Hieronymus Praetorius nació y murió en Hamburgo; fue compositor, organista y editor y perteneció a una ilustre dinastía de músicos alemanes. No podemos decir que sus numerosas obras hayan tenido demasiada difusión en disco. De uno de sus hijos, Jacob (1586-1651), apareció no hace mucho una antología de motetes y obras para órgano (CPO 999215-2). Pero no debemos confundir a su tercer hijo, llamado Michael, que murió a temprana edad en Amberes, con el famoso Michael Praetorius (c1571-c1621) de las Danzas de Terpsichore, quien no guarda parentesco con Hieronymus, pero a quien debió de conocer junto a Hassler en 1596 en Gröningen con motivo de un concurso organístico.
Lo que Manfred Cordes intenta ofrecernos en este compacto es la posible reconstrucción de unas vísperas para el 29 de septiembre de un año cualquiera en torno a 1620, festividad de San Miguel, tal y como podrían haber sido interpretadas en la iglesia de San Jacobo, donde nuestro Praetorius fue primer organista. Las fuentes consultadas por los Weser Renaissance han permitido averiguar que las composiciones vocales eran acompañadas no ya sólo por un órgano, sino por agrupaciones instrumentales que incluían cuerdas, cornetas y sacabuches, lo que confería un colorido muy especial a la música eclesiástica en Hamburgo de aquella época.
El rico y sorprendente esquema de estas vísperas se inicia con Veni, Sancte Spiritus, una antífona (en canto llano) de invocación al Espíritu Santo. Una antífona para el día de San Miguel (Dum praeliaretur Michael, cuyas voces moviéndose una contra otra recuerdan la lucha entre el bien y el mal, entre Miguel y el dragón), con un bellísimo acompañamiento instrumental, precede a tres salmos: Dixit Dominus (que nos recuerda las densas texturas típicas de la música policoral veneciana con sus brillantes acompañamientos de vientos), Laudate pueri Dominum (con sus contrastes de graves para la palabra terra y agudos para coelo) y Laudate Dominum (un canon entre tenor, soprano y alto). A continuación un Gloria en canto llano y de nuevo la antífona Dum praeliaretur Michael, que con su repetición del tema nos anuncia el final de esta parte de las vísperas. La lectura del Evangelio (pugna entre San Miguel y el demonio) es recitada en alemán al más puro modo luterano. En el himno Christe sanctorum las estrofas son cantadas con las peculiaridades características del estilo alemán del s. XVII y se alternan con piezas organísticas. La antífona Factum est silentium, cuya forma entronca con la de las antífonas anteriores, anuncia un monumental Magnificat típicamente alemán, cuya duración excede los veintitrés minutos. Sallutatio & Collecta, Benedicamus y un postludium organístico sobre Veni creator Spiritus ponen fin a estas vísperas. A buen seguro que más de un espíritu protestante debió de verse asaltado por la duda a la hora de decidir si la audición de una música impregnada de tan preclara y rutilante genialidad era o no acorde con la fe verdadera. ¿No sería tanto esplendor un peligroso obstáculo impediría la concentración de los fieles y que dispersaría la atención del oyente hacia los fatuos y ostentosos virtuosismos propios de tal ejecución y que sólo alimentarían el vano orgullo del compositor?
Es motivo de alegría para todos los melómanos, especialmente para los que nos sentimos subyugados por este periodo, la recuperación en compacto de estas páginas olvidadas. Las notas, inexplicablemente más breves en francés que en las versiones en inglés y alemán, permiten apreciar los frecuentes recursos de esta música cuya expresividad se pone en todo momento al servicio del significado del texto al que acompaña, en una clara intención de hacer al oyente copartícipe del arrebato místico.
CPO 999 649-2