VIVALDI

Nisi Dominus RV 608. Concierto para cuerdas y bajo continuo en re menor RV 128. Stabat Mater RV 621. Sinfonía para cuerdas en si menor "al Santo Sepulcro" RV 169. Salve Regina RV 616.

Michael Chance, contratenor
The English Concert.
Trevor Pinnock, órgano y dirección
ARCHIV 453428-2 DDD

           Muchos aficionados se habrán preguntado en alguna ocasión por qué existen tan pocas grabaciones de la música vocal de Vivaldi si lo que se conoce es incluso mejor que sus conciertos. La respuesta es sencilla : estas obras permanecieron largamente relegadas al olvido hasta que fueron redescubiertas en 1920. Sin embargo, como nos relata M. Talbot en su estupendo libro sobre Il Prete Rosso, el violinista y contemporáneo suyo Tartini, con cierta envidia de los conciertos vivaldianos, encontraba una explicación para él mucho más lógica a la escasa popularidad de su música vocal: "Vivaldi, que deseaba trabajar en ambos campos (vocal e instrumental), siempre se hizo silbar en el primero, aunque disfrutó de grandes éxitos en el segundo". Sin embargo Mattheson, que puede ser considerado como el antecesor de la crítica musical tal como la entendemos en la actualidad, y que siempre ha sido conocido por sus polémicos escritos, afirmaba que " Vivaldi, pese a no ser cantante, ha tenido el buen juicio de mantener sus saltos de violín alejados tan completamente de sus composiciones vocales que sus arias se han convertido en una espina clavada en la carne para muchos expertos compositores vocales". ¿A quién debemos creer? Menos mal que las obras siguen ahí para que cada cual juzgue por sí mismo.

           El éxito del estreno en nuestro país de la película Shine, en cuya banda sonora se emplea entre otros motivos musicales el bellísimo motete de Vivaldi Nulla in mundo pax sincera, ha despertado el interés de un número creciente de aficionados que se acercan a las tiendas de discos deseosos de conocer la obra vocal del compositor italiano. Algunos de ellos ni siquiera se habían atrevido nunca a escuchar música clásica vocal y mucho menos sacra. Todos hemos oído alguna vez referir en términos casi legendarios que a pesar de ser sacerdote cohabitaba con una cantante de ópera, que era una especie de exhibicionista del violín, mezcla de empresario y trotamundos, y que se le prohibió decir misa porque dejaba los oficios a la mitad para ir a componer. Parece que en todo esto hay más de rumor que de dato histórico, y que fue el mismo el que renunció a decir misa a causa de su asma. La historia nos dice que Vivaldi era un hombre de orígenes humildes y de escasa cultura. Su música vocal es absolutamente espontánea, y parece desprenderse de ella el fervor arrebatado de su profunda fe religiosa. Su Stabat Mater, por ejemplo, es muy diferente de los de otros compositores de su misma época, como Caldara o Steffani. Tremendamente solemne, tremendamente triste, está estructurado en nueve movimientos cuyos tempi van del Adagissimo al Andante. Los tres primeros (Stabat Mater, Cuius animam, O quam tristis) se repiten en los tres siguientes casi idénticamente, cambiando la letra (Quis est homo, Quis non posset, Pro peccatis). Este recurso repetitivo transmite a la perfección el sufrimiento lacerante, la pena obsesiva. Los otros tres movimientos poseen su propia estructura. La chispa estalla en el Amen, sin indicación de tiempo, que es en sí mismo un inspirado canto a la gloria de Dios, rebosante de fervor, como cuando la lava ardiente de un volcán llega al mar y hace hervir el agua a borbotones.

           El disco incluye además el Salve Regina y el Nisi Dominus, en una versión cargada de brío, cuyo Sicut sagittae nos hará sentir prácticamente las flechas clavarse en la pared que haya detrás de nosotros. Es un acierto ir alternando en el disco su música vocal con obras instrumentales, sobre todo con la Sinfonia "al Santo Sepolcro", tan dramática y oscura que no parece de Vivaldi, y de la que no hay demasiadas versiones (aunque merece la pena citar aquí la de Biondi y la de los London Baroque).

           La reciente proliferación de grabaciones como ésta vienen a cubrir un vacío que cada vez se hacía más patente. Desde los tiempos de Negri los criterios interpretativos han cambiado bastante, y se hacían necesarias versiones "de refresco". En 1988 el sello Harmonic publicó un disco a cargo de Gérard Lesne y el Ensemble Il Seminario musicale, con el Stabat Mater, el Nisi Dominus y otras dos obras más, de sorprendente sonoridad. En ASV existe otro disco a cargo de Ex Cathedra, vital y espontáneo, donde cabe destacar la estupenda versión del Beatus vir y la brillante intervención del contratenor Nigel Short en el Stabat Mater. No hace mucho Harmonia Mundi nos sorprendía con otra magnífica versión del Stabat Mater a cargo de Chiara Banchini, el Ensemble 415 y Andreas Scholl. Y ahora por fin Archiv nos ofrece lo que Trevor Pinnock puede hacer con estas páginas. Michael Chance está magnífico, y Pinnock consigue que los instrumentistas arropen sus intervenciones con una delicadeza no exenta de sensualidad. A Vivaldi le hubiera encantado.

           Es importante destacar la inclusión de la traducción de las notas (aunque no de los textos de las obras) al español. Parece que las multinacionales del disco van entrando en razón Y si tienen ocasión, no se pierdan la foto de Pinnock sentado, con el abrigo en la mano y gesto de "Hala, haz la foto y vámonos a casa, que ahí queda eso". Memorable.



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