Nueva versión de los conciertos para violoncelo de C.P.E. Bach (1714-1788) en versión del Bach Collegium Japan en BIS.

Las ¿pretensiones? del violoncelo

           Aquellos de entre los lectores que tengan un amigo violoncelista le habrán oído más de una vez quejarse amargamente de la escasa literatura musical que existe para su instrumento. Muy pocos de los grandes compositores románticos le han dedicado especial atención. ¿Por qué razón es entonces tan difícil encontrar buenas grabaciones- y menos aún, interpretaciones en directo en las programaciones de los auditorios- de ninguno de los tres conciertos, tres, de Carl Philipp Emanuel Bach, que se sitúan estilística y cronológicamente entre los veintiocho de Vivaldi y los de Haydn y Boccherini? La razón es bastante sencilla: desde el punto de vista interpretativo, estos conciertos son endemoniados. De todos ellos existen versiones alternativas para clave y para flauta. De hecho, solamente del Wq. 170 se conserva la partitura para violoncelo de puño y letra del propio Carl Philipp Emanuel. La mayoría de los autores suponen que la primera versión de estos conciertos fue la de clave (recordemos que C.P.E. Bach fue un eminente clavecinista). Fueron compuestos durante la estancia del compositor en la corte de Federico II de Prusia, donde el violoncelista Christian Friedrich Schale era uno de los músicos más destacados de la orquesta, y probablemente estaban dedicados a la mayor gloria y personal lucimiento de este virtuoso. Es francamente difícil para el solista arrancar de las cuerdas del violoncelo los delicados matices que estos conciertos exigen, y la agilidad que se requiere para la ornamentación es más propia de un instrumento de viento o uno de teclado.

           Con la grabación de este compacto, el Bach Collegium Japan continúa desafiando a algunos de sus más feroces detractores. El polémico grupo japonés está creando escuela, defendido en todo momento a capa y espada por el productor de BIS, Robert von Bahr, y persiste en su empeño de demostrarnos que no son meros imitadores de sus colegas europeos. Hidemi Suzuki, alumno de Bylsma, es un gran violoncelista dotado de exquisita sensibilidad, y supera en algunos momentos los arrebatos místicos de la versión de su maestro -que es la que todavía hoy se considera como referencia de estas obras-, pero sin desconcertar a la orquesta. Consigue que sus pasadas de arco inflamen las notas de cada allegro, y su delicada sutileza en los movimientos lentos nos hace descubrir en estos conciertos pinceladas puntillistas cuya expresividad tan sólo podría ser adivinada en versiones de flauta o de teclado. Suzuki ha entendido muy bien la idea expuesta por C. P. E. Bach en su Ensayo: "Se debe tocar con el alma, y no como un pájaro bien amaestrado." Es difícil a veces entender el sentido completo de estas obras del Empfindsamer Stil, y no podemos evitar sentir una cierta inquietud ante sus despliegues de efectos, de alternancias; se trata de un rico diálogo que no posee la claridad descriptiva de las obras románticas posteriores, pero que de algún modo las preconiza, y que a veces aturde al oyente por la profusión de mensajes que pueden resultar confusos. Ajena a ello, la versión de Suzuki habla directamente al corazón, y, como decía J. C. Cabello en su crítica de la versión de El clave bien temperado de Masaaki Suzuki, "a mí me ha convencido".

           BIS CD-807



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