Nacido en Malinas, hoy territorio belga, Philippe de Monte pertenece a la quinta de las seis
generaciones de músicos entre las que median dos siglos, que algunos autores (entre ellos,
Claudio Gallico) han llamado "ultramontanos". La primera generación estaría representada por
Dufay y Binchois; la segunda por Ockeghem y Busnois; la tercera por Josquin, Obrecht e Isaac;
la cuarta por Willaert, Gombert y Clemens non Papa; la quinta por Lasso y Monte; y la sexta
por Swellinck. Se trata en realidad de compositores de la escuela franco-flamenca, que
recibieron influencias italianas y trabajaron en su mayoría fuera de sus países de origen. Éste
fue el caso de Monte, que visitó Nápoles en su juventud, y más tarde viajó a Inglaterra, donde
formó parte del coro de Felipe II, en el que todos los demás miembros eran españoles. Allí
conoció a William Byrd, que tenía entonces unos trece años, y con quien posteriormente
intercambió composiciones. El canciller de Alberto V de Baviera nos lo describe como un hombre
callado y sin pretensiones, "tan dulce como una muchacha", que hablaba varias lenguas, cantaba
con voz de bajo y que sin embargo era "el mejor compositor del país". Trabajó en la
esplendorosa corte de Rodolfo II en Praga junto a Regnard y Gallus. A pesar de los treinta y
tres años que pasó en Austria no compuso ningún lied, pero sin embargo fue un fecundo
compositor de chansons y de madrigales sobre los bellos textos de Petrarca, Bembo y Sannazaro.
De su obra sacra se conservan numerosa colecciones de motetes y cuarenta y ocho misas. En este
disco se nos ofrecen dos de las más importantes : la Missa super "Cara la mia vita", de
parodia, basada en material polifónico de un madrigal homónimo de Giaches de Wert y la curiosa
Missa de Requiem, a cinco voces, que incluye el Si ambulem, parte que fue eliminada en el
Concilio de Trento. También se incluyen seis motetes: Domine Deus salutis meae, Ecce ego mitto
vos, Quasi cedrus, Non turbetur cor vestrum, Adventi ignis divinus y Sancte Johannes Baptista.
El libreto contiene los textos de los motetes en latín y sus traducciones al inglés, al alemán
y al checo.
La obra sacra de Monte no es tan abundante como la profana (como ejemplo, conviene saber que
compuso unos ¡mil cien! madrigales agrupados en treinta y cuatro libros), pero no carece de
interés. Su estilo es predominantemente contrapuntístico, menos dramático que el de los motetes
de Lassus pero más conmovedor que las misas de éste. A pesar de haber sido un compositor tan
prolífico, me ha sido imposible hasta ahora encontrar un disco dedicado a él en exclusiva, y
menos aún con sus misas y motetes. Se trata de las mejores versiones porque son las únicas.
Esperemos que el esfuerzo -no por modesto menos importante- de Symposium Musicum y los Kühn
Chamber Soloist haya merecido la pena y que cunda el ejemplo.
PANTON 81 1401-2 231
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