Con un cierto retraso al que los consumidores ibéricos estamos ya
resignadamente acostumbrados (la reseña de este disco puede consultarse en
el ejemplar correspondiente a septiembre del pasado año de la revista
inglesa Gramophone), aparece por fin en España la grabación de los
Membra Jesu nostri de Buxtehude en la interpretación del Bach
Collegium Japan. Masaaki Suzuki, alumno directo de Koopman, no se ha
contentado con hacerle la competencia en su ciclo de cantatas de Bach, ni
con grabar un Mesías de Haendel que ha merecido excelentes críticas, ni con
un disco dedicado a Schütz. Su objetivo es esta vez el famoso ciclo de siete
cantatas de Buxtehude, una pieza dura de roer, especialmente teniendo en
cuenta el gran número de versiones ya existentes en el mercado, todas ellas
de una calidad más que notable. Basta citar al propio Koopman, a Gardiner, a
Jacobs o más recientemente a Fasolis. Para el lector interesado, recordamos
que en el Boletín de marzo se ofrecía una entrevista con Suzuki y en el de
abril el comentario de Leopoldo Baroja de la Pasión según San Juan de Bach a
cargo de estos mismos intérpretes.
Buxtehude era hijo de un organista, quien fue probablemente su único maestro.
Nació en Oldesloe (Dinamarca), pero la práctica totalidad de su actividad
como músico se desarrolló en la Iglesia de Santa María de la ciudad alemana
de Lübeck y numerosos documentos demuestran su dominio del alemán escrito,
por lo que se le considera junto con Bach y Schütz uno de los compositores
alemanes más relevantes e influyentes de su tiempo. Baste con recordar que
su fama era tal que el joven J. S. Bach se sintió impulsado a realizar un
viaje a pie de unos 300 km., abandonando todas sus obligaciones para
escucharle en las célebres Abendspielen o veladas musicales de las que
se hablaba en toda Alemania. La importancia de su obra organística es bien
conocida, y los que hemos tenido la fortuna de escuchar en algún disco
alguna de sus obras de cámara aún estamos fascinados por la perturbadora
experiencia. Su música vocal está bastante menos difundida, exceptuando los
famosos Membra que ahora nos ocupan. Buxtehude dedicó este ciclo de
siete cantatas de Pasión a su amigo Gustaf Düben, director de música del rey
de Suecia. Al parecer no están concebidas para interpretarse juntas. Cada
una de ellas es una meditación sobre una de las partes del cuerpo del
Salvador aquejadas por heridas durante su crucifixión (pies, rodillas, manos,
costado, pecho, corazón y rostro, en este preciso orden). La estructura es
en todas muy similar. Como introducción se emplea una conmovedora sonata
instrumental -in tremulo en el caso de la segunda, Ad genua. El
texto, en Latín (algo no habitual en el autor), recoge primero un versículo
de la Vulgata a cargo del coro en el que aparece el nombre de la parte del
cuerpo a la que se dedica la cantata, pero sin referirse directamente a la
historia de la Pasión. A continuación aparecen las intervenciones de los
solistas, o de dúos, con textos tomados de Rythmica Oratio Sancti
Bernardi, obra atribuida a Bernardo de Clairvaux. Finalmente, el coro
repite los textos iniciales. Hay dos curiosas excepciones. Ad latus es
la más enigmática de todas. El texto inicial no menciona la palabra "costado"
; se trata de un versículo del Cantar de los Cantares cuya traducción sería
algo así: "¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven, paloma mía, en las
grietas de la roca, en escarpados escondrijos!". El significado de la
meditación de la Rhythmica Oratio es igualmente hermético: "En la
hora de mi muerte, que mi aliento entre, Jesús, en tu costado; de aquí
saliendo hacia Ti vaya, para que no lo ataque león fiero, sino que
permanezca cerca de Ti.". Así como la paloma encuentra refugio en las
oquedades de las rocas, así el alma se cobija en el costado abierto de
Cristo, pero la verdad es que tanta paloma, león, aliento y costado más
parecen procedentes de citas de Lao Tsé que procedentes de un texto católico,
lo cual puede dar pie a mucho que pensar. Ad pectus usa -procedente
de una cita del Evangelio de San Pedro- la leche materna para referirse al
pecho, pero curiosamente omite justo la palabra "leche" que sí está presente
en el texto original. El clímax del ciclo se alcanza en la persistente
repetición de la sexta menor descendente en Ad cor (Cantata VI)-que
según el manuscrito de Buxtehude debe ser interpretada "con la más humilde
devoción de todo el corazón"- y en el impresionante empleo de la disonancia,
sobre la palabra plagae en Ad manus (Cantata III). La
ejecución es absolutamente sobrecogedora; la serena delicadeza con la que
los japoneses deslizan sus magníficas voces por este texto en perfecto latín,
casi acariciándolo, es realmente conmovedora. Destacan sobre todo la
brillante interpretación del magnífico contratenor Yoshikazu Mera, el bonito
timbre de bajo Yoshitaka Ogasawara, y las inspiradas intervenciones de
Hidemi Suzuki al violonchelo. Lamento no estar de acuerdo con el crítico de
Gramophone en cuanto a la reverberación de la grabación -de una
nitidez cristalina-, que me parece la justa...
BIS CD-871
(También disponibles 921/922, 751, 781, 791, 801, 841, 851, 881, 901, 931,
941/942, 891/892, 821, 831/832)
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