LOCATELLI
L'Arte del Violino
I Musici
Mariana Sirbu, violín
Philips 446506-2 DDD 3 CD's


           Acostumbrados como estamos a escuchar a I Musici en sus interpretaciones de los conciertos de Vivaldi, que se han convertido en su especialidad, podría resultarnos curiosa la reciente publicación de la versión que este grupo realiza de L'Arte del violino, la op. 3 de Locatelli. Sin embargo, esta aparente "traición" a su repertorio habitual resulta totalmente lógica. De todas las obras que nos han llegado de este compositor italiano, en las que es posible observar una clara predilección por el estilo de Corelli, es precisamente la op.3 la que más nos recuerda por su estructura y contenido el espíritu vivaldiano. Se trata de una colección de doce conciertos para violín, cuerda y continuo de carácter predominantemente virtuosístico. El nº12 tiene un curioso título: Il Laberinto Armonico, facilus aditus, difficilis exitus. (El Laberinto Armónico: es fácil entrar, pero es difícil salir) Cada uno consta de tres movimientos que siguen el esquema básico rápido-lento-rápido. Los movimientos rápidos muestran generalmente la típica alternancia de soli y tutti tan habitual en Vivaldi, y todos incluyen un capriccio para violín solo antes del último ritornello, lo que hace un total de 24 capricci cuyas semejanzas con los posteriores de Paganini son más que evidentes. La obra es una especie de catálogo de todas las dificultades técnicas que pueden ser superadas por un consumado violinista: dobles cuerdas, escritura polifónica, trinos...Se requiere en ciertos pasajes la hiperextensión de la mano izquierda, o la precisión con la mano del arco para algún complicado stacatto... y todo ello a unos tempi aceleradísimos. La técnica requerida para la interpretación de algunos de estos capricci era impensable para la época (casi lo es todavía en nuestros días). Locatelli fue alumno de otro gran virtuoso, Valentini, y superó con creces a su maestro; los conciertos que escribió estaban concebidos para su propio lucimiento personal, y con toda certeza sólo podían ser ejecutados en aquella época por él, de quien se decía que su manera de tocar había dejado tan atónito a un canario que se cayó de donde estaba posado después de escuchar su interpretación de un Adagio de Corelli. Durante su estancia en Amsterdam, los aristócratas ingleses le conocían por el sobrenombre de "terremoto"; es indudable que la conmoción que causó en su tiempo fue desde luego similar a un movimiento de tierra, y su personalidad y su estilo influyeron poderosamente en la configuración de las características que debería tener la figura del virtuoso-tipo a lo largo del siglo XIX.

           La comparación con la versión alternativa de Elizabeth Wallfisch y The Raglan Baroque Players existente actualmente en el mercado es inevitable. Las fechas de grabación son muy próximas, pero los criterios empleados son muy diferentes. La versión de I Musici data de 1994-95, emplea afinación e instrumentos modernos, y el bajo continuo es el habitual, el que ha garantizado el "sonido I Musici" a lo largo de las diversas formaciones que el grupo ha tenido durante su historia (Francesco Bucarella, clave; Maria Teresa Garatti, órgano y clave, a los que se une aquí Shizuko Noiri, laúd) ; las cadenzas son de Massimo Paris, viola del grupo. Para la versión de Wallfisch, de 1992-93, se emplean instrumentos originales, la afinación es A=415 Hz, y para el bajo continuo se emplean tiorba o archilaúd y órgano o clave, según los casos; las cadenzas empleadas son de Reber, un violinista de la época de Locatelli. Mientras que la grabación de I Musici resulta más serena y equilibrada, y limpia, aunque ligeramente encorsetada, la de The Raglan Baroque Players suena más libre, arrebatadora, vigorosa y encrespada, y sufrimos junto a Elizabeth Wallfisch en los pasajes de máxima dificultad (como en el Allegro del nº 11 o en el Capriccio final del Laberinto Armónico). En lo que si coinciden ambas versiones es en la gran calidad de las solistas. En ambos casos, e independientemente del criterio escogido, la audición de estas obras es un auténtico deleite para el oído. La elección está servida. Un último dato: la grabación de Philips está acompañada de un libreto con notas en inglés, alemán, italiano, francés y holandés, distintos y de cuatro autores diferentes. Resulta muy enriquecedor, pero para entender la totalidad de los textos hay que dominar al menos cuatro idiomas o recurrir a los servicios de un traductor.



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