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Su vida pública. Sus obras y escritos. Tras la muerte de su esposa, Julio nunca quiso volver a casarse. Aficionado como era a los refranes y dichos populares, solía decir que "Matrimonio y mortaja, del cielo baja". Sin embargo, existen rumores de amoríos con una artista de la época llamada Carmen, pero posiblemente este hecho nunca podrá ser comprobado. Gozó de la amistad de algunos personajes relevantes de su tiempo, como el general Marvá, que tuvo más de sociólogo que de guerrero y que llegó a presidente del Instituto Nacional de Previsión, Gumersindo Azcárate, nacido en León en 1840, jurisconsulto, político, escritor, presidente del Instituto de Reformas Sociales y del Ateneo de Madrid, o Benigno Vega-Inclán, marqués de Vega-Inclán, con quien solía ir a tomar las deliciosas sopas de ajo que preparaba la guardesa de la Casa-Museo del Greco de Toledo, propiedad del marqués. Se dice que a Alfonso XIII también le encantaban estas sopas de ajo y que en cierta ocasión se cruzaron con su majestad en el dintel de la puerta.
Fue también autor del primer comentario a la Ley acerca de los accidentes del trabajo del 30 de enero de 1900. Ocupó un puesto de responsabilidad en el Instituto de Reformas Sociales; de esta época son sus Informes acerca de las Minas de Vizcaya y de la Fábrica y obreros de Mieres. Participó activamente en la creación del Instituto Nacional de Previsión; aparece en la fotografía del acto inaugural del 12 de julio de 1909 presidido por el Rey, Alfonso XIII, como refleja el periódico ABC.
Ocupó un alto cargo en el Ministerio del Trabajo. Mi abuela contaba que Largo Caballero le ofreció ser ministro en varias ocasiones, pero él siempre rehusó. Pensaba que los ministros cambiaban con las sucesiones de los partidos en el poder y aquello nunca le atrajo. Supo compaginar esta clara vocación social y política con la afición que desde siempre había sentido por el estudio de la Historia. Su primer ensayo histórico es precisamente Una puebla en el siglo XIII, que contiene la fototipia de las cartas de población de El Espinar (Segovia).
Fue publicado por la Revue Hispanique en 1904. Al parecer, la familia paterna veraneaba a menudo en este pueblo segoviano, y Julio Puyol, que no desaprovechaba jamás el tiempo, encontró la ocasión de examinar el manuscrito que se guardaba en el Ayuntamiento de la localidad, publicando posteriormente el texto íntegro y su comentario. Con esta acción realizó un servicio a sus habitantes que él nunca hubiera sospechado, puesto que durante la Guerra Civil se quemaron los archivos, y gracias a esta obra se ha podido recuperar el texto. El Manual del librero hispano-americano de Palau registra un total de cuarenta y siete obras suyas. No están reseñadas allí La Reina Apócrifa (Historia que parece cuento), de 1924; El Vandalismo en una Catedral (1926); Monasterio de Guadalupe (1927), Monasterio de Carracedo (1928)... y diversos informes y ensayos, como De la supervivencia de una idea primitiva sobre el alma y la muerte, publicado en los Anales de la Academia de Ciencia Morales y Políticas en 1934. Escribió libros de crítica literaria, como Silba de varia lección o Sepan cuantos...; su estilo es de una frescura y una amenidad difícilmente superables, y sus comentarios irónicos no tienen precio. Es además autor de novelas, como La Hostería de Cantillana, escrita en colaboración con su amigo y también académico Adolfo Bonilla y San Martín, relato costumbrista y de aventuras en la que cada uno escribía un capítulo, mano a mano.
Entre los papeles que se conservan en la colección privada de mi familia hay también dos cuentos cortos hasta ahora inéditos: La Cencerrada, incompleto, posiblemente de 1899, aunque la fecha está enmendada, y Almanegra, conservada por un miembro de mi familia -coleccionista y él mismo autor de cuentos y relatos cortos-, que data de 1900.
En 1906 es elegido correspondiente de la Hispanic Society of America, y en 1914 es propuesto para ocupar la medalla número 20 de la Real Academia de la Historia. El 21 de marzo de 1915 leyó su discurso de ingreso, cuyo título fue El abadengo de Sahagún. El hecho aparece reflejado en diversos periódicos de la época cuyos recortes, recopilados entonces por algún familiar, se conservan también en un cuadernillo en nuestra colección privada.
En 1917 protagonizó una sonada disputa con el obispo de León por un "quítame allá esos códices". En su expediente, conservado en la Real Academia de la Historia, todavía hay algunas cartas que lo atestiguan; en los tomos 71 y 79, correspondientes a los años 1917 y 1921, respectivamente, del Boletín de esta misma institución también pueden leerse los detalles de esta trifulca.
Entre octubre y noviembre del año 1934 participó en unas importantes sesiones de debate de la Academia de Ciencias Morales y Políticas sobre El nacional-socialismo alemán, pioneras en nuestro país en este tema. En los Anales de dicha Academia de 1935 pueden seguirse las transcripciones de estos debates. |
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