A finales del siglo XVII nace en Italia -y más concretamente en Nápoles- la ópera cómica, en
contraste con la ópera seria. En las primeras óperas barrocas, y ya desde la época de
Monteverdi, los personajes serios y los cómicos coexisten en la misma trama. Esta dualidad no
es típica sólo de la ópera; la figura del gracioso es una característica esencial de las obras
de teatro del Siglo de Oro español. En cada lugar y en cada época el género bufo evolucionó
por caminos distintos, dando lugar a géneros diferentes. En Italia se consolidó el intermezzo,
ópera cómica muy breve de carácter satírico que se interpretaba entre dos actos de una ópera
seria con el fin de disminuir la tensión dramática. Solía tener pocas partes vocales (a veces
sólo dos) y se interpretaba con un conjunto instrumental bastante reducido. Los temas se
extraían de la vida cotidiana: matrimonios de conveniencia, abusos de los poderosos,
criticables torpezas y estupideces de los nuevos ricos, vanidad femenina, obcecaciones
machistas o caprichos de artistas encumbrados. Este género acabó destinándose a teatros
menores, y, en consecuencia, a un público de más baja extracción social que disfrutaba con un
lenguaje más coloquial y para el que probablemente era más importante la frescura del diálogo y
la calidad de los recitativos que la dificultad de las arias o el virtuosismo de los cantantes.
Cuando la ópera cómica comenzó a interesar a autores de la talla de Porpora, Leo o Scarlatti,
los intermezzi aumentaron su duración y algunos cantantes comenzaron a especializarse en su
interpretación. Más tarde, lo serio y lo cómico volvieron a mezclarse en lo que se dio en
llamar ópera semiseria o drama giocoso, calificativo que aún ostenta el Don Giovanni de Mozart.
El intermezzo tuvo su mayor esplendor en La serva padrona (1733) de Pergolesi.
Il marito giocattore e la moglie bacchettona (1715?) está protagonizado por Bacocco
(interpretado por el bajo Antonio Abete), jugador empedernido, y su desesperada mujer, Serpilla
(la excelente mezzo Gloria Banditelli, que aparece en uno de los últimos discos de Fabio Biondi
dedicado a arias de Haendel). Ante la ruinosa situación económica de la familia ocasionada por
la afición de Bacocco, Serpilla decide denunciarle, sin sospechar que el juez que escucha sus
cuitas es el propio Bacocco disfrazado (que canta aquí en falsete). Humillada y repudiada, vive
en la miseria hasta que se produce la reconciliación en el precioso dúo Tuppe, tuppe, tappe,
tappe, onomatopeya de los dos corazones latiendo al unísono, que es probablemente lo mejor del
intermezzo. La obra es idónea como iniciación a uno de los múltiples caminos de la ópera
barroca, apta para aquellos que temen las obras largas con muchos recitativos; es una joya,
pero breve y condensada, con numerosos detalles cómicos inteligentemente resaltados por la
expresividad de Abete y Banditelli.
La toma de sonido -una grabación en vivo del año 1995-6, a pesar de lo cual solo se oye alguna
pasada violenta de las hojas de las partituras y los aplausos del final- no es perfecta,
probablemente debido a una colocación de micrófonos algo descuidada que no favorece a las
voces; pero el espléndido acompañamiento de Il Viaggio Musicale, músicos italianos formados en
su mayoría en los Países Bajos y la espontaneidad y comicidad de los cantantes compensan
sobradamente este pequeño defecto.
Como complemento antitético a tanta hilaridad, el programa del compacto se completa con arias
de La Griselda de Zeno, (autor dramático en cuyas obras no hay conexión entre lo trágico y lo
cómico) con acompañamiento solo de clave.
Un pequeño error subsanable en la numeración de las últimas arias no empaña la presentación del
libreto, que incluye el texto completo del intermezzo y de las arias y sus traducciones al
inglés, y unas interesantes notas de Alessandro Bares sobre la influencia en el género de la
Commedia dell'Arte y de la poesía culta.
GB 2198-2
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