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Michael Chance, contratenor
The English Concert.
Trevor Pinnock, órgano y dirección
ARCHIV 453428-2 DDD
Muchos aficionados se habrán preguntado en alguna ocasión por qué existen tan pocas grabaciones
de la música vocal de Vivaldi si lo que se conoce es incluso mejor que sus conciertos. La
respuesta es sencilla : estas obras permanecieron largamente relegadas al olvido hasta que
fueron redescubiertas en 1920. Sin embargo, como nos relata M. Talbot en su estupendo libro
sobre Il Prete Rosso, el violinista y contemporáneo suyo Tartini, con cierta envidia de los
conciertos vivaldianos, encontraba una explicación para él mucho más lógica a la escasa
popularidad de su música vocal: "Vivaldi, que deseaba trabajar en ambos campos (vocal e
instrumental), siempre se hizo silbar en el primero, aunque disfrutó de grandes éxitos en el
segundo". Sin embargo Mattheson, que puede ser considerado como el antecesor de la crítica
musical tal como la entendemos en la actualidad, y que siempre ha sido conocido por sus
polémicos escritos, afirmaba que " Vivaldi, pese a no ser cantante, ha tenido el buen juicio de
mantener sus saltos de violín alejados tan completamente de sus composiciones vocales que sus
arias se han convertido en una espina clavada en la carne para muchos expertos compositores
vocales". ¿A quién debemos creer? Menos mal que las obras siguen ahí para que cada cual juzgue
por sí mismo.
El éxito del estreno en nuestro país de la película Shine, en cuya banda sonora se emplea entre
otros motivos musicales el bellísimo motete de Vivaldi Nulla in mundo pax sincera, ha
despertado el interés de un número creciente de aficionados que se acercan a las tiendas de
discos deseosos de conocer la obra vocal del compositor italiano. Algunos de ellos ni siquiera
se habían atrevido nunca a escuchar música clásica vocal y mucho menos sacra. Todos hemos oído
alguna vez referir en términos casi legendarios que a pesar de ser sacerdote cohabitaba con una
cantante de ópera, que era una especie de exhibicionista del violín, mezcla de empresario y
trotamundos, y que se le prohibió decir misa porque dejaba los oficios a la mitad para ir a
componer. Parece que en todo esto hay más de rumor que de dato histórico, y que fue el mismo el
que renunció a decir misa a causa de su asma. La historia nos dice que Vivaldi era un hombre de
orígenes humildes y de escasa cultura. Su música vocal es absolutamente espontánea, y parece
desprenderse de ella el fervor arrebatado de su profunda fe religiosa. Su Stabat Mater, por
ejemplo, es muy diferente de los de otros compositores de su misma época, como Caldara o
Steffani. Tremendamente solemne, tremendamente triste, está estructurado en nueve movimientos
cuyos tempi van del Adagissimo al Andante. Los tres primeros (Stabat Mater, Cuius animam, O
quam tristis) se repiten en los tres siguientes casi idénticamente, cambiando la letra (Quis
est homo, Quis non posset, Pro peccatis). Este recurso repetitivo transmite a la perfección el
sufrimiento lacerante, la pena obsesiva. Los otros tres movimientos poseen su propia estructura.
La chispa estalla en el Amen, sin indicación de tiempo, que es en sí mismo un inspirado canto
a la gloria de Dios, rebosante de fervor, como cuando la lava ardiente de un volcán llega al
mar y hace hervir el agua a borbotones.
El disco incluye además el Salve Regina y el Nisi Dominus, en una versión cargada de brío, cuyo
Sicut sagittae nos hará sentir prácticamente las flechas clavarse en la pared que haya detrás
de nosotros. Es un acierto ir alternando en el disco su música vocal con obras instrumentales,
sobre todo con la Sinfonia "al Santo Sepolcro", tan dramática y oscura que no parece de Vivaldi,
y de la que no hay demasiadas versiones (aunque merece la pena citar aquí la de Biondi y la de
los London Baroque).
La reciente proliferación de grabaciones como ésta vienen a cubrir un vacío que cada vez se
hacía más patente. Desde los tiempos de Negri los criterios interpretativos han cambiado
bastante, y se hacían necesarias versiones "de refresco". En 1988 el sello Harmonic publicó un
disco a cargo de Gérard Lesne y el Ensemble Il Seminario musicale, con el Stabat Mater, el
Nisi Dominus y otras dos obras más, de sorprendente sonoridad. En ASV existe otro disco a cargo
de Ex Cathedra, vital y espontáneo, donde cabe destacar la estupenda versión del Beatus vir y
la brillante intervención del contratenor Nigel Short en el Stabat Mater. No hace mucho
Harmonia Mundi nos sorprendía con otra magnífica versión del Stabat Mater a cargo de Chiara
Banchini, el Ensemble 415 y Andreas Scholl. Y ahora por fin Archiv nos ofrece lo que Trevor
Pinnock puede hacer con estas páginas. Michael Chance está magnífico, y Pinnock consigue que
los instrumentistas arropen sus intervenciones con una delicadeza no exenta de sensualidad. A
Vivaldi le hubiera encantado.
Es importante destacar la inclusión de la traducción de las notas (aunque no de los textos de
las obras) al español. Parece que las multinacionales del disco van entrando en razón Y si
tienen ocasión, no se pierdan la foto de Pinnock sentado, con el abrigo en la mano y gesto de
"Hala, haz la foto y vámonos a casa, que ahí queda eso". Memorable.
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