La cantata fue uno de los géneros preferidos por los compositores italianos, especialmente las
cantatas de tema profano, especie de óperas en miniatura. La cantata sacra y la profana se
distinguían casi exclusivamente por su tema y texto. Las profanas se publicaban frecuentemente
en colecciones y su difusión se debía sobre todo al mecenazgo de la burguesía, que presumía de
educar e instruir a sus hijos en las ciencias y las artes, especialmente en el canto. Las
familias demostraban los privilegios de su posición social mediante los signos externos,
presumiendo de la calidad de sus preceptores y maestros de música. Las cantatas eran
interpretadas en las ocasiones solemnes, como bodas, cumpleaños, onomásticas, entradas de
personajes ilustres... y eran una estupenda excusa para que los diletantes, tan numerosos en la
época, lucieran públicamente sus habilidades. Esto favoreció que las partituras que los nuevos
compositores dedicaban a personajes de alcurnia tuvieran una espléndida aceptación, y el
esfuerzo creativo era siempre correspondido con un gesto de agradecimiento y algún rico
presente, que era exhibido por el nuevo compositor a la manera de condecoración, y que le
abriría las puertas de la fama y del prestigio, con el consiguiente aumento de popularidad y
una posterior lluvia de encargos y posibilidades de trabajo. Esto no debe hacernos pensar que
las cantatas hechas para tales fines carezcan de calidad, como testifican los abundantes
ejemplos que nos han llegado de A. Scarlatti, B. Marcello, Astorga, Lotti... Perti no fue una
excepción; su primer opus, las Cantate morali e espirituale (1688) está dedicado al emperador
Leopoldo II, quien le regaló una cadena de oro como pago a tal atención. Perti había recibido
las primeras nociones musicales de su tío Lorenzo, y estudió posteriormente contrapunto con G.
Corso, apodado Celano. Tras componer algunas obras sacras decidió escribir estas cantatas, de
carácter melancólico, muy acordes con la naturaleza del emperador. Imagino que éste recibiría
con demasiada frecuencia obras similares como para prestar a todas la debida atención; sin
embargo, y como se nos cuenta en las interesantes notas del disco, el italiano Gaggioti, bajo
de la capilla de San Petronio, de la que Perti fue maestro de capilla, servía por entonces en
la corte de Viena y simpatizó con su causa, dándole además algunos útiles consejos para que su
música fuera fácil y así resultara del agrado del emperador. Donati, otro bajo boloñés,
interpretó la cantata n° 4 en la corte, contribuyendo así a su aceptación. Perti recibió como
regalo una cadena de oro y el agradecimiento del emperador, que le llegó con bastante retraso
debido a la lentitud de los trámites burocráticos (¿no nos es esto familiar ?). Más adelante
recibiría honores de otros importantes personajes, como Carlos VI (por su op. 2, otra cadena de
oro) o Fernando de Médici.
Diez son las cantatas que componen la op. 1 de Perti : cuatro par voz sola y cuerdas (dos para
soprano y dos para bajo), y seis para dúo y cuerda (tres para soprano y bajo, dos para alto y
bajo y una para soprano y alto). No debe de extrañarnos la gran atención que se presta a la voz
de bajo, ya que fue un cantante de tal cuerda el que presentó esta obra en la corte. Dos de las
cantatas son de tema turco, La Turchia supplicante y Perdite dell'Otomano ; esto tampoco
debería sorprendernos si recordamos que la fecha de composición es muy próxima a la de la
liberación de Viena de manos de los turcos (1683), lo que supuso una especie de euforia
nacional y era desde luego una materia estupenda para impresionar al emperador. Las estructuras
son muy diferentes, sobre todo en las de dos voces: unas veces se trata de duetos, intercalando
ariosos y recitativos para cada voz ; otras veces nos encontramos un continuo dúo, y en otras
ocasiones la cantata adquiere forma de diálogo. Algunos curiosos efectos, como en el final de
la cantata VII, Instabilità della vita humana, en la palabra "scema" nos convencerán de la
calidad de la música, en la que se perciben influencias de Luigi Rossi, Carissimi y Cesti.
Sergio Vartolo y su conjunto ejercen una eficaz labor instrumental; la soprano resulta algo
nasal, sobre todo en los agudos, pero el bajo es mejor, muy expresivo aunque con alguna
dificultad en las agilidades. La duración de los compactos (45' y 37') es una pequeña
desventaja. A cambio, la toma de sonido es excelente. La obra es una buena excusa para sacar de
su olvido a Perti, compositor en su tiempo de gran prestigio, que fue maestro de Torelli y
G. B. Martini, y al que quizá no se le ha prestado la debida atención discográfica. Hay que
agradecer a Bongiovanni su insistencia después de la publicación de una interesante Misa a 8
voces de este mismo compositor (GB 2039) también a cargo de Sergio Vartolo y con solistas de la
talla de Gloria Banditelli o Claudio Cavina, que pasó en su momento casi desapercibida.
GB5061/62-2
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