BACH, C. P. E.
Sonatas para órgano W. 70, 1-6
Marie-Claire Alain, órgano
Erato 0630-14777-2 DDD


           Es bien conocida por todos la adoración que J. S. Bach profesaba por el órgano, al que dedicó una considerable parte de su obra, probablemente las más bellas partituras que se han escrito en la Historia de la Música para este instrumento. Para Bach, tocar o componer era algo muy sencillo, y, como él mismo decía : "Sólo tienes que pulsar la tecla correcta en el instante preciso, y el instrumento toca solo." (Geiringer, The Bach Family, 1954). Sus hijos no parecieron manifestar la misma inclinación, y, tras la muerte del excelso músico alemán, el órgano comenzó su declive. La nueva estética musical requería otros instrumentos como el clave o el fortepiano, más apropiados para la intimidad de los salones. Wilhelm Friedemann sí fue un auténtico virtuoso y compuso varios preludios y piezas breves para el órgano, pero su hermano Johann Christian, cuyo estilo era decididamente preclásico, prácticamente lo ignoró. El mayor de los hijos de Bach, Carl Philipp Emanuel, legítimo heredero de su padre en el arte contrapuntístico, demostró su habilidad para la composición de fugas, pero siempre prefirió la sonata, y esa fue la forma que eligió para las seis obras que dedicó a una de sus alumnas de más alto rango, la princesa Ana Amalia, hermana de Federico de Prusia. (No fue la única vez que un miembro de la familia Bach compuso para ella ; también Wilhelm Friedemann le dedicó ocho fugas). La princesa amaba fervientemente la música, tanto que se hizo construir bajo la dirección de Kirnberger (alumno de los Bach) un órgano "de cámara" de 22 juegos o grupos sonoros de registros. No era tan poderoso como un órgano de iglesia, pero al parecer le proporcionó innumerables satisfacciones. En las notas de este compacto podemos leer todos los detalles de la historia y el destino de este instrumento. Cuando la princesa murió, su órgano fue trasladado a la Schlosskirche de Buch. Redescubierto por dos musicólogos, fue desmontado y permaneció almacenado durante la Segunda Guerra Mundial, para ser después reconstruido y ubicado definitivamente en la Iglesia de Karlshort en Berlín. Se conservan la mayoría de la piezas originales. Éste es el instrumento que se ha utilizado para esta grabación. El libreto incluye el esquema con la disposición de los juegos, indicando además cuáles son originales y cuáles se han perdido y han tenido que ser reconstruídos.

           La correcta interpretación de estas obras requiere una depurada técnica, puesto que algunos pasajes exigen una expresividad y una riqueza de matices parecidas a las del clave o el piano. Sin duda, la princesa debió de tener serias dificultades para su ejecución, a pesar de la cuidadosa y didáctica notación incluida por el compositor para facilitar la complejidad de la ornamentación. La estructura allegro-adagio-allegro se repite simétricamente en las seis obras con ligeras variaciones, alcanzando su máxima expresividad en los adagios. Se incluyen originales recursos como el uso del doble teclado para crear efectos de eco. Son obras frescas, sorprendentes, galantes y luminosas, fiel reflejo del espíritu del compositor. Este espíritu es transmitido a la perfección por Marie-Claire Alain, quien se pasea por la partitura con desenvoltura y jovialidad. A su proverbial claridad y a la calidez de su ejecución se une su habitual desenvoltura y elegancia, que colman a la partitura de una musicalidad difícilmente igualable. La calidad de la toma de sonido que hace uso de la tecnología de 20 bits es excelente. Todo esto, unido a la curiosidad del instrumento empleado, hacen de esta grabación un registro altamente recomendable. La alternativa es la versión de Kei Koito para el sello Harmonic, cuya presentación incluye, como es habitual en este sello, un precioso libreto de cuidadísimos detalles. Esta organista japonesa, formada en diversas disciplinas musicales por diversos maestros, entre ellos Reinhard Goebel, toca estas sonatas con mayor rapidez que Marie-Claire Alain, y el órgano histórico empleado resulta algo más pomposo y grandilocuente que el casi camerístico de la princesa Ana Amalia, pero el sonido es incluso más limpio que el del nuevo y espléndido compacto de Erato.



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