JULIO PUYOL Y ALONSO:
APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA.


   

Su vida familiar: matrimonio e hijos.

           Julio Puyol y Alonso contrajo matrimonio con Luisa Bustelo Rivas el 23 de noviembre de 1896. Se casaron en la capilla del Carmen de la parroquia de San Sebastián sita en la madrileña calle de Atocha.

Parroquia San Sebastián

Texto del acta matrimonial de Julio Puyol y Luisa Bustelo, extraído del Archivo de la Parroquia de San Sebastián de Madrid, registros matrimoniales, tomo 57 folio 27:

"En la Parroquia de San Sebastián de Madrid, en veintitrés de Noviembre de mil ochocientos noventa y seis; yo Don Carlos Aguilera pbro. coadjutor primero de ella, con licencia expresa del señor cura propio de la misma Dr Don Manuel Pascual Pavía y despacho del Iltmo. Señor Provisor y Vicario general de este obispado, su fecha cinco del presente mes, refrendado por el Notario Don Fernando Gutiérrez, habiendo precedido la lectura de las tres canónicas amonestaciones, examen en Doctrina cristiana y aprobación en ella, y demás requisitos exigidos por derecho, desposa por palabras de presente y acto seguido di las bendiciones nupciales, a Don Julio Puyol y Alonso, soltero, Abogado, de treinta y un años de edad, natural de León y domiciliado en esta Corte en la calle de Lope de Vega números cuarenta y seis y cuarenta y ocho, hijo legitimo de Don Juan y de Doña Margarita, naturales respectivamente de Zaragoza y de León, con Doña Luisa Bustelo y Rivas, soltera, de veintidós años de edad, natural de Madrid y domiciliada en la calle del Prado número veinticuatro, hija natural de Don Miguel y de Doña Luisa, ya difuntos, naturales respectivamente de Ciudad Real y de Madrid, fueron padrinos y testigos Don Francisco Pintado y Sánchez, casado, de cincuenta y dos años, domiciliado calle del Prado número veinticuatro y la señora madre del contrayente y en su nombre Doña Pilar Puyol y Alonso. Y para que así conste lo firmo (ilegible) et supra.-

Carlos Aguilera."

           Luisa nació en Madrid el 19 de septiembre de 1874, y su infancia estuvo marcada por una tragedia cuya investigación no está aún cerrada. Al parecer, su madre, Luisa Rivas, se enamoró de un indiano poseedor de una gran fortuna, y quedó embarazada de él. Al tratarse de un hombre casado no pudo reconocer a la hija que fue el fruto de su pasión.

           Luisa Rivas, abandonada y deshonrada, decidió suicidarse arrojándose con su pequeña en brazos por un balcón que daba a la plaza de Santa Ana. En aquella época los niños iban envueltos en mantillas y las mujeres llevaban complicados atavíos. La madre se mató, pero la niña, rodeada de telas y pesados ropajes pudo salvarse, y fue recogida por la criada de la casa, que se la llevó para que su hija, verdulera en la Plaza de la Cebada, la cuidara junto a sus hijos, también pequeños. La criada continuó mientras tanto muy atenta a las evoluciones de la familia del indiano, que no quería saber nada de aquella descendiente ilegítima, hasta que consiguió hablar con uno de los hermanos del auténtico padre, que era soltero y estaba enfermo, logrando que antes de morir reconociera como suya a la que realmente era la hija de su hermano. Luisa pasó entonces a vivir en una casa acomodada. Fue educada en las Damas Negras y se convirtió en una rica heredera. Se le dio una dote de 100.000 ptas. de entonces, que eran muchas pesetas. Es en aquel tiempo cuando Julio Puyol se cruza en su vida de la manera más inesperada posible.

           Luisa se encontraba en el interior de un carruaje junto a su tía Concha en el Paseo del Prado cuando los caballos se desbocaron. Mi bisabuelo, espectador de la escena, no lo dudó un momento y se lanzó al rescate, deteniendo a los caballos. Muy sensatamente, se hizo cargo de la más joven de las dos ocupantes del coche mientras otro señor hacía lo mismo con la otra dama. Las acompañaron a una botica y entablaron conversación. La joven, deslumbrada por la gesta heroica y la apostura del caballero, le agradeció el rescate entregándole su tarjeta con su dirección. Julio Puyol se convirtió pronto en visita habitual de la casa hasta que Luisa y él se prometieron. Se cuenta que tuvo algunas dudas, pero Juan, su padre, que era de Zaragoza y honrado a carta cabal, le obligó a cumplir la palabra dada y se desposaron felizmente.

