A finales del s. XV la ciudad de Buda era la residencia principal de los reyes y el centro
neurálgico de Hungría ; su corte era un rico muestrario de la diversidad de estilos musicales
de la época. Pero políticamente el país atravesaba una época turbulenta que condicionó el
desarrollo musical de manera inevitable. En 1490 muere el rey Matías. Su sucesor, Wladislao II,
primer rey de la dinastía de los Jagiellos, llegó acompañado por sus propios músicos, lo que
influyó en la disolución de la capilla real creada por el monarca anterior, pero no en una
organización musical similar que servía exclusivamente a la esposa de Matías, la reina Beatriz
de Aragón, y que continuó activa.
Luis II, el segundo y último Jagiello, amplió el círculo de músicos reales e incluso organizó
en 1522 un coro privado para su joven esposa María de Austria, quien había recomendado a
Stoltzer para el cargo de maestro de capilla de la Corte. Mas los problemas políticos y las
dificultades económicas seguían en aumento. En 1526 se produjo el desastre de Mohács, batalla
en la que los turcos derrotaron a los húngaros, y donde murieron el rey y posiblemente el
propio Stoltzer. El poder central se vino abajo y el país se dividió en tres partes.
La música renacentista en las cortes centroeuropeas resultó influenciada por las corrientes
italianas, francesas y flamencas : el manuscrito polaco de Jan Lublin incluye obras de
Janequin, Desprez, Verdelot y Senfl, y todavía hoy se discute la improbable visita a Hungría
del afamado Willaert, nombrado cantor regis Ungariae, lo que en el país magiar se consideraba
un altísimo honor. Pero el toque personal del carácter centroeuropeo fue una técnica de
composición más rígida y densa, aportada por los compositores alemanes que llegaron a Buda
procedentes de Silesia : Finck y Stoltzer.
Stoltzer demostró ser uno de los maestros más excepcionales de su tiempo. Su estilo puede
relacionarse con el de Isaac y el de Finck, de quien debió ser alumno. Simpatizó con la
Reforma, aunque sin acercarse a ella abiertamente. En sus últimos años compuso motetes en latín
y salmos en alemán, algunos de ellos con textos de Lutero. Salvo excepciones, su obra no asume
complicaciones contrapuntísticas ; así, y a primera vista despojada de todo ornamento, su
polifonía resulta de una peculiar riqueza, llena de expresividad en base a su aparente
sencillez.
En este compacto que nos ofrecen los Wesser-Renaissance aparece lo que podría haber sido una
misa en la corte húngara con piezas para coro mezcladas con obras instrumentales del autor
procedentes de sus Octo tonorum melodiae, antología de ocho fantasías a 5 (una para cada modo
eclesiástico), primer ejemplo conservado de un ciclo completo de piezas instrumentales en la
literatura musical. Razón de más para que el aficionado curioso se haga con él, a la espera,
quizá vana, de una grabación completa.
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