Los aficionados a la música antigua y barroca están de enhorabuena; ha nacido un nuevo sello
español dedicado a este género, de repertorio tan amplio como especializado; se trata de
Cantus. La aparición de los discos nos ha impresionado tanto por la calidad de las grabaciones
como por la atención otorgada a la estética musical, y por las cuidadísimas presentaciones
tanto de los libretos como de la apariencia externa de los discos. Hemos entrevistado a José
Carlos Cabello, uno de los responsables del sello. Su trayectoria profesional es bien conocida
en nuestro país. Fue durante mucho tiempo colaborador de RNE-2. Muchos de nosotros recordamos
con nostalgia aquella Conversación galante con la que nos deleitábamos. Ha sido y es
colaborador de varias revistas de crítica musical. Posee contactos con artistas de todo el
mundo, y fue el principal impulsor del sello Glossa.
CDC.- Cantus nace como sello español, pero parece que su intención es crear un catálogo
heterogéneo ; los primeros títulos del sello contienen obras de Mozart, Victoria, Veracini...
¿Que criterio impera a la hora de escoger el repertorio? ¿Están previstos más títulos
dedicados a las joyas desconocidas de la música española?
JCC.- El repertorio está básicamente en función de los intereses de los artistas, a diferencia
de lo que ocurre en muchos otros sellos. En cuanto a nuestra procedencia, puede decirse que es
fruto de la casualidad. Evidentemente estamos en España y nuestro sello es español, pero Cantus
podría haber sido francés, italiano... El repertorio no es necesariamente español; de eso ya se
están ocupando otros músicos como Savall o José Miguel Moreno. Se trata de continuar con la
labor que ya nos propusimos en Glossa, dejando un espacio al artista para que grabe lo que
realmente le apetece, o lo que no han podido grabar en otros sellos. En un mercado como el
actual, realmente saturado, hay que tener especial cuidado con obras que ya han sido grabadas.
Pero siempre confiamos en el artista que es capaz de aportar nuevas interpretaciones. Descubrir
nuevos repertorios es realmente premisa del músico, y no del productor. Hay muchas obras que no
se sabe cómo pueden llegar a sonar si sólo se ven en la partitura. En el momento de su
composición eran conocidas no sólo la ornamentación, sino también las coordenadas estéticas,
expresivas y artísticas. Esa tarea es función del músico. Nuestra intención es conseguir que
estas obras estén al alcance de aficionado.
CDC.- Hay mayoría de artistas italianos en vuestras grabaciones, ¿verdad?
JCC.- Sí. También es así, sin ánimo de comparación, en OPUS 111. Hubo una época en la que casi
todos los músicos del género eran ingleses. Ahora hay una maravillosa generación de músicos
italianos.
CDC.- Los textos de los libretos son en sí mismos pequeños ensayos. Contienen listados
pormenorizados que detallan en qué corte interviene cada uno de los músicos y el instrumento
empleado. Las traducciones aparecen en cursiva, destacándose en negrita los textos en el
idioma original...
JCC.- Personalmente disfruto mucho haciéndolos. Pretendemos que el público se aficione a la
música antigua en general, no sólo a nuestros discos; que busquen por sí mismos en otras
fuentes, instigados por los textos de nuestros libretos. Las introducciones no son meramente
musicológicas, aunque contamos con colaboraciones de eminencias como David Fallows. Pero lo que
realmente queremos es que la gente se enamore de esta música, que le guste de manera viva e
inmediata, sin aburrir con prolongadas disertaciones. Nuestra intención es ofrecer un producto
que se disfrute con todos los sentidos, y por eso nuestra campaña publicitaria se apoya en al
belleza y en la pasión. La acogida inicial y el interés de la gente han desbordado nuestras
previsiones iniciales, y hemos recibido cartas de felicitación y apoyo de todo el mundo.
CDC.- Durante el proceso de grabación he tenido la impresión de que los músicos disfrutan de un
ambiente de absoluta libertad. La complicidad entre los técnicos y los artistas debe de crear
un caldo de cultivo muy propicio para la creatividad, en medio de un ambiente distendido, ¿no
es así?
JCC.- En realidad somos muy exigentes, y nos gusta intervenir tanto en la producción técnica
como en la artística. Por ello creo que exprimimos bastante a los músicos, que no sé si
realmente esperan lo que luego se encuentran. Llegan pensando que van a hacer un disco más,
para una casa de discos más, y durante la grabación les exigimos que en todo momento estén al
límite de sus capacidades expresivas. Intentamos que el resultado final no sea debido sólo al
montaje posterior, como hacen a veces en otros sellos. Por eso luego se perciben tantas
diferencias entre las grabaciones de algunos artistas y sus interpretaciones en concierto.
