Los siglos XVIII y XIX fueron la época dorada de la música para instrumentos de viento.
Básicamente, estos grupos instrumentales o harmonien, como se les llamaba en Alemania, estaban
constituidos por clarinetes, trompas naturales y fagots, y la música compuesta para ellos
recibía el nombre de Harmoniemusik o musique d'harmonie. Era una deliciosa excusa para muchos
compositores la creación de estas agradables piezas que se interpretaban los salones del siglo
pasado, y los músicos vieneses, Mozart entre ellos, fueron auténticos maestros en este arte.
Las obras para viento de la escuela francesa son mucho menos conocidas, y este disco pretende
llenar este vacío fonográfico que ha durado ya muchos años; incluye, entre sus atractivos,
varias obras que nunca antes habían sido registradas en compacto. Las tres Suites d'harmonie de
Blasius gozaron en su momento de una merecida popularidad, y son en sí deliciosas colecciones
de ritmos populares y danzas. El sexteto de Castil-Blaze sorprenderá a los aficionados a este
tipo de música. Aunque no es superior a las obras de los maestros de Viena, incluye técnicas
que revelan a un gran conocedor de la composición para instrumentos de viento, lo que no deja
de asombrarnos en un compositor que tuvo en su tiempo fama de plagiario. Los clarinetistas
disfrutarán especialmente de las notas del disco que incluyen fragmentos de la partitura
marcados como chalumeau (el antecesor del clarinete) y tal como deben sonar, una octava más
bajo. Este sexteto está marcado en la partitura como "nº 1". La existencia de un posible
sexteto nº 2 o posteriores de este autor es aún una cuestión por resolver. Por último, se
incluyen el Adagio y el Rondó de Carl Maria von Weber en una preciosa versión. No son obras
francesas, pero al menos contribuyen a llenar minutaje en el compacto, lo que siempre es de
agradecer.
La calidad del grupo de instrumentos originales Mozzafiato, liderado por el clarinetista
Charles Neidich, avalada por espléndidas grabaciones anteriores, sale una vez más airosa y
libre de mácula. Una interpretación incorrecta convierte a estas obras en una música insulsa y
carente de interés. Sin embargo, la audición de este disco nos traslada al ambiente decadente
de una reunión en un salón decimonónico a la caída de la tarde, cuando las flores del jardín
comienzan a exhalar sus embriagadores e intensos perfumes, y donde la música se convierte en
uno más de los innumerables placeres concebidos para deleitar nuestros sentidos.
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