Un porcentaje considerable de la ingente producción vocal atribuida a Pergolesi lo constituyen
obras de dudosa autenticidad. Hoy se le recuerda básicamente por su intermezzo La Serva
Padrona y por su Stabat Mater, pero la popularidad que disfrutaba en su época condujo a algunos
editores faltos de escrúpulos a publicar muchísimas partituras anónimas estampando en la
portada el nombre del compositor de Jesi, con la finalidad de enriquecerse a costa de un
músico que murió a los veintiséis años, posiblemente de tuberculosis. La tentación de explotar
económicamente el fallecimiento del joven Pergolesi mediante la atribución de obras póstumas
debió de parecerles irresitible.
Este compacto nos presenta la adaptación musical del Salmo 50 de David atribuida a Pergolesi y
conocida como Miserere nº2. Elsa Evangelista, directora de La Nuova Polifonia, ha revisado la
partitura corrigiendo errores de transcripción y aportando modificaciones a la realización del
continuo. La copia que se conserva contiene una famosa anotación de Giussepe Sigismondo,
bibliotecario de Nápoles, que sostiene que la obra es apócrifa porque no parece afín al estilo
de nuestro compositor. Pero nadie sabe hasta qué grado Sigismondo era un experto en la materia,
y de hecho algunos rasgos musicales son sospechosamente parecidos a los del Stabat Mater. Quizá
por los problemas de autenticidad que presenta ha sido una obra escasamente grabada. Hasta hace
poco todavía se encontraba en los estantes de las tiendas la versión de Bernard Rose de 1979
con el coro del Magdalen College en Decca Serenata en serie media, recientemente descatalogada.
El Miserere nº2 merece ser conocido especialmente por su Benigne fac, aria para soprano y oboe
obligado, y por la bellísima superposición de las voces en el coro final Tunc acceptabilis.
Esta nueva grabación presenta mayor fluidez en las texturas vocales, y el acompañamiento
instrumental es más homogéneo. El compás es marcado de un modo mucho menos férreo, lo que
contribuye a mejorar la expresividad. Los solistas presentan algunos problemas en cuanto a su
técnica (especialmente patentes en el caso de la mezzo Alessandra Ragusa), pero esto también
ocurría en la versión de Rose (con contratenor en lugar de mezzo). El disco de Elsa Evangelista
posee mayor nitidez en la toma de sonido, y una pronunciación del latín mucho más bella que la
del coro inglés. Probablemente el aspecto más negativo sea la escasa duración del compacto,
inferior a una hora, y las reducidas notas, que dedican mucha más atención a reseñar los
premios obtenidos por los solistas en diversos certámenes poco conocidos que al propio
Pergolesi o a la descripción de los detalles de la revisión de la partitura. Podría haberse
incluido alguna otra obra vocal que completara el programa, como se hacía en el caso del disco
de la serie Serenata, que añadía algunas piezas breves de Basano y los Gabrieli para ilustrar
la diferencia entre la polifonía de los inicios de la época barroca y su ocaso. Todavía habrá
que esperar si queremos incorporar a nuestra discoteca una versión referencial, pero entre
tanto el aficionado curioso que ama la música en lugar de coleccionarla tiene al menos la
oportunidad de juzgar por sí mismo la "presunta" atribución de esta obra al afamado compositor
italiano.
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