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Biografía Francisco Guerrero nació en Sevilla el 4 de octubre de 1528 en el seno de una familia acomodada. Su padre fue el pintor Gonzalo Sánchez Guerrero y su madre Leonor de Burgos. Eran vecinos de San Isidoro de Sevilla. Comenzó sus estudios musicales con su hermano mayor, Pedro, de quien el propio Francisco dijo: "...y tal priesa me dio con su buena doctrina y castigo, que con mi gran voluntad de aprender y ser mi ingenio acomodado a la dicha arte, en pocos años tuvo de mí alguna satisfacción". Continuó su aprendizaje con Cristóbal de Morales, como él mismo nos narra: "...desseando yo siempre mejorarme me valí de la doctrina del grande y excelente maestro Christoval de Morales el qual me encaminó en la compostura de la música bastantemente para poder pretender qualquier magisterio". Aprendió a tocar el arpa, la vihuela, el cornetto y el órgano. En 1542, con catorce años, empezó a cantar en la Catedral de Sevilla como contralto, con un sueldo anual de 12.000 maravedíes. Esto permite inferir que su voz se había estabilizado ya y que probablemente Guerrero era un castrato, hecho muy común en aquella época entre niños que iban a dedicarse a la música sacra. Poco después, y con sólo 17 años de edad, fue recomendado por Morales para ejercer el cargo de maestro de capilla en la Catedral de Jaén. Se le encomendó la instrucción de los temibles "moços de coro", los niños cantores de la catedral, pero él se negó y fue cesado de su cargo, aunque se le volvió a readmitir al poco tiempo.
Durante aquellos años Guerrero adquirió una gran reputación, se ocupó de la formación de los "seises" o famosos niños de la Catedral, y publicó su música en Sevilla, Venecia, París y Lovaina. Una de sus misas fue cantada en Yuste ante el emperador Carlos V, a quien presentó asimismo una antología de sus motetes. En 1561 se desplazó a Toledo llevando como regalo dos manuscritos iluminados. Uno de ellos, que contiene musicalizaciones del Magnificat, es hoy el Codex 4 de la Catedral de esta ciudad. En 1566 presentó al joven rey Sebastián de Portugal una copia de su recién publicado Liber primus missarum, que se convirtió uno de los libros más apreciados e influyentes en la música de la Catedral de Méjico. Durante el año 1567 participó como jurado en la selección del nuevo maestro de capilla en la catedral de Córdoba (Gerónimo de la Cueva Durán resulto ser finalmente el elegido para aquel puesto). Entre los años 1570-71 formó parte del cortejo que dio la bienvenida en Santander a la hija de Maximiliano II, la princesa Ana, escoltándola hasta Segovia, donde se convirtió en la segunda y última esposa de Felipe II. En 1574 falleció finalmente Pedro Fernández, y Guerrero fue su sucesor como maestro de capilla de la Catedral de Sevilla, tras haber trabajado como asistente suyo durante casi 23 años. Continuó sus viajes, y en 1579 el cabildo sevillano le concedió un año sabático para poder visitar Roma durante 1581-82, con la intención de publicar su música. En la corrección de las pruebas tuvo la ayuda nada menos que de Tomás Luis de Victoria. La catedral de Sevilla decidió invitar a Sebastián de Vivanco, maestro de la catedral de Segovia, como asistente de Guerrero, para encargarse de la educación de los niños del coro, pero éste sólo pasó allí un mes. En 1588 acompañó a la corte al Arzobispo y cardenal de Sevilla Rodrigo de Castro, donde besó la mano de Felipe II, para partir después hacia Italia. Permaneció una semana en Venecia para embarcar hacia Tierra Santa. Visitó la actual isla de Zákenthos, Jafa, Jerusalén, Belén y Damasco. Volvió a Venecia en 1589, donde pasó seis semanas preparando la publicación de su segundo libro de motetes y sus Canciones y villanescas espirituales. La revisión de las pruebas corrió a cargo del famoso teórico y maestro de capilla de la catedral de Venecia Gioseffo Zarlino. Después embarcó para Marsella vía Génova. Su barco fue abordado en dos ocasiones, la primera por corsarios franceses y la segunda por unos soldados del duque de Montmorency; le amenazaron de muerte y exigieron un rescate. Fue despojado de todos los bienes que portaba consigo. A su regreso a España visitó el monasterio de Montserrat. Tras los gastos ocasionados por publicaciones y el ataque de los piratas, se vio envuelto en graves dificultades financieras, que le llevaron a la cárcel en 1591 por impago de las numerosas deudas contraídas. Sólo pasó allí doce días; el cabildo de la catedral decidió pagar sus deudas y rescatarle. Tenía ya 62 años y no podía asumir sus obligaciones al cuidado de los niños de coro, así que Alonso Lobo fue encargado de este menester.
En realidad, Francisco Guerrero murió a los 71 años y desde que empezara a prestar sus servicios como contralto, habían pasado mas de 57 años. De su obra nos llama poderosamente la atención la delicadeza en su tratamiento de los temas marianos y su capacidad para expresar la profundidad del sentimiento, los affetti. Juan Vásquez escribió a este respecto en la dedicatoria de su Recopilación de Sonetos y Villancicos:"...Francisco Guerrero, que tanto secreto de la música a penetrado y los afectos de la letra en ella tan al bivo mostrado." Mi agradecimiento al Dr. Manuel Gomis Gavilán por su apoyo y la inspiración aportada con su trabajo "Las enfermedades infecciosas y la música", escrito en colaboración con la Dra. Beatriz Sánchez Artola, de reciente publicación. (Andalucía Viva y Red Andaluza han solicitado amablemente mi autorización para la inclusión de contenidos de esta página web en sus sites.) |
© Belén Gallego, 1999
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