MOZART
Conciertos para violín 1-5 ; Rondo K269 (261a) ; Rondo K373 ; Adagio K261
Deutsche Kammerphilarmonie
Christian Tetzlaff, violín y director
Virgin 545214-2 DDD


           Sabido es que Mozart, desde niño, era un gran virtuoso del violín. Su padre y maestro, Leopold, violinista, se ocupó en persona de su formación, y no pudo evitar una cierta decepción cuando comprendió que sus preferencias se decantaban claramente hacia el piano. Ello no supuso ningún obstáculo para que dedicara al violín cinco maravillosos conciertos. Aprovechó sus frecuentes viajes a Italia para absorber las variantes del estilo italiano. Los conciertos de Vivaldi, estructurados en tres movimientos, y con divisiones en partes a tutti y a solo, todavía gozaban de gran popularidad. Y aunque Mozart asimiló gustosamente muchos de los elementos presentes en las obras de Locatelli, Tartini, Corelli y el propio Vivaldi, supo imprimir a sus conciertos su inconfundible sello personal. El primero es, lógicamente, el que menos características exclusivamente mozartianas presenta de los cinco, con muchos más elementos italianos, y compuesto al modo de una conversación o diálogo entre los instrumentos. Pero estos conciertos nos permiten gozar de instantes tan gloriosos y conocidos como la sigilosa y cálida introducción que consiguen la flauta y los violines con sordina en el Adagio del nº 3, la serena dulzura del Andante Cantabile del nº 4 o los bárbaros contrastes entre el galante minueto que sirve como base al movimiento y los feroces col legno impuestos por la partitura a violonchelos y contrabajos en el Rondo del nº 5 -particularmente logrados, por cierto, en la versión aquí comentada- que han hecho que este concierto se haya ganado a pulso el sobrenombre de El Turco. Pero precisamente por esto y porque son obras sin parangón en su tiempo resultan muy difíciles de abordar, ya que a su carácter intimista no le cuadra la interpretación con una gran orquesta y un solista que sólo pretenda su personal lucimiento. Las grabaciones que presentan los cinco conciertos, como la que aquí reseñamos, suelen incluir también el Adagio K261 -compuesto al parecer como movimiento alternativo al Adagio del concierto nº5-, el Rondo K269 -que es un finale para el concierto nº1-, y el Rondo K373.

           Christian Tetzlaff es un joven violinista de gran expresividad que ha merecido el reconocimiento de la crítica internacional, y su versión es excelente. Las cadencias, del propio Tetzlaff, no carecen de interés, pero uno no puede evitar preguntarse por qué esta insistencia en grabar repertorios ya muy conocidos. Soy una firme partidaria de respetar la libertad tanto de los artistas como de los sellos discográficos a la hora de escoger el tema de sus grabaciones, pero hemos de reconocer que en estos conciertos existe ya una competencia previa muy fuerte, ya sea haciendo uso de instrumentos originales o modernos; las excelentes versiones de Isaac Stern, Zino Francescatti, Arthur Grumiaux y sobre todo, Gidon Kremer (recomendada encarecidamente por la Guía CD COMPACT del Clasicismo) o las opciones historicistas de Simon Standage y Monica Huggett ya han dejado planteadas muchas alternativas.



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