Las primitivas frottole o canciones seculares italianas al estilo de
Marco Cara y Bartolomeo Tromboncino fueron evolucionando progresivamente a lo
largo del siglo XVI, incorporando en aras de la expresividad recursos
estilísticos más elaborados y complejos. De esta forma se llegó a la
culminación de la perfección en los madrigales de Monteverdi, Marenzio o
Gesualdo, donde abundan los elementos descriptivos, los cromatismos extremos
y el efectismo declamatorio necesario para plasmar fielmente cada
sentimiento. Pero los músicos, ansiosos siempre de experimentar nuevas formas
representativas de clara vocación dramática, cada vez más próximas al género
operístico, dieron un paso hacia delante que se transformaría pronto en un
callejón sin salida y cuya hegemonía duraría tan solo unos años. Se trata de
la comedia madrigalesca, especie de eslabón perdido entre el madrigal y la
ópera bufa. Son composiciones, normalmente no escenificadas, que superponen
varias formas musicales en una sola obra: bellísimos madrigales, canciones
populares procedentes de los cantos carnavalescos, villanelas, mascaradas y
danzas, con textos satíricos y caricaturescos escritos en italiano, en
lenguaje rústico, en ocasiones incluso obsceno. Las piezas van ensartándose
como abalorios en el hilo conductor de una historia cómica glosada por un
narrador, generalmente inspirada en argumentos de autores clásicos como
Plauto heredados por la commedia dell’arte e inmortalizados
posteriormente por autores como Goldoni. Son en sí mismas alegorías de la
vida real, con momentos más serios o serenos, con las tragedias cotidianas
y donde siempre hay un lugar para la risa.
Podemos encontrar precedentes de este género en las obras de Alessandro
Striggio Il cicalamento della donne all bucato (La charla de las
mujeres en el lavadero, 1567) o Il gioco de primiera (1569),
vinculables a las chansons francesas de Janequin. Tras estos
prototipos encontramos la Triaca Musicale de Croce y las obras de
Vecchi (Selva di varia ricreatione, Mascherati piacevoli et
ridicolose, Le veglie di Siena, Convito Musicale y, sobre
todo, L’Amfiparnaso).
El último de los compositores que dedicaron sus esfuerzos creativos a la
comedia madrigalesca antes de que Italia se transformara en la cuna de la
ópera propiamente dicha fue Adriano Banchieri, con obras como Il zabaione
musicale inventione boscareccia (El licor musical, invento silvestre),
Barca di Venezia per Padova (viaje de pescadores, amantes, vendedores
ambulantes, descritos con habilidad mediante el canto polifónico), Il
festino nella sera di Giovedi Grasso (El festín de la noche del jueves de
carnaval) y por supuesto las que aparecen en el disco que se reseña en estas
líneas, La pazzia senile(locura senil) y La savieza giovenile
(sabiduría juvenil).
En el argumento de ambas se describen las peripecias de un viejo enamorado de
una jovencita que a su vez tiene un amante de su edad, los arreglos de un
matrimonio de conveniencias, las burlas hacia el viejo y el final de
la situación para los jóvenes amantes. Se trata, como vemos, de un sutil
retrato sociológico de la época, concebido para la diversión de las clases
aristocráticas. Banchieri, apodado Il Dissonante en la Academia
Filarmónica de Bolonia, su ciudad natal, fue abad benedictino, pero sus
vinculaciones eclesiáticas no le impidieron percatarse hasta de los más
mínimos detalles de la vida mundana. Personaje cosmopolita donde los haya,
viajó por varias ciudades italianas; ante sus ojos se ofrecía un mundo de
contrastes en cuanto a las tradiciones musicales y las modalidades
dialectales, que desplegaron ante su exquisita sensibilidad y agudeza
perceptiva un abanico delicadamente iluminado con multitud de colores de las
diferentes lenguas, culturas y estilos de vida, elementos que él supo
sintetizar acertadamente en sus obras.
Los cantantes, bajo la dirección de Marco Longhini, realizan una
brillantísima ejecución. Hay que destacar la tremenda dificultad añadida del
canto "alla bastarda", un recurso usual en la época, en el que los
intérpretes deben cambiar constantemente del registro habitual al falsete sin
perder de vista la comicidad, lo que supone un esfuerzo casi sobrehumano.
Muy interesantes las notas del propio Marco Longhini, a pesar de que en la
traducción al inglés se confunde el canto "alla bastarda" antes
mencionado con el acompañamiento a la viola bastarda (?) El libreto ofrece la
versión original y una traducción libre al inglés y al francés, amén de una
versión en italiano moderno que permitirá al lector avezado captar los
modismos y sutilezas lingüísticas que caracterizan al lenguaje empleado.
También se incluyen los detalles del propio Banchieri para el montaje de las
obras.
STR 33518
|