Cuarta entrega de la serie de RICERCAR "La herencia de Monteverdi", dedicada a Dario Castello ( ?- 1644)

¡Buccinate in neomenia tuba o cuando queráis, pero por Dios, buccinate!

           Una no puede evitar preguntarse cuál es la oscura razón por la cual las compañías discográficas no graban en una sola entrega la obra completa de algunos compositores de los que nos ha quedado un legado tan exiguo. Este hecho es especialmente sangrante en el caso de Castello; los avatares del tiempo sólo han permitido la conservación de dos libros de sonatas (que hacen un total de 29 obras) y una obra vocal, el motete Exultate Deo. No parece muy difícil grabar la integral de este compositor en tres discos. Pero antes de quejarnos, conviene preguntarse cuántos de los que nos autodenominamos aficionados a la música estaríamos dispuestos a pagar el precio de un álbum triple en serie cara sin protestar y sin pensárnoslo dos veces, y más teniendo en cuenta que del pobre Castello no se conservan ni siquiera datos biográficos fiables. Así que el esfuerzo de RICERCAR para publicar este disco es muy de agradecer, máxime cuando cuentan con una excusa estupenda de razonamiento similar a éste: la música de Castello es interesante, pero si hacer una integral es caro y produce pocas beneficios, incluyamos un compacto con algunas de sus mejores sonatas en nuestra serie La herencia de Monteverdi a manera de sampler de su obra completa.

           Aunque se ha insistido muchas veces en que Castello no es más que uno de los muchos compositores italianos de aquella época cuyo nombre se hubiera borrado de la Historia de no ser por las numerosas copias de sus sonatas, su música es suficientemente elocuente. Su estilo, a caballo entre la melancolía de Monteverdi y la fuerza expresiva de Marini, es un ejemplo típico del stilo concertatato o "rivalizante", en el que las voces o los instrumentos compiten o contrastan entre sí. En las sonatas de Castello, el bajo continuo adquiere un papel preponderante, tan importante o más que las partes solistas, que llevan un tratamiento virtuosístico independiente. De las Sonate Concertate existía ya una versión de Fabio Biondi y L’Europa Galante, también incompleta, y sin hacer uso de cornetas, y una grabación de algunas de las sonatas del grupo Concerto Palatino, con Bruce Dickey en Accent (ACC 9058 D), compartida con obras de Scarani. El disco de La Fenice en RICERCAR repite bastantes obras, pero las versiones son completamente diferentes. La instrumentación de La Fenice es mucho más rica y seguramente más apropiada para la ocasión: se incluyen cornetas, sacabuches y fagot, ausentes en las versiones de Biondi, y el bajo continuo presenta una exuberante variedad tímbrica, plagada de matices poco habituales. Los que ya conozcan las sonatas quedarán deslumbrados por las pinceladas de luz que aportan, en ciertos momentos, el uso aquí y allá de un órgano, un chitarrone o un archilaúd. La corneta resulta tan imprescindible que cuesta trabajo entender que no la echásemos de menos en la versión de Biondi. Uno desearía que no dejasen de sonar; claro que siempre queda el recurso de apretar la tecla Repeat o similar del reproductor... Cuando M. C. Kiehr canta en el motete antes aludido, Exultate Deo, incluido también en el disco, la letra Buccinate in neomenia tuba... (Soplad las trompas en la luna nueva...) uno gritaría : "¡Eso! ¡Buccinate! ¡En la luna nueva o cuando queráis, pero buccinate! La supremacía de Biondi solo resulta evidente en sonatas como la decimoquinta, donde el dominio de los arcos en pasadas arrebatadoras juega un papel decisivo en la expresividad . Como contrapartida, los de La Fenice se atreven (y salen gallardamente airosos) con la bella y original sonata decimoséptima "per due violini e due cornetti in ecco", que no aparece en el registro de Biondi, y de la que yo solo conocía la grabación (con flautas en lugar de cornetas) de Musica Antiqua de Colonia con Goebel en un disco Koch-Schwann (3-1060-2), aunque en el disco de Dickey antes aludido aparece también, esta vez con dos trombones, fagot y clave, pero sin violines. Entre otros atractivos, se incluye la sonata segunda -la única obra aquí ofrecida perteneciente al primer libro- con corneta muda, viola y arpa triple con un inolvidable solo de Jean Tubery, quien también se luce en la sonata segunda del libro segundo .

           Cabe resaltar, por último, las excelentes las notas de Jean Tubéry, mucho más completas que la escasa información que puede encontrarse sobre el compositor en cualquier enciclopedia sobre música o en las carpetillas de otros discos, y que contienen interesantes precisiones sobre la verosimilitud del uso eclesiástico de estas sonatas y la posible influencia de algunas de sus características en las obras de Monteverdi .

           RICERCAR 206422



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