Desde la introducción en Alemania de la viola da gamba a través de Amsterdam, Amberes y
Hamburgo, muchos fueron los compositores de origen germánico que se sintieron tentados por el
sonido de este instrumento, que como dice Hubert le Blanc en su Defense de la Basse de Viole
(1740), puede, en manos de un virtuoso, "imitar los más bellos ornamentos vocales". Con el
precedente sentado por las obras de Virdung, Agricola y Gerle, autores de la talla de
Praetorius, Rosenmüller, Schenk y Biber, y posteriormente Telemann y las dinastías Bach y Abel,
dedicaron gran parte de sus esfuerzos creativos a la mayor gloria de la viola da gamba en
Alemania. La hegemonía en el arte de la ejecución con este cordófono de arco fue ostentada
primeramente por los maestros italianos, pero Inglaterra tomó rápidamente el relevo, y muchos
tañedores de viola procedentes de toda Europa (y en especial, de Alemania y Francia) cruzaron
el Canal de la Mancha para perfeccionar su técnica. Hacia finales del s. XVIII, el instrumento
cayó en desuso.
Así pues, la composición por parte de C. P. E. Bach de unas sonatas para viola da gamba no es
una mera casualidad, sino más bien un desenlace histórico necesario, una especie de postrer
homenaje. Esto convierte a estas obras de tan difícil ejecución y carácter netamente
virtuosístico en un puente de unión entre la viola da gamba y el violonchelo, instrumento que
prevalecerá, apoyado por las primeras corrientes preclásicas.
Se supone que C. P. E. Bach escribió estas sonatas para el gambista Ludwig Christian Hesse,
que, como él, trabajaba en la corte de Federico el Grande en Berlín. Son muy diferentes a las
obras menos imaginativas que elaboraron otros músicos bajo los auspicios del rey flautista. La
relativa estrechez de miras y el ultraconservadurismo musical del monarca eran abiertamente
opuestos a la genialidad y el talento de Carl Philipp, quien, decepcionado e insatisfecho,
terminaría abandonando la corte berlinesa. En este compacto se nos ofrecen las dos sonatas con
bajo continuo Wq 137 y Wq 136, y la sonata en trío con clave obligado Wq 88, obras deliciosas,
tremendamente delicadas y expresivas, que requieren una consumada habilidad por parte del
intérprete, claros ejemplos del Empfindsamkeit, movimiento que prestó una atención superlativa
a la expresión de las pasiones del alma. Y, ¿qué mejor vehículo para la proclamación del
sentimiento que la viola, capaz de imitar, como en un lamento, las más sutiles modulaciones de
la voz humana?
La versión de Paolo Pandolfo y Rinaldo Alessandrini sale airosa de las inmensas dificultades
interpretativas que estas obras plantean, y posee mucha mayor frescura y elegancia que la única
alternativa que existe actualmente en el mercado nacional (London Baroque). Los tempi son
asumidos de modo más suave, recreándose en cada nota, y nos permiten descubrir en la estructura
de estas composiciones detalles a primera vista imperceptibles, convirtiendo cada sonido, cada
frecuencia, en una unidad de comunicación de un lenguaje de emociones que habla directamente al
corazón del oyente, conmoviéndolo hasta lo más profundo de sus entrañas.
Adquirir esta grabación, recomendada por la Guía CD COMPACT de Música Antigua y Barroca, es una
buena forma de celebrar el regreso del sello Tactus a nuestro país, después de su prolongada
ausencia en los anaqueles de las tiendas.
TC 71020501
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