Entre 1575 y 1577, la ciudad de Venecia fue azotada por un espantoso brote de peste bubónica que diezmó a su población, afectando a más del 50 por ciento de sus habitantes (unos 180.000) y acabando con las vidas de unas 50.000 personas. El destino del que enfermaba era desolador. Los síntomas eran terribles: los ojos se congestionaban y la fiebre subía vertiginosamente entre escalofríos, mareos, vómitos, diarrea e insoportables dolores de cabeza, al tiempo que unas lacerantes bubas hacían su aparición en axilas, cuello e ingles. La muerte solía ser el desenlace inevitable. Los remedios aplicados por los médicos (sangrías, eméticos y las famosas tríacas) no eran efectivos. Sin embargo, los venecianos estaban relativamente acostumbrados a enfrentarse con esta enfermedad que reaparecía con cierta asiduidad desde mediados del siglo XIV; contaban incluso con una especie de servicio de organización para la salud pública que dictaba ciertas normas profilácticas. El problema es que en aquellos tiempos no se habían identificado los vectores de la enfermedad (roedores y pulgas), ni por supuesto el microorganismo causante, la Yersinia pestis. Pero sí se sabía que los jergones de paja, las sábanas y las ropas de los enfermos (donde anidaban las pulgas) tenían que ver con la transmisión del mal, por lo que se ordenó que determinados enseres que habían estado en contacto con los afectados fueran destruidos por el fuego y se prohibió el acceso indiscriminado a ciertas zonas de la ciudad para evitar el contagio. Lo malo era que los mercaderes, posaderos, carreteros y enterradores hacían caso omiso de estas disposiciones, falsificando pases, ignorando cuarentenas y traficando con las pertenencias de los fallecidos... Otro problema añadido fue el exterminio de gatos y perros debido a que era creencia común que su pelaje era antihigiénico, lo que seguramente propició la proliferación de las ratas.
Cuando la epidemia finalizó los supervivientes a tanto horror decidieron iniciar una tradición: a partir de ese momento se celebraría todos los años una misa de acción de gracias en la Iglesia del Redentor en la isla de la Giudecca. Un testigo presencial de aquel momento, Francesco Sansovino, nos relata: "El tercer domingo de julio todos van a la Giudecca a visitar la Iglesia del Redentor, para rememorar que la ciudad fue librada de la horrenda peste de 1576 por nuestro Señor y Redentor... Todos los años, en ese día, el Dogo va por la mañana a escuchar la misa baja pronunciada por el sacerdote de esta parroquia, acompañada por motetes cantados por los músicos de San Marcos durante el Ofertorio y la Elevación del Santísimo Cuerpo de nuestro Redentor. A continuación, el Dogo regresa a San Marcos para oír misa mayor." (Hemos de destacar el proverbial fervor religioso veneciano ante la peste. En 1630, ante otro brote de la enfermedad, el Senado ofreció a Dios la construcción de una iglesia en honor de la Virgen si el mal cesaba. Casi medio siglo más tarde cumplieron su promesa y edificaron Santa Maria della Salute.)
Los musicólogos Richard Charteris y David B. Bryant han estudiado minuciosamente tanto la obra de Giovanni Gabrieli, a la sazón organista de San Marcos, como las composiciones que formaban parte específica de la liturgia de la Trinidad, y han ofrecido a Jean Tubéry y a los músicos de La Fenice y del Coro de Cámara de Namur datos fiables para una posible reconstrucción de esta misa. En la brillante interpretación se van alternando una pieza vocal con una pieza instrumental, con los cornetti y sacabuches tan característicos de la música veneciana de la época como protagonistas, contraponiéndose a las violas. También se ofrecen dos piezas para órgano de Andrea Gabrieli, tío y maestro de Giovanni. Las notas contienen interesantes detalles sobre la evolución de esta tradición hasta convertirse en 1722 en una simple liturgia conmemorativa y su permanencia hasta nuestros días en La Festa del Redentore -especie de romería gondoleña que acaba con fuegos artificiales nocturnos-, y puntos de reflexión imprescindibles para entender los recursos formales y expresivos empleados por el compositor.
RICERCAR 207412