Novedades del sello SYMPHONÍA

Nuevas muestras del arte del pasado musical italiano

           Imagino que si los españoles llevásemos tantos años como los italianos mimando nuestras manifestaciones culturales habría en nuestro país más sellos discográficos de la calidad de Glossa o Cantus difundiendo por el mundo los variados y en muchos casos desconocidos placeres de nuestra música antigua. El tiempo avanza de manera inexorable dándonos la razón a todos aquellos que pensamos que en España ha habido músicos de gran valía, aunque Falla sea de los pocos privilegiados cuya efigie ha tenido representación en un billete de nuestro sistema monetario ( y encima en un billete de tan sólo veinte duros). Mientras tanto, los aficionados podemos consolarnos disfrutando de las maravillas del pasado musical italiano que nos brindan sellos como Symphonía, cuya inteligente política de publicación y difusión está permitiendo ver la luz a obras y repertorios poco habituales. Este mes, Symphonía nos ofrece simultáneamente tres compactos muy diferentes en cuanto a época y estilo.

           Donna, s'amor m'invita es una curiosa recopilación de piezas del Ars Nova italiano a cargo del grupo Continens Paradisi. Las piezas del disco pueden encuadrarse históricamente entre el esoterismo del Ars Ytalica y el estilo más mundano posterior al Concilio de Costanza, y se presentan agrupadas en cuatro unidades temáticas que ilustran las fases y el desarrollo del enamoramiento a modo de planteamiento, nudo y desenlace -el Descubrimiento del Amor, el Juego de la Duda, la Pasión y, finalmente, la Desilusión y la Pérdida- precedidas por un prólogo y culminadas por un epílogo cual si de una obra teatral se tratara. Y de esta manera, durante la audición del disco, envueltos en un encantamiento parecido al que el influjo del amor ejerce sobre nuestros sentidos, abriremos nuestro corazón a la ilusión al ritmo de la ballata, nos perderemos en el mar de incertidumbre danzando un conocido saltarello a guisa de bacantes poseídos, nos consumiremos en el fuego de la pasión de La Manfredina, (composición repetitiva de marcado carácter sensual a cuyo lado el bolero de Ravel no tiene nada que hacer) y nos derretiremos escuchando a nuestro amante susurrar dulcemente en nuestro oído el apasionado Amor, per ti sempre ardo atribuido a Ciconia ; pero es difícil que la hoguera del amor se apague simultáneamente en los dos amantes, y derramaremos lágrimas de desamor y de despecho con Gram piant' agli occhi de Landini, y desearemos que la dulce muerte nos libere del dolor y la amargura de la despedida al son de Merçé o morte de Ciconia. La última pieza, Che ti çova nascondere, nos recuerda el doble y secreto sentido que estas composiciones tenían en la época del Ars Subtilior, no aptas para espíritus ordinarios. El planteamiento es interesante y las versiones son correctas. De las 19 piezas del disco, 11 son instrumentales, quizá porque la pericia de los músicos es mayor que la de la joven cantante, Witte Weber.

Donna, s'amor m'invita
Donna, s'amor m'invita
I grandi liutisti milanesi del cinquecento
I grandi liutisti milanesi
del cinquecento

           El Ensemble Cantilena Antiqua ha grabado ya para Symphonía otros dos espléndidos compactos : Canticum Canticorum, dedicado al símbolo del amor sagrado en la Italia medieval, y Claustrum Beatitudinis, con las laudas latinas del monasterio de San Colombano en Bobbio. O spem miram es su nuevo disco, y contiene el oficio y la misa de Santo Domingo según el canto llano de la Orden de los Predicadores. Los estudiosos del género encontrarán en las notas del compacto -traducidas venturosamente al español, lo que siempre es de agradecer, a pesar de la curiosa acentuación y ortografía- una documentada guía para la interpretación de este canto, para el que se prohibe expresamente el discanto, se recortan las partes melismáticas excepto en el aleluya y se huye de la "música falsa", es decir, de las alteraciones (salvo el si bemol). Para los dominicos, el canto debía transmitir estados de ánimo en mensajes muy claros y en una manera deslumbrante que resultara ineludiblemente atractiva, todo ello respetando su irrenunciable austeridad. Para ello la dicción debía de ser perfecta, y las debidas pausas y algunos efectos sonoros como vibratos, alternancia de notas largas, breves y brevísimas y las ligaduras ascendentes tienen un efecto dramático. Todo ello se observa en esta brillante versión. La grabación incluye en el vigésimo corte un Gloria a dos voces más tardío, única licencia polifónica que se permiten los intérpretes. Nos encantará escuchar los textos que recuerdan en cierta manera los milagros de las Cantigas de Alfonso X pero en versión latina, y que relatan entre otros prodigios cómo los libros de Santo Domingo fueron arrojados a la hoguera junto a otros tratados acusados de herejía, y cómo por tres veces se salvaron del fuego.

           Por último, el laudista Joachim Held, formado por Hopkinson Smith en la Schola Cantorum Basiliensis, nos ofrece varias obras de Francesco de Milano, Borrono y Paladino en un delicado recital de tintes lánguidos. Aunque es el primer compacto que graba en solitario, su calidad está avalada por sus colaboraciones bajo batutas tan variopintas como las de René Jacobs, Harnoncourt, Roy Goodman, Peter Schreier, Rilling o Bernius.

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