CPO publica el primer volumen de los conciertos para instrumentos de viento de J. C. Bach (1735-1782)

Una galante aura amorosa, o el aburguesamiento del concierto de viento

           A mediados del s. XVIII se afianza en Europa una nueva corriente musical que desafía el gusto imperante hasta aquel momento. Las ideas de los viejos "dinosaurios musicales" como J. S. Bach son despreciadas por ser "poco naturales", y la Música se desliga de la ciencia a pasos agigantados. Ya no es una de las disciplinas del Quadrivium ; desaparece paulatinamente su vinculación a la Matemática, y Diderot y D‘Alambert incluyen su definición en la Enciclopedia en el epígrafe "Imaginación". Las melodías, inspiradas en ritmos de danza lo más uniformes posible, deben ser aligeradas del contrapunto ; la fuga es considerada como un artificio para el lucimiento de la sapiencia del compositor, pero no parece concebida para agradar al oyente sino para hacer ruido. Sin embargo, se cuida al máximo la ornamentación. Estamos ante el nacimiento del estilo galant, influenciado sin duda por la creciente demanda de piezas interpretables por una nueva clase social de aficionados no necesariamente virtuosos. Los conocimientos musicales eran un adorno apreciado en las damas de alcurnia, que podían exhibir sus habilidades en las reuniones ; y así encontramos muchas composiciones de la época con las indicaciones "para las damas", "para la diversión del bello sexo"... Se trata de un estilo intermedio, que tiende a la eliminación de los extremos pretendiendo igualar al ejecutante experto y al principiante, y que intenta ser espontáneo y alegre, y cuyo gran peligro es caer en la ñoñería.

           En el estilo galant la interpretación es sumamente importante, y cada fragmento de la obra puede pasar de ser una joya facetada con bellísimos matices y exquisita delicadeza a una sosería insustancial e insoportable ; una pieza de un compositor como Johann Christian se convierte en una piedra de toque para los músicos. La Hanover Band supera una vez más airosamente la prueba en lo que parece va a convertirse en una espléndida integral con momentos muy brillantes. Las obras del más cosmopolita de los hijos de Bach son contempladas desde una óptica diferente, como parecen sugerir las extrañas irisaciones de los bordes de cristal fotografiados con luz polarizada que aparecen en todas las portadas. No son éstas las composiciones que cabría esperar de un músico decadente o "fácil", como han dicho de él algunos musicólogos, sino las de un hombre genial adaptado a las corrientes de su tiempo, que gozó de gran aceptación y popularidad, y cuya gloria posterior fue eclipsada por el brillo de Haydn y Mozart. Para esta ocasión, Halstead ha contado con Anthony Robson, el oboísta de la Orchestra of the Age of Enlightenment, y el fagotista Jeremy Wand y la flautista Rachel Brown de Collegium Musicum 90. Todos ellos han merecido elogiosas críticas en diversas publicaciones y cuentan con una abultada experiencia en el campo de la grabación de repertorios poco explorados, y sus curricula en grupos punteros de la música antigua son realmente impresionantes.

           Las notas de Ernest Warburton - en francés, inglés y alemán - atestiguan una prolongada y ardua tarea de investigación entre manuscritos de difícil localización y acceso. Apoyándose entre otras cosas en el tipo de papel utilizado se puede deducir la época a la que pertenecen algunas composiciones y es posible suponer que dos movimientos conservados en distintas bibliotecas pueden pertenecer a un mismo concierto. Este tipo de suposiciones son expuestas como meras conjeturas, y en ningún momento se presentan como verdades absolutas ; en cualquier caso, los planteamientos resultan interesantes. Así, el Concierto para flauta en re mayor queda reducido a dos movimientos. El tradicional movimiento intermedio, que es en realidad el andante de la obertura de Amadis de Gaule, queda suprimido. El Concierto para fagot en mi bemol mayor (¡cuidado con la errata del texto en inglés!) se presenta aquí como una revisión de una Sinfonía Concertante (hasta ahora se pensaba que era al revés), resultado de la admiración de J. C. Bach por Ritter, un virtuoso fagotista de la corte de Mannheim. En cuanto al Concierto nº 1 para oboe, es el antecedente del Concierto para flauta en sol mayor, del cual es simple arreglo, y el minueto fue usado para una sonata para viola de gamba compuesta probablemente para Abel.

           Todas estas disquisiciones son sin duda de sumo interés, pero a buen seguro no fueron el leit motiv que inspiró a Johann Christian. Así pues, disfrutemos sin más dilación de estos deliciosos conciertos que diríase fueron pensados para evadirnos de las preocupaciones de la rutina diaria, mientras esperamos las nuevas sorpresas que sin duda nos depararán las próximas entregas de esta serie.

           CPO 999346-2 (También disponibles CPO 999299-2, 999268-2, 999298-2, 999129-2)



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