Obras para laúd de S. L. Weiss (1686-1750) y A. Falckenhagen (1697-1754) por Paul Beier en STRADIVARIUS

El ocaso de la edad de oro del laúd en Alemania

           La palabra laúd proviene del término árabe ûd, que significa "madera". Los primeros antecesores de este cordófono pueden encontrarse en Sumeria dos mil años antes del nacimiento de Cristo. En el siglo XIII el laúd formaba ya parte del instrumentarium cristiano, y continuó su expansión por Europa para alcanzar su auge en los siglos XV y XVI. La mayor parte de las composiciones de este periodo escritas para este instrumento son inglesas e italianas, pero no podemos despreciar la fascinación ejercida por el laúd sobre varias generaciones de compositores alemanes. Durante la primera mitad del siglo XVII las composiciones germanas para laúd son obras breves y sencillas, destinadas en principio al creciente número de aficionados al género más que a los auténticos virtuosos del instrumento. A medida que el siglo avanza, la complejidad del estilo y los rasgos que denotan la influencia de los estilos italiano, español y francés van en aumento, hasta culminar en la figura de Esaia Reusner. En la primera mitad del siglo XVIII, mientras el laúd caía en desuso en el resto de Europa, aparecían en Alemania figuras tan destacadas como Krebs, Falckenhagen o Weiss, sin contar al propio Bach (aunque aún hoy se discute si sus suites fueron escritas realmente para laúd o para el laúd-clave, un instrumento híbrido dotado de teclado y de cuerdas de tripa cuyo sonido resultaba similar al de un laúd). Sin embargo, el laúd comenzaba a contar ya con detractores. En 1713, Mattheson (el que fuera amigo de Haendel, al menos hasta que los dos se batieron en duelo) escribía: "Los dulces laúdes tienen ciertamente más partidarios en el mundo de los que merecen... El sonido del instrumento es tan débil que sólo se insinúa y siempre promete más de lo que da...". El mismo autor se refiere en otros escritos a la volubilidad de la afinación de sus cuerdas ante los cambios climáticos, y a la dificultad de su afinación.

           No sé si Mattheson tuvo la oportunidad de escuchar a Weiss o a Falckenhagen. De lo que sí podemos estar seguros es de que nunca escuchó a Paul Beier, y es una auténtica lástima. Quizá el matiz de odio hacia el laúd que subyace en sus escritos se hubiera suavizado tras la audición de este compacto. La delicada sensibilidad de Beier en su interpretación del sorprendente Preludio nel quale sono contenuti tutti Tuoni Musicale de Falckenhagen , que explora 24 tonalidades diferentes, le hubieran convencido. El Preludio y la Partita en re menor de Weiss completan el programa. La interesante historia de la presencia de estas obras en el Museo de Cultura Musical de Moscú, cuidadosamente reseñada en las notas del compacto, es otro de los premios para el aficionado curioso que decida acercarse a esta grabación, cuya exquisita sonoridad, que permite escuchar hasta los cambios en la respiración del intérprete, deleitará a los audiófilos.

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