Traducción: Isabel Bonilla
El pasado mes de abril, el director de orquesta Alexander Rahbari, director musical del sello
KOCH DISCOVER, visitó nuestro país para grabar en el Teatro Monumental de Madrid un concierto
con la Orquesta de la Radiotelevisión Española, retransmitido en diferido. Tras los ensayos,
tuvo la amabilidad de concedernos una simpática y distendida entrevista.
CD COMPACT.- Hablemos un poco de su trayectoria musical. Nació en Irán, pero se formó como
director en Austria, y fue alumno de Von Einem y de Swarowsky. ¿Qué recuerdos tiene de aquella
época y qué influencia tuvo en su estilo personal?
A. RAHBARI.- Yo era muy joven cuando hace treinta y tres años toda mi familia se trasladó a
Viena, donde residimos actualmente. Tengo dos hermanas y un hermano, y en mi mentalidad sigue
siendo persa, porque mantengo todos los días el contacto con mi madre. Pero mi técnica, mi
cultura musical proviene en un setenta por ciento de Austria. En los últimos diez años he sido
director en Bruselas. Swarowsky es el mejor de los maestros, y ha sido también profesor de
Zubin Mehta, Abbado... Pero no, en lo más profundo de mi ser me siento muy persa. Pero cuando
dirijo, soy austríaco. (Risas)
CDC.- Pero volvió a su país y aceptó el cargo de director del Conservatorio de Teherán. ¿Se
sentía en deuda con su país, obligado a contribuir a su desarrollo cultural?
A.R.- Estuve allí tres años. No solamente fui director de la orquesta, sino director de la
Academia de Música, del Conservatorio, de las Juventudes Musicales... ¡Y solamente tenía
veinticinco años! Había allí un montón de talentos. Por ejemplo este año, en verano, formamos
en Austria una orquesta con unos cien músicos persas, todos formados en Europa y en América.
Por cierto, tres de ellos provenían de Madrid. Éramos los casi los mismos, e hicimos el mismo
programa que entonces, hace veinte años, cuando ellos tenían quince y yo veinticinco.
CDC.- ¿Cuál es la situación actual de la enseñanza musical en Irán?
A.R.- No lo sé, porque la última vez que fui allí fue hace veinte años. Sé que tras la
revolución se cerró el Palacio de la Ópera y cesaron las actividades de la Orquesta Sinfónica,
y también sé que algunos músicos han comenzado a hacer algo... Pero honestamente, he perdido el
contacto. Es una lástima, y prácticamente no tengo a nadie allí.
CDC.- ¿Lo echa de menos?
A.R.- Por supuesto. Nunca echo de menos el país, sino la gente. "Mi país" no existe como tal;
mis hijos han tenido una educación internacional. Para mí todos los lugares de la Tierra son
iguales : los árboles son iguales en casi todas partes... Pero sí añoro a la gente. Aunque,
sinceramente, a medida que me voy haciendo un poco mayor me va gustando más y más el carácter
español. Hace unos diez u quince años dirigía más en Alemania, en Inglaterra... Venía a
Barcelona todos los años, pero no me sentía tan involucrado; siempre que venía estaba demasiado
ocupado con mi carrera. Ahora que he dirigido a más de cien orquestas, y entre ellas algunas de
las más grandes como la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica Checa... ahora, tras rebasar los
cuarenta años de edad, mi corazón ha empezado a decirme que se necesita algo más que una
carrera, y cuando trabajo con esta gente noto que no se trata sólo de música, sino que
disfruto, me gusta. Siento que tenemos algo en común. Procuro disfrutar más de lo que lo hacía
hace diez años; quizá esto tiene que ver con la edad. He grabado más de ciento veinte
compactos con los sellos Naxos y KOCH DISCOVER; pero ahora no necesito solamente la música,
sino también un poco de amor, de calor...y eso es algo que los españoles tienen en abundancia.
CDC.- Es Ud. un director polifacético que se ha ocupado de repertorios muy diversos : música
orquestal, conciertos, ópera... Brahms, Tchaikovsky, Puccini... pero parece preferir la ópera.
A la hora de dirigir, ¿en que época y estilo se encuentra más cómodo?
A.R.- Me he hecho más famoso por mis óperas, sobre todo en Naxos ; Naxos es un sello barato en
el que he grabado unas diez óperas : Madama Butterfly, La Traviata, Rigoletto, Tosca, Carmen,
Cavalleria Rusticana, Pagliacci, y otras obras como el Requiem Alemán de Brahms. La gente
inevitablemente los comparó con sus equivalentes de sellos más caros, diciéndose "¡Caramba!
Estos cantantes, este director... no son tan famosos como los otros, pero lo hacen muy bien." Y
de repente Naxos se hizo muy famoso pos sus óperas, así que cuando empecé a grabar para KOCH
DISCOVER, donde actualmente soy el director musical, lo hice grabando óperas. La ópera es lo
más dificil para un director. Si preguntas en Londres, donde he dirigido Simon Boccanegra o La
Forza del Destino, te dirán : "Rahbari es un especialista en Verdi" ; si preguntas en Bruselas
dirán : "No, es especialista en Puccini". En Praga recordarán que premiaron mi Dvorak, y en
Salzburgo, como fui con su orquesta de gira por Sudáfrica hablarán de mi Mozart. Pero yo creo
que si alguien ama la música, o si está dotado para ella, no hay un repertorio; puede dirigir
todo. En los últimos diez años he dirigido por vez primera obras de más de cuarenta
compositores flamencos contemporáneos. En la última semana he dirigido el Stabat Mater de
Rossini, el Requiem de Donizetti, la Misa de Gloria de Puccini, sinfonías de Dvorak,
Schubert... Aquí dirijo Petroshka. Si me preguntas si hay diferencias, te diré que no. Éste es
mi repertorio. No existen límites. Soy bueno para la ópera, pero sólo representa el treinta por
ciento de mi talento. Ser director es para mi casi un "hobby". En realidad soy compositor,
pintor y arquitecto.
