Llega a nuestro país la esperada versión del famoso ciclo de cantatas de Buxtehude (1637-1707) a cargo del Bach Collegium Japan en BIS

Los Membra de los japoneses

           Con un cierto retraso al que los consumidores ibéricos estamos ya resignadamente acostumbrados (la reseña de este disco puede consultarse en el ejemplar correspondiente a septiembre del pasado año de la revista inglesa Gramophone), aparece por fin en España la grabación de los Membra Jesu nostri de Buxtehude en la interpretación del Bach Collegium Japan. Masaaki Suzuki, alumno directo de Koopman, no se ha contentado con hacerle la competencia en su ciclo de cantatas de Bach, ni con grabar un Mesías de Haendel que ha merecido excelentes críticas, ni con un disco dedicado a Schütz. Su objetivo es esta vez el famoso ciclo de siete cantatas de Buxtehude, una pieza dura de roer, especialmente teniendo en cuenta el gran número de versiones ya existentes en el mercado, todas ellas de una calidad más que notable. Basta citar al propio Koopman, a Gardiner, a Jacobs o más recientemente a Fasolis. Para el lector interesado, recordamos que en el Boletín de marzo se ofrecía una entrevista con Suzuki y en el de abril el comentario de Leopoldo Baroja de la Pasión según San Juan de Bach a cargo de estos mismos intérpretes.

           Buxtehude era hijo de un organista, quien fue probablemente su único maestro. Nació en Oldesloe (Dinamarca), pero la práctica totalidad de su actividad como músico se desarrolló en la Iglesia de Santa María de la ciudad alemana de Lübeck y numerosos documentos demuestran su dominio del alemán escrito, por lo que se le considera junto con Bach y Schütz uno de los compositores alemanes más relevantes e influyentes de su tiempo. Baste con recordar que su fama era tal que el joven J. S. Bach se sintió impulsado a realizar un viaje a pie de unos 300 km., abandonando todas sus obligaciones para escucharle en las célebres Abendspielen o veladas musicales de las que se hablaba en toda Alemania. La importancia de su obra organística es bien conocida, y los que hemos tenido la fortuna de escuchar en algún disco alguna de sus obras de cámara aún estamos fascinados por la perturbadora experiencia. Su música vocal está bastante menos difundida, exceptuando los famosos Membra que ahora nos ocupan. Buxtehude dedicó este ciclo de siete cantatas de Pasión a su amigo Gustaf Düben, director de música del rey de Suecia. Al parecer no están concebidas para interpretarse juntas. Cada una de ellas es una meditación sobre una de las partes del cuerpo del Salvador aquejadas por heridas durante su crucifixión (pies, rodillas, manos, costado, pecho, corazón y rostro, en este preciso orden). La estructura es en todas muy similar. Como introducción se emplea una conmovedora sonata instrumental -in tremulo en el caso de la segunda, Ad genua. El texto, en Latín (algo no habitual en el autor), recoge primero un versículo de la Vulgata a cargo del coro en el que aparece el nombre de la parte del cuerpo a la que se dedica la cantata, pero sin referirse directamente a la historia de la Pasión. A continuación aparecen las intervenciones de los solistas, o de dúos, con textos tomados de Rythmica Oratio Sancti Bernardi, obra atribuida a Bernardo de Clairvaux. Finalmente, el coro repite los textos iniciales. Hay dos curiosas excepciones. Ad latus es la más enigmática de todas. El texto inicial no menciona la palabra "costado" ; se trata de un versículo del Cantar de los Cantares cuya traducción sería algo así: "¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven, paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos!". El significado de la meditación de la Rhythmica Oratio es igualmente hermético: "En la hora de mi muerte, que mi aliento entre, Jesús, en tu costado; de aquí saliendo hacia Ti vaya, para que no lo ataque león fiero, sino que permanezca cerca de Ti.". Así como la paloma encuentra refugio en las oquedades de las rocas, así el alma se cobija en el costado abierto de Cristo, pero la verdad es que tanta paloma, león, aliento y costado más parecen procedentes de citas de Lao Tsé que procedentes de un texto católico, lo cual puede dar pie a mucho que pensar. Ad pectus usa -procedente de una cita del Evangelio de San Pedro- la leche materna para referirse al pecho, pero curiosamente omite justo la palabra "leche" que sí está presente en el texto original. El clímax del ciclo se alcanza en la persistente repetición de la sexta menor descendente en Ad cor (Cantata VI)-que según el manuscrito de Buxtehude debe ser interpretada "con la más humilde devoción de todo el corazón"- y en el impresionante empleo de la disonancia, sobre la palabra plagae en Ad manus (Cantata III). La ejecución es absolutamente sobrecogedora; la serena delicadeza con la que los japoneses deslizan sus magníficas voces por este texto en perfecto latín, casi acariciándolo, es realmente conmovedora. Destacan sobre todo la brillante interpretación del magnífico contratenor Yoshikazu Mera, el bonito timbre de bajo Yoshitaka Ogasawara, y las inspiradas intervenciones de Hidemi Suzuki al violonchelo. Lamento no estar de acuerdo con el crítico de Gramophone en cuanto a la reverberación de la grabación -de una nitidez cristalina-, que me parece la justa...

           BIS CD-871

           (También disponibles 921/922, 751, 781, 791, 801, 841, 851, 881, 901, 931, 941/942, 891/892, 821, 831/832)



Volver al menú principal Volver a la lista de artículos de DIVERDI