Cantate morali e spirituali de Perti (1661-1756)

Cantatas que merecieron como premio una cadena de oro


           La cantata fue uno de los géneros preferidos por los compositores italianos, especialmente las cantatas de tema profano, especie de óperas en miniatura. La cantata sacra y la profana se distinguían casi exclusivamente por su tema y texto. Las profanas se publicaban frecuentemente en colecciones y su difusión se debía sobre todo al mecenazgo de la burguesía, que presumía de educar e instruir a sus hijos en las ciencias y las artes, especialmente en el canto. Las familias demostraban los privilegios de su posición social mediante los signos externos, presumiendo de la calidad de sus preceptores y maestros de música. Las cantatas eran interpretadas en las ocasiones solemnes, como bodas, cumpleaños, onomásticas, entradas de personajes ilustres... y eran una estupenda excusa para que los diletantes, tan numerosos en la época, lucieran públicamente sus habilidades. Esto favoreció que las partituras que los nuevos compositores dedicaban a personajes de alcurnia tuvieran una espléndida aceptación, y el esfuerzo creativo era siempre correspondido con un gesto de agradecimiento y algún rico presente, que era exhibido por el nuevo compositor a la manera de condecoración, y que le abriría las puertas de la fama y del prestigio, con el consiguiente aumento de popularidad y una posterior lluvia de encargos y posibilidades de trabajo. Esto no debe hacernos pensar que las cantatas hechas para tales fines carezcan de calidad, como testifican los abundantes ejemplos que nos han llegado de A. Scarlatti, B. Marcello, Astorga, Lotti... Perti no fue una excepción; su primer opus, las Cantate morali e espirituale (1688) está dedicado al emperador Leopoldo II, quien le regaló una cadena de oro como pago a tal atención. Perti había recibido las primeras nociones musicales de su tío Lorenzo, y estudió posteriormente contrapunto con G. Corso, apodado Celano. Tras componer algunas obras sacras decidió escribir estas cantatas, de carácter melancólico, muy acordes con la naturaleza del emperador. Imagino que éste recibiría con demasiada frecuencia obras similares como para prestar a todas la debida atención; sin embargo, y como se nos cuenta en las interesantes notas del disco, el italiano Gaggioti, bajo de la capilla de San Petronio, de la que Perti fue maestro de capilla, servía por entonces en la corte de Viena y simpatizó con su causa, dándole además algunos útiles consejos para que su música fuera fácil y así resultara del agrado del emperador. Donati, otro bajo boloñés, interpretó la cantata n° 4 en la corte, contribuyendo así a su aceptación. Perti recibió como regalo una cadena de oro y el agradecimiento del emperador, que le llegó con bastante retraso debido a la lentitud de los trámites burocráticos (¿no nos es esto familiar ?). Más adelante recibiría honores de otros importantes personajes, como Carlos VI (por su op. 2, otra cadena de oro) o Fernando de Médici.

           Diez son las cantatas que componen la op. 1 de Perti : cuatro par voz sola y cuerdas (dos para soprano y dos para bajo), y seis para dúo y cuerda (tres para soprano y bajo, dos para alto y bajo y una para soprano y alto). No debe de extrañarnos la gran atención que se presta a la voz de bajo, ya que fue un cantante de tal cuerda el que presentó esta obra en la corte. Dos de las cantatas son de tema turco, La Turchia supplicante y Perdite dell'Otomano ; esto tampoco debería sorprendernos si recordamos que la fecha de composición es muy próxima a la de la liberación de Viena de manos de los turcos (1683), lo que supuso una especie de euforia nacional y era desde luego una materia estupenda para impresionar al emperador. Las estructuras son muy diferentes, sobre todo en las de dos voces: unas veces se trata de duetos, intercalando ariosos y recitativos para cada voz ; otras veces nos encontramos un continuo dúo, y en otras ocasiones la cantata adquiere forma de diálogo. Algunos curiosos efectos, como en el final de la cantata VII, Instabilità della vita humana, en la palabra "scema" nos convencerán de la calidad de la música, en la que se perciben influencias de Luigi Rossi, Carissimi y Cesti. Sergio Vartolo y su conjunto ejercen una eficaz labor instrumental; la soprano resulta algo nasal, sobre todo en los agudos, pero el bajo es mejor, muy expresivo aunque con alguna dificultad en las agilidades. La duración de los compactos (45' y 37') es una pequeña desventaja. A cambio, la toma de sonido es excelente. La obra es una buena excusa para sacar de su olvido a Perti, compositor en su tiempo de gran prestigio, que fue maestro de Torelli y G. B. Martini, y al que quizá no se le ha prestado la debida atención discográfica. Hay que agradecer a Bongiovanni su insistencia después de la publicación de una interesante Misa a 8 voces de este mismo compositor (GB 2039) también a cargo de Sergio Vartolo y con solistas de la talla de Gloria Banditelli o Claudio Cavina, que pasó en su momento casi desapercibida.

           GB5061/62-2



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