Ludger Rémy y la Telemann-Kammerorchester Michaelstein parecen, para nuestra alegría y regocijo,
firmemente decididos a explotar el inagotable filón de las más de mil cantatas de Telemann.
Este es ya el tercer compacto que graban para el sello CPO con obras vocales del compositor
alemán. Los dos anteriores (999419-2 y 999515-2) estaban dedicados al Oratorio y a las
bellísimas cantatas de Navidad. Sin embargo, el tema de esta tercera entrega supera toda
originalidad previsible: se trata de cantatas acompañadas con cornetto.
Al leer esto, uno no puede evitar preguntarse: "¿Cornetto en los inicios del siglo XVIII? Pero,
¿no estaba en esa época este instrumento en franco declive en toda Europa? " Seguro que sí, y
seguro que Telemann pensó que el cornetto y los trombones podían ser usados para poner una
pincelada de extravagante exotismo en sus composiciones. De hecho, empleados con sabiduría
junto a las cuerdas, el oboe y el bajo continuo, como aquí, expresan perfectamente el contraste
entre el viejo estilo eclesiástico, que nos recuerda a la época de los Gabrielli, y el nuevo
estilo concertante cuya llegada se anunciaba desde todos los géneros.
El disco incluye tres cantatas: Sehet an die Exempel der Alten (TWV 1:1259), Erhöre mich, wenn
ich rufe (TWV 1:459) y Ich halte aber dafür (TWV 1:840). La primera y la tercera son de
1720/21, la segunda es de 1717. La estructura y la instrumentación son similares en todas:
comienzan con un dictum, seguido de arias y recitativos -la segunda comprende incluso un dúo
bajo-tenor- , y luego finalizan con un coral. Las tres son para cuatro voces (soprano, alto,
tenor y bajo), y para corneto, trombones, oboes, cuerdas y continuo (únicamente en la tercera
se suprimen los trombones).
Una breve descripción nos dará una idea de la riqueza estilística desplegada por Telemann
mediante esta curiosa combinación. En la primera cantata el dictum comienza con un solo del
bajo, coreado por los instrumentos de viento al estilo antiguo, que en seguida se transforma en
una bellísima fuga a cargo de las cuatro partes vocales. Los violines ornamentan las preciosas
arias casi operísticas de tenor y alto, y otra aria, esta vez para soprano, empapada de
resuelta confianza, desemboca en una coral breve pero que inundaría de fe hasta a las piedras.
La segunda cantata esta concebida a manera de diálogo entre Jesús y el alma de un cristiano. El
alma conturbada, clama desde las tinieblas en la voz del tenor acompañada por los dolorosos
gritos de los trombones y el cornetto. La respuesta de Jesús no se hace esperar, en la voz de
bajo, serena y solemne, pero a la vez alegre y llena de amor divino, iluminada por las cuerdas
y el oboe. ¡Qué magnífica oportunidad debió de intuir Telemann para contraponer aquí al Dios
del Viejo y del Nuevo Testamento! Y como ya hemos mencionado antes, la tercera es la única de
estas cantatas que no incluye junto al cornetto los que parecían inseparables trombones. Otra
vez, como en la primera cantata, aparece el dictum doble. Se inicia con un solo de tenor que
desemboca en fuga de las cuatro voces. El cornetto se usa aquí como instrumento celestial que
proclama y anuncia la gloria de Dios en el aria del bajo. Los oboes y las cuerdas expresan la
firmeza de la fe con valor y coraje en el aria del alto.
El libreto incluye los textos de las obras y su traducción al inglés. No haríamos justicia a
este registro sin destacar vehementemente la fogosa pasión exhibida en todo momento por los
intérpretes (quizá solamente la soprano parece alcanzar una cota inferior a la de sus
compañeros de reparto) en la ejecución de estas obras exquisitas, tachonadas de detalles que
muestran el genio del compositor y de las que no existe alternativa discográfica en la
actualidad.
CPO 999542-2
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