Giovanni Gabrieli, como casi todo el mundo sabe, nació y murió en Venecia, y
fue alumno de su tío Andrea. Lo que ya sabe menos gente es que en su juventud
y siguiendo el ejemplo de su tío, trabajó en la corte del Duque Alberto de
Baviera en Munich. Cuando éste murió, la mayoría de los músicos que ejercían
allí su profesión (excepto Orlando di Lasso) abandonaron aquella corte.
Giovanni Gabrieli volvió a Venecia, donde pronto consiguió por concurso el
puesto de organista de San Marcos, cargo que ostentaría hasta su muerte. Pero
su viaje a Munich no es la única razón por la que los intérpretes del
compacto que aquí se reseña han decidido titularlo "Gabrieli Tedesco".
Gabrieli ejerció en Alemania una influencia igual o incluso mayor que en su
Italia natal; una de sus colecciones más importantes, las Sacrae
symphoniae, tuvo en este país centroeuropeo una extraordinaria difusión,
a la que contribuyeron alumnos suyos de la importancia de Schütz, entre otros
. Su estilo consiguió conjugar simplicidad y magnificencia, y su éxito se
basaba en una técnica que hacía uso de intensos contrastes: uso de los
cori spezzatti (especie de técnica de escritura en dos coros, casi un
antecedente del sonido estereofónico), diálogos entre las voces solistas y
los coros, entre las voces y los instrumentos, y entre la cuerdas y los
vientos, que acostumbran a contestarse en ecos. Sin embargo, sus obras a
partir de 1605 manifiestan características diferentes. Abandona
paulatinamente los cori spezzati y profundiza en la importancia y
expresividad del acompañamiento instrumental; introduce el bajo continuo,
con lo que enriquece progresivamente sus obras al permitir que las voces sean
acompañadas unas veces por el órgano y otras por otros instrumentos. Pero
las obras sacras de Gabrielli pertenecientes a los últimos años de su vida
gozaron en Italia de menor popularidad, desplazadas por géneros que en
aquellos momentos alcanzaban su auge, como la ópera. Quizá esto explique por
qué algunas de sus últimas composiciones no aparecen en fuentes italianas y
sí lo hacen en la Alemania Protestante, donde el compositor aún disfrutaba
de gran estima. Algunas piezas tienen rasgos tan especiales, incluso
excéntricos, que su publicación en Italia ante un auditorio mucho más
exigente que había cambiado de gusto probablemente hubiera colocado a
Gabrieli en una difícil posición como blanco de todo tipo de críticas.
Este disco nos presenta algunas rarezas de los últimos años del autor
italiano, como el bellísimo Timor et tremor, que parece inspirado en
madrigales manieristas, o el problemático Hodie Christus a mortuis,
ante cuya interpretación el director del grupo y autor de las notas, Holger
Eichhorn, nos confiesa las dificultades a las que ha tenido que enfrentarse,
pues cuesta trabajo saber si las notas que aparecen en la partitura son
errores de transcripción no revisados, o simplemente rasgos de genialidad.
Las obras vocales se van alternando con canzonas meramente
instrumentales, que dotan de mayor variedad al disco.
Algunos de los lectores recordarán a Musicalische Compagney, grupo activo
desde el año 1974, por aquellas grabaciones de música antigua, hoy
descatalogadas, que aparecieron en la serie Reference de Das Alte Werk
de Teldec; la composición del grupo, al que en tiempos pertenecieron
intérpretes hoy consagrados como Stephen Stubbs, ha ido variando. Las voces
no son las mejores que he oído, pero la curiosidad de las obras y el interés
de las documentadas notas del compacto, que podrán disfrutar los lectores que
traduzcan al inglés, alemán o francés, pueden convertirlo en el objeto de
nuestra próxima cacería discográfica.
CPO 999 454-2
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