           Hasta aquí la leyenda que corre en la familia. La comprobación documental de toda esta historia ya es harina de otro costal. Tengamos en cuenta que este relato puede haber sufrido alteraciones al pasar oralmente de generación en generación; además, en aquella época los asuntos referentes a hijos naturales y a muchachas deshonradas eran algo muy serio que procuraba ocultarse. Luisa murió cuando sus dos hijos eran aún muy pequeños, y ellos supieron esta historia mucho después. ¿Les contaron entonces los hechos tal como sucedieron? ¿Ocultó o inventó algo la familia? En el acta matrimonial de Julio y Luisa consta que efectivamente era hija natural de un tal Miguel (¿quizá el hermano del padre, el hombre que la reconoció?) y de Luisa, ya fallecidos en la fecha del matrimonio. Los padrones del Archivo de Estadística y el Indice de Habitantes consultados en el Archivo de Villa de Madrid aún no me han podido aclarar gran cosa. Gran parte del material necesario para la investigación se encuentra actualmente en proceso de microfilmado y no es posible tener acceso a él por el momento. Pero lo que sí puede verse en el índice de habitantes de 1900 es que la tía Concha (Concepción Bustelo y González), vivía junto a su hermano José en una casa en la calle Almirante, 12 de Madrid y percibía como pensionista una renta anual de 2500 ptas. (una fortuna en esa época), así que efectivamente debían de ser una familia acomodada.

           En el mismo índice de habitantes también aparece un Francisco Bustelo y Sánchez, casado, militar retirado, que cobraba un sueldo de 5400 ptas. anuales (cifra ésta, insisto, astronómicas para aquellos tiempos). Había nacido en Lugo el 26 de septiembre de 1842 y murió en noviembre de 1903. Su nombre resulta muy similar al de un testigo de la boda de Julio y Luisa que se refleja en el acta (Francisco Pintado y Sánchez) y vivía en la calle del Prado, 24 , la misma casa que habitaron Luisa y su tía Concha en 1886, año de la boda. ¿Quién era este hombre? Parece demasiado joven para ser el padre de Concepción y José, hermanos del indiano. Como puede verse hay muchas pistas, pero la obtención de cada fecha que lleva a un nuevo dato es un proceso laborioso y la investigación sigue su curso. Pero volvamos a nuestro relato.

           Algún tiempo después de casarse, Julio Puyol y Luisa Alonso tuvieron a Margarita, su primera hija. La vida familiar se vio alterada en 1901 con la muerte de Juan Puyol y Marín, padre de Julio, que había pasado los últimos años de su vida con su esposa y su hija Pilar en su domicilio de la calle Lope de Vega 46 y 48 en Madrid.

           El 3 de diciembre de 1903 nació Juan, el segundo y último hijo del matrimonio. Al pequeño se le detectó a los dos años una terrible enfermedad en la pierna. Julio no escatimó en gastos; los mejores especialistas, los últimos adelantos... todo antes que cortar su pequeña extremidad enferma, que se obstinaba en no crecer. Entre el círculo habitual de amistades de Julio Puyol se encontraba un médico alemán que, empleando métodos de tratamiento a base de radiaciones que se encontraban aún en vías de experimentación, consiguió su total restablecimiento. Juan tuvo que llevar un aparato especial durante toda su infancia, pero en su juventud y madurez podía caminar largas distancias sin ningún tipo de problema. (No obstante, su muerte de cáncer a los 49 años ha sido atribuida a las radiaciones que se le administraron en su niñez y cuyo peligro potencial no era aún bien conocido.)

           Las alegrías y las penas se van alternando, y a los pocos años Julio Puyol pierde a su madre. Cuando falleció su esposo, Margarita Alonso abandonó la casa de la calle Lope de Vega y pasó a vivir seis meses con cada hijo. Parece ser que encontró la muerte mientras veraneaba en Pozuelo, donde su hija Pilar (la hermana de Julio, cuya foto aparece arriba) y el esposo de ésta, Cirilo, tenían una finca. En mi familia se cuenta que Julio encajó muy mal la defunción de su madre. Cuando se enteró de que estaba agonizando, Julio cogió una cabalgadura y partió raudamente hacia donde ella se encontraba. El dolor le hizo perder totalmente la compostura; lloraba y gritaba, desesperado, golpeando su cabeza contra las paredes de la casa.

           Los restos de los padres de Julio Puyol descansan en Zaragoza, su tierra natal, como consta, de su puño y letra en un delicioso cuaderno de viaje que he podido rescatar donde describe todas las impresiones de un emotivo viaje a la patria chica de sus progenitores.

           La vida seguía, pero Luisa era de constitución débil y sus dos partos, muy difíciles, y tantas emociones acrecentaron sin duda esta condición. Murió de unas fiebres tifoideas durante unas vacaciones en El Escorial, y fue enterrada en un nicho en el Cementerio Viejo de dicha población. Dejaba dos hijos pequeños y un hombre desolado, que tras la pérdida de sus seres más queridos, debía afrontar en soledad la responsabilidad de la educación de sus hijos, siendo a la vez padre y madre. Y todo ello con el mérito añadido de no dejar nunca de lado sus trabajos de investigación.



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