JULIO PUYOL Y ALONSO:
APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA.


Introducción

           Uno nunca es consciente del todo de la gran cantidad de datos sobre nuestros actos que generamos a lo largo del día y que se pierden si no se transforman en documento y se archivan. Cada vez que tiramos a la basura una carta o una factura estamos destruyendo información que permanecerá un tiempo en nuestro cerebro para desaparecer finalmente entre las nieblas del olvido. Por si fuera poco, nuestra memoria es muy subjetiva; depende de la edad y de los sentimientos. La parte de la información que retenemos es la que más suscita nuestro interés. Los recuerdos de un niño y de un adulto ante una misma escena o situación no son los mismos. Sin embargo, a veces la única fuente documental es la transmisión oral, y es preciso ser muy cauto cuando se maneja este tipo de información.

           Hoy día todo parece más fácil; si yo quiero buscar a un antiguo compañero de la Universidad con el que he perdido contacto, lo primero que se me ocurre es buscar su teléfono en la guía y su dirección de correo electrónico en Internet. Todos estamos fichados por Hacienda; nuestro nombre queda en los bancos donde está domiciliada nuestra nómina, poseemos tarjetas de crédito, aparecemos en el censo electoral para las votaciones, y las empresas de mailing conocen más sobre nuestra vida que nosotros mismos. Alguien ha llamado al siglo XX la era de la información, y a medida que se acerca el fin de siglo este proceso se ha acelerado progresivamente. Pero no ocurría igual en los albores del siglo, ni durante la posguerra. La vida era más tranquila y sencilla. Las ciudades eran más pequeñas; las calles, menos ajetreadas, aun no invadidas por los coches, invitaban al disfrute de tranquilos paseos vespertinos por sus calles, plazas y jardines. La gente cambiaba de casa con facilidad; lo normal era tener la casa en régimen de alquiler en lugar de en propiedad, lo que explica en parte las lagunas de padrones y censos.

           Mi familia, como tantas otras, ha conservado los recuerdos pertenecientes a sus antepasados, generación tras generación. Sin embargo, la agitada historia de nuestro país ha afectado gravemente a documentación que se guardaba, y ha destruido información valiosa. Algunos archivos donde podían existir datos sobre mi bisabuelo, como el del Ateneo de Madrid, ardieron durante la Guerra Civil; la documentación, los libros de la biblioteca de Julio Puyol y numerosas fotografías que mi abuelo Juan atesoraba y que había heredado de su padre se perdieron durante el incendio de 1941que devastó Santander, ciudad a la que poco antes se había trasladado mi familia. Mi madre, que contaba entonces con 4 años de edad, recuerda todavía haber visto pasar sobre su cabeza miradores en llamas arrastrados por el viento. Todo esto da una idea de la dificultad que ha supuesto (y que supone todavía, porque la búsqueda continúa)esta reconstrucción biográfica.

           Este trabajo no intenta en modo alguno suplantar la labor de un investigador. Es tan solo una modesta recopilación de los datos que dispersaron los reveses de la Fortuna. Hay todavía muchas lagunas y puntos oscuros; espero con toda ilusión que estas páginas puedan servir de guía a personas capacitadas para esta labor que quieran profundizar en el estudio de la figura de Julio Puyol y Alonso.

Belén Gallego Puyol
Bisnieta de Julio Puyol y Alonso.



  Retroceder página   Menú biografía   Avanzar página Inicio