Weser-Renaissance graba para CPO su versión de la Geistliche Chor-Music de Schütz (1585-1672)

Recursos rítmicos al servicio del texto

           El talento del gran músico alemán Heinrich Schütz fue descubierto a muy temprana edad; en su infancia fue un prometedor niño de coro de cuya educación musical se hizo cargo el príncipe compositor Moritz de Hessen. Su formación se completó en Venecia junto a Giovanni Gabrieli; quizá por esta razón manifestó durante el resto de su vida una incontenible admiración por las formas musicales italianas, que resulta patente a lo largo de toda su obra en sus parodias o "préstamos-homenaje" de diversos compositores coetáneos de esa nacionalidad. Por si esto fuera poco, sabemos que Schütz viajó nuevamente a Italia en plena madurez artística, para seguir, según él, aprendiendo con el "sagaz" Monteverdi. No se trata tan solo de una muestra de humildad luterana, sino de la ofrenda de un músico que veneraba la tradición musical del país donde se estaba gestando la ópera.

           Cabe destacar la intención pedagógica de las obras sacras de Schütz hacia los feligreses que asistían al servicio eclesiástico. Para él, la composición es simplemente el arte de traducir en música el texto, y la función del compositor es conseguir que los oyentes aprehendan el espíritu de ese texto a través de los diversos recursos estilísticos de la partitura. En ocasiones, este proceso es casi subliminal; en una de sus obras, para subrayar las palabras "él no dormita" usa un tema ondulante que evoca el sueño, pero en inversión exacta. Otras veces la relación es más evidente, y se destacan determinados significados mediante recursos basados en el ritmo del habla: balbuceos, titubeos, exclamaciones... Schütz destaca además en las introducciones de sus obras la importancia de emplear tempi moderados para que "los cantantes puedan recitar de manera inteligible sus letras y la congregación las entienda".

           La obra que nos ocupa, Musicalia ad Chorum Sacrum o Geistliche Chor-Music (1648) está dedicada a la ciudad de Leipzig y al coro de Santo Tomás, y fue elaborada entre la segunda (1647) y la tercera (1650) serie de las Symphoniae Sacrae. Las composiciones que la forman son del tipo motete, mientras que las dos series de las Symphoniae son de estilo concertado, con bajo continuo. Schütz, preocupado por la degeneración que le parecía observar en los jóvenes compositores alemanes, creyó que el origen del problema era el uso del continuo por parte de los diletantes -que podía sonar muy bello pero vacío para oídos de un profesional si no se hacía correctamente- y pensó que era necesaria una reforma en la enseñanza que volviera a la completa instrucción polifónica que él había recibido en Italia. Su consejo era perfeccionarse al principio sin usar el continuo y dominar primero el contrapunto, y con esta intención está concebida la Geistliche Chor-Music. Consta de dos tipos de obras diferentes, con lo que la colección en sí queda a caballo entre los estilos a capella y concertato; en unas, los instrumentos doblan al coro o a los solistas, y en las otras, las partes vocales e instrumentales están claramente separadas; en ninguna de las dos es obligado el uso del continuo. Se trata , pues, de una fusión perfecta -aparentemente imposible- de los estilos antico y moderno. De los 29 motetes que forman la colección, la más importante de las alemanas del siglo XVII, hay 12 a cinco partes, 12 a seis y 5 a siete; el nº 24, a seis, indica que dos deben ser voces y cuatro instrumentos, y el 29 precisa una voz sola y seis instrumentos. El nº 27 es el más antiguo; se trata del Angelus ad pastores ait de Andrea Gabrielli en su versión alemana, posiblemente una obra de juventud que agradaba particularmente a Schütz y que juzgó conveniente incluir aquí para su conservación. La expresividad de los aerófonos empleados (trombones, cornetti) otorga al resultado sonoro final cualidades típicas de la escuela veneciana en algunos de los casos (nº27). Los textos pertenecen a la Biblia de Lutero, algunos proceden de himnos y uno de ellos es una oración litúrgica.

           La colección no fue concebida en principio como un ciclo, y los motetes están numerados de forma creciente según su número de partes; sin embargo, para esta grabación, Manfred Cordes ha optado por reordenar las composiciones según su lugar en el año litúrgico donde ha sido posible, y procurando que los contrastes de color realcen la belleza de cada obra. La grabación incluye dos piezas más del estilo de la Geistliche, en un loable intento de completar el minutaje de los compactos. La primera (SWV 51) es una de las 29 versiones del salmo 116 Angst der Hellen und Friede der Seelen, también incluida en un curioso disco triple de CPO del mismo título de Musica Fiata Köln (999 288-2) encargadas por el recaudador de impuestos Burckhard Großmann a diversos compositores. La segunda es la Letanía SWV 458 escrita para las preces en modo antifonal; la soprano canta las peticiones y el resto de las voces contesta el mismo refrán. Sólo en algunos pasajes cantan todos a un tiempo; cabe destacar el empleo de un tempo más lento y el efecto dinámico del decrescendo aplicado cada vez que se habla de la muerte. Los Weser-Renaissance nos ofrecen una espléndida versión de estas obras, de discurso polifónico limpio, desnudo y sin embargo brillante, como probablemente la imaginó el autor.

           CPO 999 546-2



Volver al menú principal Volver a la lista de artículos de DIVERDI