Pietro Domenico Paradies -originariamente Paradisi- pertenece a la generación de clavecinistas
italianos -como Platti, Rutini o Galuppi- cuya obra, que puede encuadrarse entre la de
Scarlatti y la de Mozart, supuso la transición entre el estilo galant y el clasicismo. Estudió
con Porpora y compuso varias óperas sin excesivo éxito. Se estableció en Londres en 1746, y
regresó a Italia en 1770, posiblemente por problemas económicos. Fue muy apreciado por la
familia Mozart; de hecho, y como se menciona en las notas del compacto, el único testimonio que
existe acerca de las cualidades humanas de Paradies es una carta de Leopold Mozart dirigida a
Lorenz Hagenauer, en la que se refiere a él como "nuestro buen amigo" y en la que explica como
Paradies tomó bajo su cuidado a una mujer que había enviudado, criando a sus hijos como si
fueran propios. Sin embargo, y a pesar de esta nobleza de sentimientos, era frecuentemente
confundido con otro Paradisi coetáneo suyo, castrato y profesor de canto, de moralidad bastante
dudosa. Este equívoco llega hasta nuestros días, como reflejan diccionarios de considerable
prestigio (léase New Grove), y fue probablemente la causa por la que adoptó la forma inglesa de
su nombre.
Este compacto contiene las seis primeras de sus doce Sonate di Gravicembalo, su obra más
conocida, publicada por Johnson en 1754 y reimpresa en varias ocasiones -algo que no era
demasiado frecuente en aquella época- debido a la gran popularidad que alcanzaron. Es la
primera vez que se afronta su grabación completa; algunos clavecinistas, como por ejemplo
Trevor Pinnock, han grabado alguna de ellas, pero merece la pena conocer la obra en su
conjunto. Las sonatas constan de dos movimientos, como las de Galuppi, Scarlatti o Soler. El
primero es mucho más complejo y de estructura tripartita ; el segundo es más breve y simple,
y suele tener ritmo de danza. Los movimientos lentos no llegan a ser adagios ; son más bien
larghettos o moderatos. La influencia de los Trenta Esercizi de Scarlatti es notable. La
combinación rítmica nunca se repite, y cada composición está sembrada de detalles
virtuosísticos muy elaborados, con suaves pinceladas tonales que colorean el paisaje melódico.
El resultado es rico, ágil y brillante, lo que contribuye a explicar el éxito social de estas
sonatas en su tiempo. Este esquema, mucho más complejo que el del estilo galant puro, no se
puede considerar algo primitivo, sino más bien la manifestación del punto de vista de un
compositor adelantado a su tiempo que preconiza las altas cotas de expresividad que la forma
sonata alcanzará durante la etapa clásica. El clavecinista Ottavio Dantone -autor también de
las documentadas notas de este compacto- comprende muy bien esta óptica, y el resultado que
consigue es excelente. Además, la toma de sonido es magnífica y refleja un gusto exquisito.
Sólo resta esperar a que aparezca el segundo volumen, con las sonatas de Paradies más maduras,
que requieren recursos aún mayores y que podrían ser la auténtica piedra de toque de este
artista.
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