Recital de viola de gamba de Paolo Pandolfo en Glossa.

Un viaje por Europa a través de la viola de gamba...y algo más.

           Bajo el nuevo diseño de las portadas de la serie Nouvelle vision de Glossa, con neblinosas fotografías de lagos tibetanos de Jean Forest, cuya estética resulta más próxima quizá a la New Age que a la música antigua, se nos ofrece un bello recorrido por la historia de la viola de gamba, a cargo de Paolo Pandolfo. El repertorio escogido reúne algunas de las piezas más representativas compuestas para este instrumento. Casi todo lo que aquí oigamos resultará familiar para la mayoría de los aficionados; el recorrido empieza con el Aria della Monicha, melodía empleada por multitud de compositores, entre los que se cuenta Frescobaldi para su famosa misa, y que casi todos recordarán por su difusión en la banda sonora de Savall de la película Todas las mañanas del mundo como Une jeune fillette. Pero merece la pena escuchar las bellísimas variaciones que de esta pieza hace Pandolfo y en las que resume en unos seis minutos lo mejor de las horas de improvisación que pasa en soledad para su propio disfrute.

           El viaje a través del tiempo y del espacio continúa en España con dos pass'emezzi de Diego Ortiz; la siguiente etapa es Inglaterra, con obras de Corkine y Hume, y el desconocido (para mí por lo menos) Richard Sumarte. Continuamos por Francia, donde la viola de gamba alcanzó su máximo esplendor. Son inevitables aquí Les Voix Humaines y Le Badinage, de Marais, y dos obras de De Machy y de St. Colombe le Fils. La viola llegó en Alemania a su ocaso inevitable, desbancada por el violonchelo; se nos ofrece la Suite en sol mayor BWV 1010 de Bach en versión viola en lugar de en violonchelo. Tres piezas de Abel parecen poner fin al disco. Pero durante la grabación se produjo el fallecimiento de Angela, muy querida a Pandolfo, y por esta causa no pudo estar presente para dedicarle su último adiós. Mas Pandolfo es un músico, y los músicos no necesitan estar presentes para despedirse de aquellos a quienes más quieren. Su luto ha quedado inmortalizado para siempre en este disco; se trata de un conmovedor A solo que da título al compacto, escrito a la manera de un antiguo tombeau. Podría pasar por una pieza revolucionaria de un Marais, o un St. Colombe, si no fuera por ese extraño final inconcluso que pinta un paisaje de dolor que se amortigua, a causa quizá de las nieblas del tiempo, pero que no termina nunca de extinguirse.

           La viola de gamba, especie de "laúd tocado con arco", es el instrumento que mejor reproduce las características de la voz humana, como muy bien se sugiere en el ensayo del propio Pandolfo que acompaña al disco; la viola parece respirar, hablar, suspirar, susurrar, sollozar, gritar y hasta elevar a Dios una secreta plegaria. Tañida por Pandolfo, y desnuda del continuo, nuestros oídos descubren facetas hasta el momento inauditas hasta en la piezas más populares; en sus manos la viola es una garganta sublime capaz de articular los ecos del sentimiento humano con los más diversos acentos, lejanos quizá en el tiempo, pero próximos sin duda en el corazón. El desamor, el dolor, la aflicción, la disociación, y la fe cuando todo parece perdido, son sentimientos universales, comunes al hombre del siglo XVI y al de nuestros días. La mera audición de este compacto te hace sentir que no eres diferente; tus dolores, tus miedos, tus histerias, tus pequeñas mezquindades, tus diminutas glorias, tus poco sutiles venganzas, están ancladas desde hace siglos en la memoria de ese cerebro de reptil y luego de mamífero; es muy útil recordar esta idea cuando te sientes abandonado a tu suerte atrapado por un atasco, o cuando te hacinas como ganado en el Metro en hora punta, colgando de una barra a merced de la inercia cual jamón curado transportado en un camión; cuando tienes problemas con tus hijos o tus compañeros de trabajo, cuando dudas si hacer el amor con la fulana indiferente que invitas a los conciertos. Nada es real, nada existe de verdad; sólo el sonido puro, sólo su luz entre las tinieblas, sólo Parsifal en Viernes Santo, sólo la viola de Pandolfo sonando a través de los siglos en tu equipo de música.

           GCD 920403



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