El Officium Sancti Willibrordi (s.IX) obra a caballo entre el canto gregoriano y el oratorio, en K617

Consideraciones acerca del origen del oratorio

           La mayor parte de los musicólogos estarían de acuerdo en suscribir la definición de oratorio como composición musical extensa para coro, solistas y orquesta escrita sobre un libreto religioso, que se interpreta habitualmente en una iglesia o en una sala de conciertos, pero sin puesta en escena ni caracterización de los personajes, como ocurre en la ópera. (Por supuesto, esta es una descripción de carácter muy general que no recoge composiciones como el oratorio de tema profano, por ejemplo). El nombre del género proviene de los ejercicios espirituales de la Congregazione dell' Oratorio de Roma, fundada hacia 1550 por San Felipe Neri. Allí, los servicios religiosos se preparaban especialmente, como si de obras teatrales se tratara, para mantener despierta la atención de los jóvenes, y se ejecutaban en el oratorio, en lugar de en la iglesia parroquial. Habitualmente se admite que el primer oratorio fue La rappresentazione di anima e di corpo (1600), de Cavalieri, que tenía una danza al final que sí se solía representar, y era muy parecido en su forma a la que se considera la primera ópera, la Euridice de Peri. De esta manera, la generalidad del corpus musicológico vigente admite que dos géneros tan importantes como la ópera y el oratorio tuvieron su origen en Italia. Sin ánimo de poner en duda tal aserto, la aparición de la grabación del Officium Sancti Willibrordi es una excelente excusa para plantearnos algunas preguntas y hacer al respecto algunas consideraciones.

           El referido Officium es un conjunto de cantos para la liturgia de la fiesta de San Willibrord; en realidad se trata de una biografía musical, cuyos textos provienen de la Vita Sancti Willibrordi de Alcuino de York (c. 735- 804), consejero de Carlomagno y director de su famosa escuela palatina. Willibrord fue un monje anglosajón, nacido en Northumbria en el año 658 de padres cristianoconversos. En el 690 llegó al continente (cuenta la leyenda que con 11 acompañantes) con la intención de convertir a los frisones al cristianismo. Fue consagrado obispo de Utretch, y fundó la abadía de Etchernach en tierras donadas por la abadesa Irmine. Murió en el 739 y su tumba, como la de tantos otros, se convirtió en un lugar de peregrinaje.

           El presente registro no incluye desde luego la totalidad del oficio, que hubiera requerido varios compactos, lo que nos da una idea de la magnitud de la composición. La grabación completa hubiera sido sin duda muy interesante, pero inasequible económicamente. Antes de lanzarnos cual polifónica jauría a protestar por la concisión de esta selección, preguntémonos honestamente cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a comprar un oficio gregoriano inédito que ocupe una caja de 5 ó 6 discos. (Yo conozco a tres, y de los otros tres que ustedes conocen alguno coincidirá con los míos, porque en esto de la melomanía somos siempre los mismos). La obra, en la forma que ha llegado hasta nosotros, data, según los más recientes estudios, de finales del siglo IX y proviene de la abadía de Echternach, por lo que pertenece al pasado musical de Luxemburgo. En un momento histórico como aquel, en el que Carlomagno tanto había deseado de la unidad religiosa de sus vastos dominios, comprendiendo la importancia de este hecho para la unificación política, no es descabellado pensar que alguien concibiera, tras el fallecimiento del Emperador y ante el desmoronamiento del imperio carolingio, la idea de elaborar un oficio que eliminara definitivamente las molestas liturgias galicanas preexistentes, con demasiadas variantes "subversivas", sustituyéndolas por el rito romano-franco oficial, aprovechando para su difusión la tumba de un santo héroe local que recibía peregrinos de las zonas limítrofes. La abadía llegó a contar con un importantísimo scriptorium que algunos resultará familiar por ser la cuna de bellísimos manuscritos iluminados como el Codex Aureus Escorialensis de Madrid.

           Detengámonos ahora a pensar unos instantes: una composición musical extensa dedicada a un solo tema, religioso además; representada en una iglesia sin puesta en escena... de acuerdo, sólo tiene partes vocales, no hay acompañamiento de instrumentos (aunque, ¿qué son entonces las bellísimas campanas de la abadía que aparecen en el último corte de esta grabación, de las que nunca sabremos si sonaron así o no?); hay solistas, pero no es polifónica... A pesar de esto, ¿no se parece todo esto bastante a la definición de oratorio? Tal es el planteamiento que se hace desde las notas que acompañan a esta grabación.

           No queremos ni mucho menos practicar desde aquí el artero vicio de la demagogia. Cualquier oficio medieval podría parecerse a un oratorio primigenio. Se trata de una obra inmersa en los cánones del gregoriano, al más puro estilo de la liturgia romano-franca. Pero se trata de una biografía de un santo, y todo en este mundo, hasta el primer oratorio italiano, tiene antecedentes que no se deben perder de vista.

           Los intérpretes, procedentes de Estonia, Francia y Luxemburgo, nos ofrecen una cuidada versión con un tempo que puede resultar a primera vista algo rápido, y que intenta resaltar el carácter narrativo de la obra.

           K617087



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