Tras la muerte en 1750 de Johann Sebastian Bach, Johann Christian, el undécimo de los hijos que
el maestro de Leipzig tuvo con su segunda esposa, abandonó su ciudad natal para estudiar
clavecín y composición en Berlín bajo la dirección de su hermano Carl Philipp Emanuel. Es bien
sabido que a lo largo de los 46 años que duró su vida, Johann Christian se convirtió en el más
cosmopolita de los hijos de Bach: visitó Italia en su juventud, y trabajó en Londres, en la
corte de Mannheim y en la Ópera de París, cultivando con éxito los más variados géneros. El
público británico, ansioso de nuevas experiencias musicales, se cansó de las particularidades
de su estilo, y murió olvidado, enfermo y endeudado. Sin embargo, el que fuera su admirador y
amigo durante más de veinte años, Wolfgang Amadeus Mozart, lamentó amargamente su pérdida.
Durante sus estudios en Berlín bajo la tutela de su hermano mayor, Johann Christian compuso
varios conciertos y piezas para clave. La presente grabación incluye tres de los cinco
conciertos para clavecín y cuerda que hoy se conocen como conciertos de Berlín, algunos de los
cuales no habían sido grabados hasta el momento. (Aún faltan otros dos, en mi mayor y en sol
mayor, que imagino se publicarán próximamente en un segundo volumen). Aparecen reseñados como
obras de Johann Christian en el catálogo sobre la dinastía Bach que la viuda de Carl Philipp
Emanuel publicó tras la muerte de su esposo, pero no se especifica si estas obras pertenecen a
su época en Leipzig o a su aprendizaje en Berlín.
El concierto en fa menor es el único realmente conocido de estas cinco piezas berlinesas,
gracias a la edición de la partitura en 1954. El concierto en re menor nos muestra la
extraordinaria habilidad con la que el joven compositor dominaba los difíciles recursos del
ritornello, tan de moda en su época. Muchos aficionados a la música detestan los conciertos
barrocos y algunas de las formas preclásicas; en particular, les hastían las repeticiones, y
les aburre una música mecánica, que se les antoja carente de expresividad, encasillada en unos
esquemas de los que el intérprete parece no poder escapar. Reto a estos melómanos a escuchar
esta "obrita", este "mero ejercicio de composición de un estudiante bien dotado". Cualquier
descripción mediante el uso del lenguaje habitual no haría justicia a este concierto, que tras
tanto tiempo olvidado merece una atenta audición. Es necesario que nos deleitemos con las
inversiones y aceleraciones del motivo principal, con los cambios de la tonalidad menor a la
mayor, y con el sabio pizzicato de las cuerdas en el Allegro final.
En la partitura original del concierto en si bemol mayor, una nota manuscrita del propio
Johann Christian reza: "He compuesto este concierto... ¿No es realmente precioso?". Aunque por
su estilo menos elaborado debe ser una de sus primeras obras, su orgullo juvenil está
plenamente justificado.
Estas partituras, bajo el mando de una batuta inteligente, nos sorprenden aún hoy por su
rebosante energía, su frescura y las numerosas pinceladas de genio que se ocultan detrás de
cada nota. Anthony Halstead y The Hanover Band, como en anteriores entregas de la serie, le
inyectan fuego a cada uno de los compases de estos conciertos, lo que resulta absolutamente
imprescindible para apreciarlos en toda su belleza.
CPO 999393-2
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