La valentía del sello Stradivarius al rescatar del olvido las páginas más recónditas del pasado
musical italiano está fuera de toda duda. Los sellos españoles -y las multinacionales en
general- tendrían que tomar buena nota y hacer lo propio con nuestro arrinconado repertorio
nacional para recuperar muchas obras igualmente gloriosas que no merecen la prolongada
desatención de la que han sido objeto. Y es que de valiente, como mínimo, puede calificarse la
actitud de una empresa que permite a sus músicos embarcarse en el proyecto de la grabación de
la música de cámara de un compositor que hasta en las mejores enciclopedias musicales apenas
merece un reducido espacio entre el sarrusófono y Satie, con todos los riesgos económicos que
ello comporta.
Sarti fue, al parecer un hombre cosmopolita. Hijo de un joyero que además era violinista, inició
su educación musical en su primera infancia. A los diez años comenzó sus estudios con el padre
Martini, quien formó también a Mozart y a J. C. Bach, entre otros. Con 18 años ya era organista
en la catedral de Faenza, y con 22 aceptó la dirección del teatro de esta ciudad, donde se
convertiría en un prolífico compositor de óperas. Tras sus primeros éxitos, visitó Dinamarca, y
allí se ganó la estima de Federico V, quien le nombró maestro de capilla de la corte. Fue
director de la Ópera Italiana de Copenhage. Tras una época a caballo entre Dinamarca e Italia se
vio envuelto en una serie de intrigas políticas. Regresó a Italia y consiguió el puesto de
maestro de capilla de la Catedral de Milán, por el que compitió, entre otros, con Paisiello.
Tuvo como alumno a Cherubini. Su fama se extendió por toda Europa, y fue invitado a San
Petersburgo por la emperatriz Catalina II, pero se detuvo en Viena para ser recibido por José
II y conocer a Mozart. En su etapa rusa alcanzó su cima artística. Allí compuso por encargo de
la emperatriz Nachal'noye upravleniye Olega (El principio del reinado de Oleg), una de sus
óperas más interesantes, que preconiza el uso de temas nacionalistas en la ópera rusa posterior
y en la que intenta describir e imitar el estilo musical de la Grecia Antigua (con detalles
como el acompañamiento de la flauta para representar la tibia, o los solos declamados
acompañados de arpa o violines en pizzicato para semejar la lira). Este acercamiento a la música
de la Antigüedad no tiene parangón entre los músicos de su época. Tras nuevas intrigas
políticas, que parecían ser una constante en su vida, fue apartado de la corte y retirado a
Ucrania, donde pudo emplear sus polifacéticos intereses interdisciplinarios (música,
matemáticas, geometría y física) para inventar un aparato que medía la frecuencia de los
sonidos y para fijar una afinación estándar (a'= 436 Hz) para las orquestas locales. Murió en
Berlín, donde había ido a visitar a una de sus dos hijas.
A pesar de la gran popularidad de la que gozó en su tiempo ha sido un músico controvertido y
muy criticado, y hoy es conocido fundamentalmente por tres causas : el uso que Mozart hizo de
uno de los temas de su ópera Fra i due litiganti il terzo gode en el Comme un agnello de Don
Giovanni ; su escrito Esame acustico fatto sopra due frammenti di Mozart, en el que manifiesta
no entender la música del joven vienés ; y su ópera Giulio Sabino, estudiada por Beethoven.
Estas deliciosas sonatas presentan aún vestigios barrocos, pero son ya una clara transición al
estilo galante, y cuentan con elementos al gusto italiano e influencias alemanas. La partitura
estaba presente en el archivo de una familia noble danesa y es relativamente "fácil". La
delicada interpretación convierte estas sonatas de Sarti en uno de esos pequeños placeres
mundanos no imprescindibles, pero que contribuyen notablemente a barrer de nuestras vidas ese
extraño sabor a cenizas que nos deja la rutina diaria.
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