G. P. TELEMANN, Sonatas y tríos

(Sonatas en Do M. TWV 41:C5, en Fa m. TWV 41:f1, en Re m. TWV 41:d2, en Do M. TWV 41:C2 ; Tríos en La M. TWV 42:A1 y Sib M. TWV 42:B4)/J. S. BACH Triosonatas BWV 525, 526 y 529 y Suite BWV 997. TRIPLA CONCORDIA : Lorenzo Cavasanti (flauta de pico y traversos), Caroline Boersma (violonchelo), Sergio Ciomei (clave y órgano), Mario Martinolli (clave). CANTUS-THE MIRROR COLLECTION C 9701/02, 2 CD's, 1998 (Obras de Bach previamente disponibles en Nuova Era 7234, 1996) 50'y 51' 45'' DDD

           The Mirror Collection es el nombre elegido para la nueva serie que nos ofrece el sello español CANTUS, creada para ofrecer en un solo álbum dos compactos que presenten aspectos complementarios, e incluso opuestos, de la música antigua y barroca. Esta pretensión se extiende, casi como en el Ars Subtilior, hasta aspectos subliminales y casi insospechables como la presentación de los dos discos, cada uno de los cuales ofrece la mitad de la imagen de la portada, en posiciones simétricas. La primera materialización de esta idea, de clara intención pedagógica, ha sido un doble CD dedicado a la contraposición de los estilos de la música de cámara para flauta de Bach y de Telemann, tan similares... ¡y al mismo tiempo, tan diferentes! Es por esto por lo que la soberbia idea de ofrecerlos juntos, pero no revueltos (un CD completo para cada compositor) resulta tan brillante, y sirve como excusa perfecta para una más profunda reflexión musicológica. Si desde el punto de vista del melómano la propuesta resulta atractiva, lo es mucho más para el flautista: la dicotomía Bach-Telemann se ofrece aquí en todo su esplendor. Bach y Telemann en estado puro, dos genios enfrentados a las dificultades propias del género camerístico; cada uno de ellos encuentra soluciones distintas a problemas similares. Telemann era un músico autodidacta, del que Haendel dijo que podría escribir un motete a ocho voces en menos tiempo del que los demás escriben una carta. La música fluía de él con una facilidad natural: "Hacer música no debe suponer ningún esfuerzo", decía. No sé lo que pensaréis los que habéis interpretado alguna vez alguna obra de Telemann... Consiguió un perfecto equilibrio entre sus fines puramente comerciales (recordemos que vendía su música por fascículos, dividiendo las sonatas en movimientos que iban apareciendo en sucesivas entregas, lo que obligaba a la adquisición de varios cuadernillos para conseguir la obra completa) y la difusión entre la burguesía diletante de un estilo camerístico de resultados realmente hermosos, que suena en ocasiones más complicado de lo que verdaderamente es, como en las obras de Der Getreue Music-Meister. En los Essecizzi musici muestra su faceta más profesional, con obras considerablemente más difíciles. Para Telemann prevalecen el placer y la belleza, pero no se trata de una belleza vacía sino plena, cautivadora, que conquista el espíritu y arrebata los sentidos desde lo más profundo del ser. Por el contrario, para Bach imperan la armonía y el contrapunto como máxima expresión de la glorificación al Creador. "La música", decía, "es una armonía agradable para honrar a Dios y un placer permitido para el alma". Esto se aplica no sólo a composiciones de la magnitud de La Pasión según San Mateo, sino también a su obra camerística. Bach siempre me ha parecido el único ser capaz de convertir a los ateos en creyentes, ya sean luteranos o no. Ambos, Bach y Telemann, consiguieron además una síntesis personal de las peculiaridades nacionalistas de todos los estilos imperantes en Europa.

           Entre las obras ofrecidas podemos destacar la sonata TWV 41:d4, un auténtico despliegue de las posibilidades dinámicas de la flauta de pico, en la que se ofrece una excelente oportunidad para el lucimiento de los intérpretes en el último movimiento. La TWV 41:f1, inicialmente concebida para fagot, es interpretada aquí con flauta de pico. Los dos tríos TWV 42:A1 y TWV 42:B4 emplean un prototipo del posteriormente denominado "bajo de Alberti". El elenco instrumental requerido se compone de un instrumento melódico -aquí, la flauta- un clave y bajo continuo. Junto a la parte solista del clave aparecen un basso figurato para un instrumento melódico -violonchelo- y para otro instrumento que pueda producir acordes (un segundo clave). Todo el disco esta impregnado de la sutil melancolía tan característica de la música de Telemann, y la manufactura de sus tríos nos lleva, irremediablemente, a las sonatas en trío de Bach del segundo disco. Llegados a este punto, tenemos la sensación de contemplar la linterna de abanico de una catedral desde el suelo; el espectáculo que nuestro arrobado espíritu contempla no parece música, sino arquitectura. La interpretación de estas sonatas en trío en su versión camerística en lugar de la tradicional con órgano nos permite vislumbrar una mayor transparencia en la línea melódica. La BWV 525 se interpreta con traverso y clave, y la BWV 526 con traverso y órgano, combinación sumamente seductora. La 529 es un auténtico diálogo entre el clave y la flauta dulce. La versión de la suite BWV 997, inicialmente para laúd, interpretada aquí con flauta y clave, esta apoyada por sólidos motivos -en manera alguna improvisados- que se ofrecen en las notas del compacto.

           La fascinación de este álbum no reside tan sólo en la meticulosa selección de las obras, o en sus cuidadas interpretaciones. El aspecto económico, aunque no es el más importante, también debe de ser tenido en cuenta: los dos compactos cuestan lo que uno de serie cara, ofreciendo así una interesante competencia, esta vez en el campo de la música antigua, a otras series tipo "dos al precio de uno" procedentes de otras compañías. Pero eso no es todo; una de la características del sello CANTUS es la esmerada presentación de sus libretos, cuyos interesantes textos se ofrecen en cinco idiomas (español, italiano, inglés, francés y alemán). No por el hecho de ser éste disco de serie media sufre un trato inferior. No se puede pedir más: detalles de los instrumentos utilizados, precisando en qué obra es utilizado cada uno de ellos; notas sobre las obras ofrecidas y aspectos biográficos del compositor en el momento en el que las compuso; descripción pormenorizada (una por una) del esquema de las obras grabadas en el álbum, con particularidades de interés musical... Las fotografías y grabados son la guarnición que completa este plato exquisito, apto para los paladares de los gourmets musicológicos más exigentes. Este tipo de detalles, a los que José Carlos Cabello, uno de los productores y consejero artístico de la serie, nos tiene acostumbrados, no son, ni por asomo, típicos del resto del panorama discográfico internacional. Lejos de intereses meramente lucrativos, se percibe una delicadeza especial de la que solo es capaz aquel o aquellos que aún aman la música antigua con el corazón puro.



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