EN SEUMEILLANT. ARS SUBTILIOR FRANCÉS.

Obras de Baude Cordier (Belle, bonne, sage; Tout par compas), Johannes Cuvelier (Se Geneive, Se Galaas) Johannes Galiot (Se vos ne volés, En attendant souffrir, En attendant d'avoir), Jehan Vaillant (Per maintes foys, Onques Jacob), Jacob de Senleches (En attendant esperance, Tel me voit), Trebor (En seumeillant) TRÍO SUBTILIOR: Janne Eriksson, Joan Izquierdo, Anna Margules (flautas de pico). ARS ARMONICA- LA MÀ DE GUIDO. AH025, 1997, 68' 34'', DDD

           La propuesta de este disco es atrevida y, desde luego, no exenta de riesgos económicos. Claro está que si unos artistas se atreven a grabar un compacto de Ars Subtilior no están pensando en argumentos comerciales. Si a esto le añadimos que todas las piezas son interpretadas exclusivamente con flautas, sin acompañamiento de ningún otro instrumento, sin que ninguna voz cante los textos en ningún momento, ya estamos hablando de un disco casi para exclusivo deleite de flautistas o de locos por la flauta como imagino que, afortunadamente, somos todos los que leemos esta Revista. Pero la interpretación no es la única insinuación audaz. La presentación es sencilla, desnuda, casi virginal. La carátula, intensamente blanca, reproduce el manuscrito en forma de corazón del rondeau Belle, bonne, sage de Cordier. La foto de los intérpretes supone un fuerte contraste; el fondo es negro, la iluminación dura y directa produce extraños efectos en las sombras de sus rostros. En un extraño montaje, y prisioneras de las mismas condiciones de luz, las flautas surgen delante de ellos, vistas desde arriba con un cierto ángulo de inclinación, como un extraño bosque de tubos de madera de un órgano fantasma. Solo se ofrecen en el libreto los textos de las composiciones, en su idioma original. Nada más. Ni traducciones, ni notas, ni aclaraciones de por qué se ha elegido éste o aquel criterio... Sólo música infinitamente bella, despojada de todo lo que no parece esencial, en la voz del más puro de los instrumentos (desnudo de armónicos). El vínculo que ligaba mágicamente arte, matemática y poesía en este refinado movimiento musical de finales del s. XIV se confía aquí, según la propia declaración de los miembros del Trío Subtilior, a la imaginación del oyente, definiéndose en esta grabación, como en un boceto, nada más que sus líneas esenciales. Y tal vez aquí resida la fuerza y el principal valor de este disco; estamos acostumbrados a la disección absoluta de unas piezas que se concibieron como muestras muy sutiles de una sabiduría encriptada a propósito. Otros discos presentan libretos que son verdaderos ensayos en sí mismos, obras encomiables sumamente pródigas en detalles sobre los autores, el momento histórico, las obras escogidas, tras cuyas páginas subyacen en algunos casos años de ardua investigación... Y si bien es cierto que conocer las relaciones matemáticas ocultas en los ritmos de esta música y los posibles significados secretos de las metáforas y acrónimos de sus versos nos permiten sin duda disfrutarla mejor, no podemos olvidar que los compositores del Ars Subtilior presentaban todos estos elementos de manera hermética a propósito; sólo un iniciado podría entenderlos y disfrutar de ellos. Antes de acusar de pereza a los editores del libreto de este disco, y vistas así las cosas, ¿no estamos traicionando un poco el espíritu de los autores cuando desvelamos el misterio? ¿No es verdad que cuanto más diseccionamos un símbolo, reduciéndolo al nivel léxico mediante la palabra, más destruimos su capacidad de ser entendido universalmente? Se podría debatir durante horas sobre esto, que es probablemente lo que los intérpretes persiguen. La polémica queda abierta.

           Pidiendo por tanto disculpas de antemano por traicionar este espíritu parco y radical, facilitaré algunos detalles para el lector curioso. En el disco se ofrecen doce composiciones que se pueden clasificar en tres tipos, según la rima y medida de sus estrofas: ballades, rondeaux y virelais, las tres formas fijas que dominan la música y la poesía francesas de los siglos XIV y XV. Las dos primeras provienen en origen de la danza, y la tercera parece descender del zéjel mozárabe. Su etimología (vire- lai) parece sugerir una aspiración a virar, cambiar la forma del lai, de patrón armónico más desordenado.

           Las dos obras ofrecidas de Baude Cordier son casi gráficas, anticipándose en más de cinco siglos a los "originales" caligramas de Apollinaire. La partitura tiene formas definidas: una de ellas (la que, como ya dijimos antes, se ofrece en la portada) es un corazón y la otra un canon circular. La disminución en su notación sugiere que pueden ser obras posteriores a 1400. Se Galaas, de Cuvelier, cita el famoso grito de guerra (Febus Avant!) de Gaston Febus (1331-1391), conde de Foix y Bearn. En la tumultuosa segunda mitad del siglo XIV, tras la Peste Negra, el Cisma de Occidente entre Roma y Aviñón y la Guerra de los Cien Años, Gaston fue un hábil hombre de estado que se vio obligado a servir simultáneamente a dos reyes, el de Francia (que poseía Foix) e Inglaterra (que dominaba Bearn) que estaban en guerra entre sí. Fue también un intelectual de su época y reunió en torno suyo una afamada corte. De Galiot aparece En attendant d'avoir, un rondeau a tres voces de estructura isorrítmica y estilo sincopado. Parece ser que la ballade que aquí se le atribuye -En attendant souffrir- podría ser de Philippus de Caserta, aunque según el Codex Chantilly, Galiot sería su autor. Jacob de Senleches, apodado lo bègue en Aragón, fue arpista del cardenal Pedro de Luna (más tarde Benedicto XIII), y en el disco aparecen dos de sus obras. La ballade Onques Jacob de Vaillant es del estilo de Machaut, lo que no debe de extrañarnos ya que fueron contemporáneos. Su virelai Par maintes foys, que imita el canto de los pájaros, es de estilo muy distinto y debió de ser muy popular porque aparece en ocho fuentes diferentes. En seumeillant de Trebor, que da título al disco, está dedicado a Juan I de Aragón y a su lucha contra las tentativas de independencia de Cerdeña en 1389.

           Solo resta añadir que la toma de sonido realizada en la iglesia de Santa Coloma de Marata, no ha sufrido ninguna manipulación artificial posterior y que los cortes entre piezas son a veces exageradamente secos.



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