La Camerata Köln graba Die Kleine Cammer-music de Telemann para CPO.

Las múltiples formas de la belleza

           En el número correspondiente a octubre de 1996 de este boletín informativo, José Carlos Cabello proponía que todos los aficionados a la música, sin distinción de géneros ni gustos, organizásemos una peregrinación fletando unos cuantos vuelos charter para congregarnos en nutrida y alegre compañía ante las puertas de la sede de la casa CPO con el único fin de manifestar ruidosamente nuestra alegría y regocijo por la existencia de un sello discográfico que no sólo fomenta y patrocina las propuestas musicales más diversas e interesantes (que son generalmente, aceptémoslo, las menos comerciales) sino que encima lo hace bien, escogiendo excelentes artistas y eligiendo repertorios poco convencionales y escasamente registrados. Tras la audición del disco objeto de este comentario he decidido que, si vamos, yo invito al champán.

           Telemann publicó su Kleine Cammer-music, o "Pequeña música de cámara" en el otoño de 1716, y su título intenta de alguna forma dejar constancia de la diferencia entre estas composiciones y las suites compuestas para ser interpretadas con un mayor acompañamiento instrumental. La obra consta de seis partitas de estructura similar: todas presentan un preludio y seis movimientos con el título de Aria, numerados del uno al seis, con indicación de tiempo y bastante breves. Supongo que esta disposición tiene dos motivaciones: por una parte, los continuos cambios de tempi hacen imposible el hastío del oyente; por otra, los músicos pueden descansar de las diabluras que se ven obligados a hacer durante la ejecución de estas piezas. Aunque no aparecen implícitamente mencionados como tales, tras estas breves arias se esconden reminiscencias de danzas (chacona, rondó, minueto, giga...). El compositor deja al interprete la libre elección de la instrumentación, pero recomienda el uso de instrumentos de teclado, flauta travesera o violín, y menciona en la dedicatoria de la partitura (cuyo texto, por cierto, se incluye entre las notas del compacto) al oboe como instrumento especialmente adecuado por su extrema expresividad. La Camerata Köln ha optado por esta libertad sin reservas, y así podemos escuchar en este disco las partitas 1 y 3 con oboe, la 2 con flauta travesera, la 4 con viola de gamba (que le cuadra perfectamente a su carácter inicial más sombrío), la 5 con violín y la 6 con una fourth flute (flauta de pico soprano en si bemol 4, llamada así porque está una cuarta por encima de la contralto). Die Kleine Cammer-Music se convierte así en un excelente muestrario de las múltiples formas que puede presentar la belleza para el melómano. No estamos ante composiciones de carácter trascendente, ni nos hallamos ante complicadas armonías, pero si su sencillez se apoya en una correcta interpretación y en una cuidada ornamentación, se abre espontáneamente un canal de comunicación en base al indescriptible deleite propiciado por estas encantadoras piezas y compartido a partes iguales por el músico que toca y el melómano que escucha. Esto explica la gran popularidad de la que gozaron en su época.

           La versión de la Camerata Köln cumple fielmente estos requisitos; ellos cuentan además con la ventaja de ser auténticos especialistas en Telemann, como han demostrado en numerosas ocasiones (recordemos a manera de muestra la reciente integral en cuatro compactos de los Essercizzi musici, que ha merecido el aplauso de la crítica internacional). Por otra parte, no estaba disponible en España ninguna grabación completa de Die Kleine Cammer-Music, aunque si existían excelentes versiones de alguna de las partitas sueltas (por ejemplo, y para los amantes de las versiones comparadas, la nº2 en oboe por Dombrecht-Kuijken-Kohnen en Accent, o la muy bella y limpia versión de la nº4, de Ponseele-Van Der Meer-Hantai, también con oboe y también en Accent).

           No importa si somos pobres y no disponemos ni de amplios salones en nuestros hogares donde colocar el clavecín ni de la suma necesaria para contratar a los músicos. La técnica digital nos permite ahora, por el mero importe que supone un compact disc, hacernos la ilusión de que adquirimos un billete para la máquina del tiempo de H. G. Wells para dejarnos encandilar por estas deliciosas composiciones que cautivaron a los melómanos del siglo XVIII.

           CPO 999 497-2
           (También disponibles ACC 48013 D y ACC 95110 D)



Volver al menú principal Volver a la lista de artículos de DIVERDI