Una no puede evitar preguntarse cuál es la oscura razón por la cual las
compañías discográficas no graban en una sola entrega la obra completa de
algunos compositores de los que nos ha quedado un legado tan exiguo. Este
hecho es especialmente sangrante en el caso de Castello; los avatares del
tiempo sólo han permitido la conservación de dos libros de sonatas (que hacen
un total de 29 obras) y una obra vocal, el motete Exultate Deo. No
parece muy difícil grabar la integral de este compositor en tres discos. Pero
antes de quejarnos, conviene preguntarse cuántos de los que nos
autodenominamos aficionados a la música estaríamos dispuestos a pagar el
precio de un álbum triple en serie cara sin protestar y sin pensárnoslo dos
veces, y más teniendo en cuenta que del pobre Castello no se conservan ni
siquiera datos biográficos fiables. Así que el esfuerzo de RICERCAR para
publicar este disco es muy de agradecer, máxime cuando cuentan con una excusa
estupenda de razonamiento similar a éste: la música de Castello es
interesante, pero si hacer una integral es caro y produce pocas beneficios,
incluyamos un compacto con algunas de sus mejores sonatas en nuestra serie
La herencia de Monteverdi a manera de sampler de su obra
completa.
Aunque se ha insistido muchas veces en que Castello no es más que uno de los
muchos compositores italianos de aquella época cuyo nombre se hubiera
borrado de la Historia de no ser por las numerosas copias de sus sonatas, su
música es suficientemente elocuente. Su estilo, a caballo entre la
melancolía de Monteverdi y la fuerza expresiva de Marini, es un ejemplo
típico del stilo concertatato o "rivalizante", en el que las voces o
los instrumentos compiten o contrastan entre sí. En las sonatas de Castello,
el bajo continuo adquiere un papel preponderante, tan importante o más que
las partes solistas, que llevan un tratamiento virtuosístico independiente.
De las Sonate Concertate existía ya una versión de Fabio Biondi y
L’Europa Galante, también incompleta, y sin hacer uso de cornetas, y una
grabación de algunas de las sonatas del grupo Concerto Palatino, con Bruce
Dickey en Accent (ACC 9058 D), compartida con obras de Scarani. El disco de
La Fenice en RICERCAR repite bastantes obras, pero las versiones son
completamente diferentes. La instrumentación de La Fenice es mucho más rica y
seguramente más apropiada para la ocasión: se incluyen cornetas, sacabuches
y fagot, ausentes en las versiones de Biondi, y el bajo continuo presenta
una exuberante variedad tímbrica, plagada de matices poco habituales. Los
que ya conozcan las sonatas quedarán deslumbrados por las pinceladas de luz
que aportan, en ciertos momentos, el uso aquí y allá de un órgano, un
chitarrone o un archilaúd. La corneta resulta tan imprescindible que cuesta
trabajo entender que no la echásemos de menos en la versión de Biondi. Uno
desearía que no dejasen de sonar; claro que siempre queda el recurso de
apretar la tecla Repeat o similar del reproductor... Cuando M. C.
Kiehr canta en el motete antes aludido, Exultate Deo, incluido también
en el disco, la letra Buccinate in neomenia tuba... (Soplad las
trompas en la luna nueva...) uno gritaría : "¡Eso! ¡Buccinate! ¡En la
luna nueva o cuando queráis, pero buccinate! La supremacía de Biondi
solo resulta evidente en sonatas como la decimoquinta, donde el dominio de
los arcos en pasadas arrebatadoras juega un papel decisivo en la expresividad
. Como contrapartida, los de La Fenice se atreven (y salen gallardamente
airosos) con la bella y original sonata decimoséptima "per due violini e
due cornetti in ecco", que no aparece en el registro de Biondi, y de la
que yo solo conocía la grabación (con flautas en lugar de cornetas) de
Musica Antiqua de Colonia con Goebel en un disco Koch-Schwann (3-1060-2),
aunque en el disco de Dickey antes aludido aparece también, esta vez con dos
trombones, fagot y clave, pero sin violines. Entre otros atractivos, se
incluye la sonata segunda -la única obra aquí ofrecida perteneciente al
primer libro- con corneta muda, viola y arpa triple con un inolvidable solo
de Jean Tubery, quien también se luce en la sonata segunda del libro segundo
.
Cabe resaltar, por último, las excelentes las notas de Jean Tubéry, mucho más
completas que la escasa información que puede encontrarse sobre el
compositor en cualquier enciclopedia sobre música o en las carpetillas de
otros discos, y que contienen interesantes precisiones sobre la verosimilitud
del uso eclesiástico de estas sonatas y la posible influencia de algunas de
sus características en las obras de Monteverdi .
RICERCAR 206422
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