Aquellos de entre los lectores que tengan un amigo violoncelista le habrán oído más de una vez
quejarse amargamente de la escasa literatura musical que existe para su instrumento. Muy pocos
de los grandes compositores románticos le han dedicado especial atención. ¿Por qué razón es
entonces tan difícil encontrar buenas grabaciones- y menos aún, interpretaciones en directo en
las programaciones de los auditorios- de ninguno de los tres conciertos, tres, de Carl Philipp
Emanuel Bach, que se sitúan estilística y cronológicamente entre los veintiocho de Vivaldi y
los de Haydn y Boccherini? La razón es bastante sencilla: desde el punto de vista
interpretativo, estos conciertos son endemoniados. De todos ellos existen versiones
alternativas para clave y para flauta. De hecho, solamente del Wq. 170 se conserva la partitura
para violoncelo de puño y letra del propio Carl Philipp Emanuel. La mayoría de los autores
suponen que la primera versión de estos conciertos fue la de clave (recordemos que C.P.E. Bach
fue un eminente clavecinista). Fueron compuestos durante la estancia del compositor en la corte
de Federico II de Prusia, donde el violoncelista Christian Friedrich Schale era uno de los
músicos más destacados de la orquesta, y probablemente estaban dedicados a la mayor gloria y
personal lucimiento de este virtuoso. Es francamente difícil para el solista arrancar de las
cuerdas del violoncelo los delicados matices que estos conciertos exigen, y la agilidad que se
requiere para la ornamentación es más propia de un instrumento de viento o uno de teclado.
Con la grabación de este compacto, el Bach Collegium Japan continúa desafiando a algunos de sus
más feroces detractores. El polémico grupo japonés está creando escuela, defendido en todo
momento a capa y espada por el productor de BIS, Robert von Bahr, y persiste en su empeño de
demostrarnos que no son meros imitadores de sus colegas europeos. Hidemi Suzuki, alumno de
Bylsma, es un gran violoncelista dotado de exquisita sensibilidad, y supera en algunos momentos
los arrebatos místicos de la versión de su maestro -que es la que todavía hoy se considera como
referencia de estas obras-, pero sin desconcertar a la orquesta. Consigue que sus pasadas de
arco inflamen las notas de cada allegro, y su delicada sutileza en los movimientos lentos nos
hace descubrir en estos conciertos pinceladas puntillistas cuya expresividad tan sólo podría
ser adivinada en versiones de flauta o de teclado. Suzuki ha entendido muy bien la idea
expuesta por C. P. E. Bach en su Ensayo: "Se debe tocar con el alma, y no como un pájaro bien
amaestrado." Es difícil a veces entender el sentido completo de estas obras del Empfindsamer
Stil, y no podemos evitar sentir una cierta inquietud ante sus despliegues de efectos, de
alternancias; se trata de un rico diálogo que no posee la claridad descriptiva de las obras
románticas posteriores, pero que de algún modo las preconiza, y que a veces aturde al oyente
por la profusión de mensajes que pueden resultar confusos. Ajena a ello, la versión de Suzuki
habla directamente al corazón, y, como decía J. C. Cabello en su crítica de la versión de El
clave bien temperado de Masaaki Suzuki, "a mí me ha convencido".
BIS CD-807
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