(Rahbari nos habla entonces con orgullo de su afición por la pintura y la arquitectura, y como
para probar que no nos miente saca de su carpeta varias fotografías de su preciosa residencia
vienesa, que él mismo ha diseñado, y que parece una mezcla de cortijo andaluz, jaima y casa
futurista, con pinceladas de blancura ibicenca, espacios muy amplios, mucha luz y suelos
cubiertos de alfombras persas. Varios cuadros suyos cuelgan de las paredes. Los patios
interiores poseen fuentes, y alrededor de la casa hay una pequeña piscina, huerta y jardines.)
CDC.- A juzgar por la abundancia de su discografía, es usted un firme defensor de la música
grabada. ¿No cree que la proliferación actual de grabaciones distancia al oyente de la frescura
de las grabaciones en directo?
A.R.- No, más bien al contrario. Los discos más baratos han sacado la ópera a la calle. Si la
gente no conoce La Traviata, ir a la ópera puede resultarles aburrido. Pero si previamente han
comprado una grabación, la han escuchado en casa y la conocen, no es así. La música pop gusta a
la gente desde la primera vez que la oyen; no funciona como la música clásica, que suele gustar
más cuantas más veces se escucha. El CD ha conseguido llevar a la gente a las salas de
conciertos. Nunca ha habido en ellas tanta gente como ahora, sobre todo jóvenes. No hay más que
ver el fenómeno de los Tres Tenores. Lo que interpretan es música clásica, no popular, y son
escuchados por millones de personas, como si fueran a ver a Michael Jackson. Este es el
resultado de grabar discos, de reproducirlos, de conocerlos.
CDC.- ¿Qué ha venido a grabar a España?
A.R.- En los últimos años he grabado tres grandes óperas -Tosca, Otello y Falstaff - en
Barcelona. Con la Orquesta de Radiotelevisión Española me gustaría grabar compositores
españoles desconocidos para el mercado discográfico. Lo que he hecho con compositores de
Flandes quiero hacerlo con los españoles. Se conoce a Falla, y a los más famosos, pero nada
más. Y desgraciadamente no se hacen muchas grabaciones en España. Por ejemplo, en Barcelona
están los mejores cantantes, pero no había ninguna grabación de ópera en Barcelona. Por eso
hice estas tres. Creo que Madrid tiene muchas posibilidades y espero realizar aquí muchas
grabaciones en el futuro. En el extranjero se conoce la pintura, la arquitectura, la cultura
española, pero se ignora la cantidad de maravillosos músicos que hay aquí.
CDC.- Háblenos de sus colaboraciones con Aragall.
A.R.- Con Aragall he realizado muchos proyectos. Primero grabé con él en Naxos, y luego se vino
conmigo a KOCH DISCOVER, como los demás cantantes. Aragall se siente cómodo conmigo, porque
volvió a grabar el Simon Boccanegra que él ya había llevado al disco dirigido por Solti. En
Decca él había trabajado con grandes directores. Pero cuando llego a mí, descubrió que yo no le
acompañaba, sino que trabajaba con todos los cantantes. Ésta es mi auténtica especialidad
(risas). Aragall tiene un bellísimo timbre de voz, ya no es tan joven, pero no importa,
su timbre suena inocente. El color de su voz es hermoso. Tengo con él una muy buena relación,
como la tengo con Sardinero, y con otros cantantes españoles...
CDC.- ¿Es su función en KOCH DISCOVER meramente artística?
A.R.- La diferencia entre KOCH DISCOVER y otros sellos es que aquí es el músico el que decide,
y no el hombre de negocios. Un hombre de negocios diría : "Si lo que se vende es Carmen,
tenemos que hacer una Carmen". Pero en KOCH DISCOVER no se procede así. Lo último que hemos
grabado es una ópera contemporánea de Laporte, Il Castello, con libreto de Kafka, que
cuenta con seis tenores, cinco bajos, cuatro barítonos, cuatro sopranos, tres mezzos. Es la
producción más cara que hemos realizado y no es para masas. Se hace por imagen y por difundir
la cultura, no por negocio. ¿Por qué? Porque el director soy yo y soy músico, no un hombre de
negocios. Esta es la imagen de KOCH DISCOVER: tener de todo. Da lo mismo que sea Facade de
Walton, el Bolero de Ravel, las Cuatro Estaciones. Tenemos un Simon Boccanegra, pero en
paralelo con música barroca, clásica y de vanguardia. Lo que nos importa es tener a largo plazo
un fondo de catálogo con material de calidad.
CDC.- ¿Cuáles son los próximos proyectos que piensa llevar al disco?
A.R.- Pasado mañana (risas), el Requiem de Donizetti, que casi nadie conoce.
|