Siempre es necesario algún corte para corregir algún mínimo fallo, pero es absurdo (yo diría
que incluso indecente) hacerlo cada dos compases, porque el resultado final es frío y carece de
espontaneidad, aparte del engaño al público que ello supone. Eso es lo que nosotros tratamos de
impedir a toda costa. Yo me planteo a la hora de grabar un disco que el resultado me esté
fascinando todo el rato; si no es así, es que algo va mal y se lo digo a los artistas, pero
siempre razonando constructivamente cada crítica. Nuestra misión es mantener viva la atención
de los intérpretes; a la cuarta vez que repites una misma pieza la calidad decae por hastío.
Es necesario entonces animar al artista, convencerle que lo puede hacer mejor. No se trata
tanto de decirle si está o no cantando afinado; eso ya lo saben unos artistas de la talla de
los que estamos hablando. Pero sí se puede hacer una llamada de atención sobre si su fraseo
debe ser aquí o allí más misterioso, o quizá más dulce. En el fondo creo que se sienten más
cómodos así. Sometidos a la presión de una grabación a veces con prisas, es necesario que
alguien que ellos notan que aprecia su trabajo les indique determinados aspectos que son más
evidentes desde fuera. Deben notar que están dirigidos, pero en un ambiente relajado.
CDC.- El sonido de los primeros títulos resulta muy diáfano y natural. El oyente se siente
envuelto literalmente por los músicos en el sillón de su casa. ¿Cómo se consigue esto?
¿Quiénes forman el equipo técnico de Cantus?
JCC.- Cuando yo dejé Glossa, el otro sello que fundé, tenía ya muy claras las ideas de lo que
quería hacer. Somos sólo dos personas: Antonio Palomares y yo. La producción es absolutamente
artesanal a pesar de los medios técnicos empleados; la ubicación de micrófonos e instrumentos
se cuida hasta la histeria. Tengamos en cuenta que el sonido depende de muchos factores, y no
sólo de la acústica del lugar.
CDC.- ¿Tenéis algún lugar predilecto para vuestras grabaciones?
JCC.- Me gusta mucho grabar en la Iglesia de San Miguel, en Cuenca. Se trata de una iglesia
desconsagrada que reúne una acústica excelente, una iluminación adecuada, calefacción... Pero
no se trata sólo del lugar escogido, porque lo más sorprendente es que el sonido, por extraño
que parezca, es lo que menos está en tus manos. Lo importante de verdad es el concepto del
disco.
CDC.- En vuestro primer lanzamiento hay un disco con una estética próxima a los discos de la
New Age. Me estoy refiriendo al Bestiarium de La Reverdie. ¿Se pretende con ello aumentar el
volumen de ventas?
JCC.- No, se trata de una cuestión de gusto personal. Si te soy sincero, en principio pensamos
en el típico unicornio floreado. Pero luego nos entusiasmó la idea de ofrecer un disco blanco,
casi desnudo. Todo el color del disco está dentro, en la belleza de la música medieval en él
grabada.
CDC.- ¿Cuáles son vuestros proyectos más inmediatos?
JCC.- El más inmediato es el disco de Barbara Strozzi con La Venexiana. Se trata de un grupo
compuesto por Rosana Bertini, Claudio Cavina... y en general todos los artistas que pertenecían
antes a Concerto Italiano y que han conseguido ya tantos premios de la crítica internacional.
Me preguntabas antes por la música española. También hay previsto un disco de obras inéditas de
Sor, de música de salón para fortepiano con Josep Maria Roger. Se vislumbran para un futuro no
inmediato compactos dedicados a Fux, a Cornago... Ojalá pudiéramos trabajar con todos los
discos a la vez, pero siempre existen las lógicas limitaciones físicas. Alguna que otra
sorpresa habrá.
Música medieval, un fantástico volumen con una apasionada versión de las sonatas palatinas de
Mozart, un espléndido recital de canciones flamencas de amor cortés del siglo XV, la op. 2 de
Vivaldi con instrumentos originales, sonatas de violín de Veracini, una visión curiosa e
infrecuente de nuestro Tomás Luis de Victoria junto a un De profundis de Ruimonte en primera
grabación mundial, el inédito Mascitti... Ya estamos realmente sorprendidos. Sólo nos resta
dejarnos atrapar por la irresistible seducción de los discos de Cantus.
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