Wilhelm Friedemann Bach fue el hijo primogénito de J.S. Bach, fruto de su primer matrimonio. Tal
vez el prematuro fallecimiento de María Bárbara, su madre, condicionó una personalidad inestable,
y ello a pesar del gran cuidado que su padre puso en su educación, y del favoritismo hacia él
que le demostró en repetidas ocasiones. Esta inestabilidad, que se reflejó en su incapacidad para
soportar situaciones tensas en el terreno laboral, le obligó a abandonar empleos codiciados por
otros. Se vio forzado a sobrevivir dando clases particulares y a vender las partituras
autógrafas de su padre, y tras su muerte, debida a una enfermedad pulmonar, dejó a su viuda y a
su hija en la miseria.
Sus obras, de marcado carácter protorromántico, que no son ajenas al impulso de la genialidad de
su padre, son fiel reflejo de esta personalidad marcada por el desequilibrio emocional, y
expresan, con una perfección difícil de imaginar en su época, el estado de turbación ciclotímica
que parece haber sido una constante en su vida. Ante sus composiciones, el oyente tiene a veces
la sensación de escuchar la manifestación de dolor de alguien profundamente conturbado que tratar
a de expresarse balbuceando entre sollozos; el discurso resulta confuso, y el sentido total de la
obra parece perderse, como cuando en una conversación es obvia la dificultad para relacionar las
ideas. Este estilo inconexo ha hecho que muchos consideren la mayoría de sus obras cuanto menos
"perturbadoras", por decirlo suavemente, pero es quizá precisamente en esta característica donde
yace el encanto de sus composiciones. Es el hechizo de lo irracional, del sentimiento por el
sentimiento tan típico del Sturm and Drang; las pasiones manan a borbotones, es imposible control
arlas; cada silencio tiene inflexiones dramáticas, y existe un empleo predominante de las
tonalidades menores, más sombrías. Sus composiciones oscilan entre el viejo y el nuevo estilo,
sin acabar de decidirse por ninguno de los dos. Escuchamos en su música una especie de embrión de
las formas clásicas cuya maestría se alcanzaría en el Romanticismo de la mano de Schubert o
Beethoven.
De dos de los conciertos que se nos ofrecen en este compacto, el F.44 y el F.45, ya existía una
deliciosa versión de los London Baroque, más camerística; la versión de Dombrecht y Penson es más
rotunda, más al estilo "Orquesta de Dresde", con una representación más nutrida de
instrumentistas. Se incluyen además el único movimiento que se conserva del inacabado F.42 y la
Sinfonía F.67. La toma de sonido resulta impecable y las breves notas de Jérôme Lejeune son una
pequeña guía para el oyente. Merece la pena conocer este acercamiento a la obras del favorito de
los hijos de Bach, que no lo ha sido para las casas de discos hasta ahora.
RIC 206312
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