Martin Haselböck y la Wiener Akademie graban para CPO música sacra de Johann Joseph Fux (1660-1741)

Aeterni Solis splendet Fux

           Éste es uno de esos casos en los que la portada del disco corresponde fielmente con el contenido interior. La reproducción del cuadro de Paul Troger "La apoteosis del emperador Carlos VI" nos muestra al monarca llevando digna y serenamente las riendas de los corceles de aspecto feroz que tiran del brillante carro dorado del Sol, como si del propio Helios se tratase; su cabeza, tocada por una corona de laurel, es el origen de una aureola de rayos deslumbrantes que abre un claro entre las nubes que cubren el cielo; unas figuras humanas aladas anuncian su llegada al toque de las trompas y esparciendo flores a su paso. Ese resplandor, esa riqueza, esa gloriosa armonía que conforta los espíritus más atormentados es característica de la música de Fux, compositor austríaco, hijo de un modesto campesino, y a cuya obra, hasta hace pocos años, apenas se le había mostrado alguna atención. Es también el autor de Gradus ad Parnassum, importante tratado de contrapunto, vigente aún en nuestros días.

           En el disco que aquí comentamos se incluyen cuatro obras cuyas características comunes son la brillante tonalidad en do mayor, condicionada por el uso de las trompetas naturales, y el stylus mixtus- diferente del stylus a capella de Palestrina- que el propio compositor define en el Gradus ad Parnassum como música sacra en la que unas veces intervienen una, dos, tres o más voces concertando con instrumentos de todo tipo, y otras suenan todos a la vez.

           La Missa Corporis Christi es la pieza central del disco. Fue escrita en 1713 para la fiesta del Corpus de ese mismo año por un Fux de 53 años, aquejado de ataques de gota que acabarían confinándole en su cama. Los violines inciden en los pasajes más reflexivos, fanfarrias de trompetas acompañan a los solistas, dúos y tríos se suceden como cataratas de luz. La obra está acompañada de unas notas espléndidas, y en el caso del Gloria de la misa están escritas a modo de guía de audición, marcando los momentos de entrada de los solistas y los respectivos acompañamientos instrumentales. Además de la misa se ofrecen la secuencia Victimae paschali laudes y los motetes Paries quidem filium y Plaudite, sonat tuba (donde destacan las preciosas coloraturas del tenor y los gloriosos y triunfantes acompañamientos de las trompetas).

           Para la ejecución Martin Haselböck ha contado con un coro de voces masculinas y un nutrido conjunto instrumental compuesto por 19 músicos (6 violines, 2 violas, violonchelo, violone, corneta, 3 trompetas, trombones alto y tenor, fagot, órgano y timbal) que ostenta el lujo añadido de contar con Gunar Letzbor entre los violinistas. El resultado no puede ser más esplendoroso, y los que aún dudan del talento de Haselböck y su grupo deben escuchar este compacto. Merece la pena destacar la labor del contratenor Drew Minter -uno de los mejores del panorama actual- y del bajo barítono Klaus Mertens, y eso a pesar del simpático lapsus linguae que sufre este último en el minuto 1:25 del motete Paries Quidem Filium. La cosa no pasa de lo anecdótico y tiene cierta gracia. En una de las repeticiones del aria pronuncia "Maria vos ARMAT" en lugar de "Maria vos AMAT", confusión casi lógica porque la frase siguiente es "ad ARMA conclamat". Esto, unido al escandaloso despliegue de trompetas característico de la pieza, ha hecho que a partir de ahora a este motete se le conozca en mi casa por el apodo de "María la arma".

           Algo parece derrumbarse en el Cosmos cuando este disco deja de sonar; cuando el eco de sus sublimes dobles fugas se amortigua, se tiene la sensación de que se desvanece ante nuestros ojos un bellísimo castillo de cristal de complicada estructura arquitectónica fugazmente aparecido. Es difícil describir esta maravilla en el breve espacio exigido por este boletín. Los que ya conozcan la obra de este maestro austríaco se harán una idea, y los que no...¿qué hacen todavía ahí sentados? Consigan este disco como sea, bañen sus almas en el torrente de luz divina que emana de la música de Fux y acepten el desafío de no caer de rodillas en pleno éxtasis de belleza.

           CPO 999528-2



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