Tercera entrega de las sonatas para violín y piano de Mozart por Kuijken y Devos en ACCENT

Un delicado y dulce equilibrio

           Se están haciendo rogar las sucesivas entregas de lo que habitualmente se conoce como el grueso del corpus de las sonatas para violín y piano de Mozart en la versión Kuijken-Devos. Ignoramos si también pretenderán grabar las sonatas de juventud, variaciones y diversos movimientos sueltos. El primer volumen, con las sonatas KV 379, KV 380 y KV 526 fue grabado en septiembre de 1991; el segundo, que contiene las KV 306, KV 378 y KV 481 data de noviembre de 1992, y el tercero, que se publica ahora en nuestro país, fue grabado en noviembre de 1995, y comprende las sonatas KV 296, KV 376 y KV 454.

           Mozart compuso la sonata KV 296 en Mannheim a la edad de 22 años. Es la última del ciclo de las sonatas Palatinas, y estaba dedicada inicialmente a Therèse Pierron, hija del consejero de Mannheim que ofreció alojamiento al compositor y a su madre a cambio de lecciones de piano para Therèse. Mozart debió de estar particularmente satisfecho con esta sonata y la KV 378, puesto que las rescató posteriormente y las incluyó en una segunda colección destinada a ser vendida por suscripción. Contiene un precioso y plácido Andante basado en el aria Dolci aurette de su amigo J.Ch. Bach. La KV 376, que también se incluye en este disco, fue escrita en Viena en 1781, cuando Mozart contaba 25 años, poco después de la ruptura con Colloredo. Mozart no se encontraba cómodo viviendo de las clases particulares y decidió buscar sus ingresos de otras formas. Esta sonata, galante y un tanto impersonal, está escrita en forma de diálogo entre el violín y el piano, y fue compuesta entre los meses de abril y julio con el propósito de añadirla a la segunda colección antes mencionada, aunque no se publicó hasta noviembre del mismo año por razones comerciales: las personas ricas, potenciales clientes para la suscripción, estaban durante los meses estivales en sus residencias de verano. Mozart dedicó esta colección, numerada como op. 2, a la pianista Josepha von Aurnhammer, de la que dice en sus cartas que tocaba muy bien, pero que era "un espantapájaros". El compositor la admiraba profundamente, porque ella decía: "Prefiero ser como soy y vivir de mi talento", algo que no debía de ser frecuente para la época. (Ni siquiera lo es ahora...)

           La KV 454 es posterior, y es la única del compacto que consta de cuatro movimientos en lugar de tres. Se trata de un encargo de la joven y famosa violinista Regina Strinasacchi, a la que el compositor tenía en gran estima. Su padre Leopold, refiriéndose a ella, le confirma en una de sus cartas que "una mujer con talento toca con más expresión que un hombre". Mozart escribió a toda prisa la parte del violín, pero cuando llegó el día del estreno ante el emperador José II, tan sólo había escrito meras indicaciones para el piano, así que Mozart se sentó ante el teclado e improvisó. Cuando el emperador, fascinado, quiso ver la partitura después del concierto, se encontró la parte del piano en blanco. La anécdota debe ser cierta, pues en la partitura autógrafa la parte del piano es posterior y está muy elaborada. Por su estilo, esta sonata preconiza la estética romántica que alcanzará su cima en las obras de Beethoven. Es particularmente asombroso el Andante, que comienza de manera casi alegre para ir tornándose gradualmente en el reflejo de un sentimiento de profunda melancolía.

           La versión del dúo Kuijken-Devos es sin duda, y a juzgar por los años que le están dedicando, un proyecto serio, impregnado a la vez de sensibilidad y fuerza, que aprovecha el bellísimo timbre y la expresividad del violín barroco de Giovanni Grancino de 1700, que en manos de Sigiswald Kuijken se transforma casi en una garganta con las mismas posibilidades de inflexión que la voz humana. El fortepiano tiene el volumen justo para no ocultar el discurso del violín, sino para arroparlo delicadamente, manteniendo el cuidadoso equilibrio de la alternancia de dominio entre ambos instrumentos. Aunque hemos de recordar que estas sonatas tienen una difícil competencia. Si nos referimos sólo al terreno de los instrumentos originales, tenemos la bizarra, inflamada y poco convencional versión de Ch. Banchini y T. Vesselinova, y la prometedora ¿integral? que F. Cipriani y S. Ciomei han comenzado a grabar para el sello Cantus, que se ha iniciado con las poco habituales sonatas Palatinas, piedra de toque para muchos músicos, y que pone el listón a un nivel muy alto. Alejándose de las interpretaciones tradicionales, que dan a estas sonatas un carácter algo ramplón e intrascendente, su visión se apoya en el hecho de que la madre de Mozart acababa de morir en los meses previos a la composición de las sonatas KV 304 y KV 306. Los dos intérpretes hacen de ellas un grito de rebeldía, y su visión, más dramática, radical y romántica, nos presenta unas obras cargadas de melancolía, donde se deja un lugar a la improvisación, como el propio Mozart seguramente hizo. ¿Qué harán Kuijken y Devos con las sonatas Palatinas, que están dejando para el final? Lo sabremos en la próxima entrega del ciclo.

           ACC 95113 D
           (También disponibles vol. 1, ACC 9175 D y vol. 2, ACC 9292 D ; y C9602)



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