocráticas. Banchieri, apodado Il Dissonante en la Academia Filarmónica de Bolonia, su ciudad natal, fue abad benedictino, pero sus vinculaciones eclesiáticas no le impidieron percatarse hasta de los más mínimos detalles de la vida mundana. Personaje cosmopolita donde los haya, viajó por varias ciudades italianas; ante sus ojos se ofrecía un mundo de contrastes en cuanto a las tradiciones musicales y las modalidades dialectales, que desplegaron ante su exquisita sensibilidad y agudeza perceptiva un abanico delicadamente iluminado con multitud de colores de las diferentes lenguas, culturas y estilos de vida, elementos que él supo sintetizar acertadamente en sus obras.

           Los cantantes, bajo la dirección de Marco Longhini, realizan una brillantísima ejecución. Hay que destacar la tremenda dificultad añadida del canto "alla bastarda", un recurso usual en la época, en el que los intérpretes deben cambiar constantemente del registro habitual al falsete sin perder de vista la comicidad, lo que supone un esfuerzo casi sobrehumano. Muy interesantes las notas del propio Marco Longhini, a pesar de que en la traducción al inglés se confunde el canto "alla bastarda" antes mencionado con el acompañamiento a la viola bastarda (?) El libreto ofrece la versión original y una traducción libre al inglés y al francés, amén de una versión en italiano moderno que permitirá al lector avezado captar los modismos y sutilezas lingüísticas que caracterizan al lenguaje empleado. También se incluyen los detalles del propio Banchieri para el montaje de las obras.

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