Sucede con frecuencia que el hombre sutil (homo subtilis) percibe la belleza en una
variedad infinita de formas, cuyo orden de diversidad no es advertido por el rudo
(homo rudis) nada más que de una forma confusa.
Es por eso por lo que llamamos irracional simplemente a aquella proporción que
nuestras mentes no pueden aprehender...
Nicolas Oresme, De commensurabilitate, III, 373-5, citado por P. Memelsdorff en las
notas de su disco En Attendant.
Un buen amigo mío mantiene la teoría de que la cantidad de inteligencia que existe en el mundo
es una constante, y que por lo tanto, a medida que aumenta la población, cada uno de nosotros
toca a mucho menos. De esta hipótesis deduce rápidamente que los hombres de siglo XIV eran en
potencia mucho más inteligentes que nosotros, puesto que en la Edad Media la población de la
Tierra era mucho menor que en nuestros días. Si la idea de mi amigo se aplica no sólo a la
inteligencia sino a los conceptos de sensibilidad para el arte, percepción extraordinaria y
capacidad poética, tendremos la explicación de por qué un movimiento artístico como el Ars
Subtilior, que funde como ningún otro la Música y la Matemática, surge en el medievo como
culminación del Ars Nova.
Es desolador comprobar que a pesar del creciente número de grabaciones de gran calidad que hoy
existen sobre este género todavía existe un porcentaje considerable de musicólogos , estudiosos
y melómanos que son incapaces de valorar y apreciar en su contexto esta corriente musical,
probablemente sólo a causa de su propia ignorancia. Se sigue tildando a los músicos del Ars
Subtilior francés de extravagantes (estoy segura de que si vivieran, contestarían a esta
acusación con un enérgico "¡ Y a mucha honra !"), arti-ficiosos (¿es que les molesta que algo
esté elaborado con arte?) e incluso de delirantes intelectuales. Y, para muchos, genios como
Matteo da Perugia, Johannes Ciconia o Philippo de Caserta se limitaron a seguir la moda
francesa, instigados por sus protectores, los prelados y señores italianos, víctimas los
pobrecitos de un ataque agudo de esnobismo. La importancia que el Ars Subtilior tuvo en las
cortes de Chipre y Aragón ni se menciona. ¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir soportando
esta sarta de estupideces y esta desesperante estrechez de miras? Lo que es indudablemente
cierto es que la mejor forma que un arte o una ciencia tienen de autoprotegerse es su propia
complejidad. Los espíritus "no sutiles", los incapaces de aproximarse a la belleza de este
repertorio, los que no pueden amarlo con el corazón puro de un buscador del Grial, perderán
fatalmente la posibilidad de sentir el gozo casi extático que experimentamos los que, para
siempre y sin remedio, hemos caído en las redes de la "estética sutil", hipnotizados por el
encanto de su colorido armónico y por la exuberante complejidad de sus sorprendentes cambios
rítmicos.
Fleurs de vertus es un precioso recital de canciones de finales del siglo XIV procedentes del
Códice de Chantilly a cargo del Ferrara Ensemble, dirigido por Crawford Young, todas de gran
interés. Tengamos en cuenta que de algunos de los compositores que aquí aparecen sólo se
conservan poco más de una decena de piezas (cantidad que debe parecer insuficiente a ojos de
los coordinadores del New Grove para ni tan siquiera citarlos) Aunque no posee tanta
profundidad musicológica e interpretativa como el acercamiento a este género realizado por el
grupo Mala Punica en tres discos también de ARCANA (A21, A22 y A23), es sin lugar a dudas un
bello compacto que nos descubrirá algunos de los tesoros ocultos del "arte sutil". Incluye
tres piezas instrumentales (Bobik blazen, Sub arturo plebs vallata/Fons citharizancium/In
omnem terram exivit , ejecutadas con dulcemelos -especie de instrumento de cuerda percutida
dotado de teclado- arpa medieval y salterio, y Tres gentil cuer, interpretada a laúd solo por
Crawford Young), y varias canciones con letras fascinantes, repletas de alusiones a personajes
tanto históricos (Pitágoras, Julio César o el duque de Berry) como legendarios o incluso
mitológicos (Orfeo, personajes del ciclo artúrico) , algunas de oscuros significados. El texto
de En seumillant m'avint une vision, de Johan Robert, merecería un comentario aparte, y se echa
de menos algún detalle más sobre esta composición en las notas del disco. Entre las piezas más
interesantes de las aquí presentadas cabe destacar S'aincy estoit que ne feust la noblesce, de
Solage, por la increíble audacia de sus patrones rítmicos y estructurales.
La correcta comprensión de los textos en el caso de grabaciones como la que nos ocupa es
imprescindible; aquí se incluyen todos, destacados en negrita y acompañados por sus respectivas
traducciones al francés moderno, al inglés, al alemán y al italiano. Eso nos permitirá apreciar
la riqueza de recursos expresivos presentes en canciones como Il n'est nulz homs en ce monde
vivant (No hay ningún hombre vivo en el mundo) que describe perfectamente el dolor del que se
siente abandonado en manos de la rueda del Destino y la soledad que experimenta el que es
consciente de ser sólo un engranaje en una compleja maquinaria frente a una gran mayoría de
defensores del libre albedrío. "Sólo la Esperanza", nos dice, "me da un poco de consuelo". El
que tenga oídos para oir, que oiga y juzgue. Pero, ¡cuidado!, en este arte, que es, como el
Sitial Peligroso, una piedra de toque para evaluar la pureza del corazón, no hay lugar para las
mentes obtusas.
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