Bajo el título de Breviarium Hispanum, el nuevo sello español Lachrimae nos ofrece su primer
disco, una antología de la música polifónica española tanto sacra como profana desde el siglo
XII hasta el XVII. La grabación incluye piezas del Códice Calixtino (Congaudeant catholici
-primer ejemplo en Europa de pieza de este tipo expresamente escrita a tres voces- y
Cunctipotens genitor Deus), del Llibre Vermell (Inperayritz de la ciutat joyosa, Stella
splendens), del Cancionero de la Colombina (A los maitines era, ¡Qué bonito niño chiquito!),
del Cancionero de Palacio (Por unos puertos arriba, Pues que jamás olvidaros, Tres morillas
m'enamoran en Jaén, Con amores, mi madre, Virgen bendita sin par, La tricotea), del Cancionero
de Uppsala -más conocido ahora como Cançoner del Duc de Calabria- (¿Con qué la lavaré?, Soy
serranica, E la don, don, Verges Maria, Teresica hermana, Yo me soy la morenica), del
Cancionero de Medinaceli (Di perra mora, Corten espadas afiladas, Cavallero, si a Françia
ides, Lágrimas de mi consuelo, Prado verde y florido), del Cancionero de Turín (Por la puente,
Juana y ¿Dónde estás, señora mía?) y del Cancionero de la Sablonara (Filis del alma mía y las
preciosas seguidillas en eco de De tu vista zeloso). La interpretación corre a cargo del
Collegium Vocale de Madrid, bajo la supervisión de Gloria Ruiz Ramos y dirigido por Miguel
Ángel Jaraba Sánchez, quienes se han decantado por una versión exclusivamente vocal, con el
único acompañamiento de alguna percusión de manera ocasional, sin el apoyo de ningún otro
instrumento. Las comparaciones, aunque odiosas, son aquí inevitables. Si bien el grupo no está
todavía a la altura de la calidad interpretativa de modelos ineludibles que ya han sentado
cátedra en lo que a este repertorio se refiere, como Savall y la Capella Real de Catalunya o el
Ensemble Daedalus, sí se percibe tras la interpretación a un grupo de personas entusiastas que
parecen disfrutar haciendo música juntos. A veces, en estos tiempos donde a cada paso nos
asalta algún pretendido paranoico-maníaco-depresivo desocupado con la pertinaz intención de
incordiarnos en nuestra rutina diaria, uno no puede evitar pensar que el mundo sería un
auténtico paraíso si todos nos reuniéramos de vez en cuando para canalizar las inevitables
frustaciones que a todos nos afectan y desfogar nuestros ataques de histeria producidos por la
vida absurda a la que estamos sometidos, divirtiéndonos por unos momentos haciendo lo que
realmente nos gusta sin molestar a nadie, en compañía de otros arrebatados por la gracia como
nosotros. Me parece una excusa más que suficiente para grabar un disco. Y si esto además
contribuye a la difusión de nuestras músicas antiguas olvidadas tanto dentro como fuera de
nuestras fronteras, mejor que mejor.
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